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La Constitución no promueve el desarrollo
En su accidentado camino por la independencia, nuestro país ha tenido varias constituciones, cuyos resultados en términos de desarrollo están lejos de otras naciones que alguna vez fueron colonia, notoriamente Canadá, EU, Australia, Singapur. En materia económica, la más importante ha sido sin duda, la de 1857, en virtud de que se sustentaba plenamente en el liberalismo, ideología que superó al conservadurismo en México. Al término de la Revolución Mexicana se promulgó la de 1917 que rige hasta el momento, historiadores han señalado el 5 de febrero de aquel año, como el momento en el que el movimiento armado terminó.
La falta de democracia durante buena parte de estos 106 años es la razón por la cual se ha modificado a placer del gobierno en turno. No existe evidencia de alguna que haya sido modificada en 748 ocasiones lo que resulta en siete cambios por año, cuando la de EU ha tenido 27 y la de Brasil 70. En los hechos no es la misma que en 1917, entonces constaba de 21,000 palabras, hoy tiene más de 100,000, su espíritu original apenas se recuerda. Una Constitución marca derechos fundamentales, principios de organización política y social, así como los suficientes elementos para proteger a los mexicanos de su propio gobierno. El sector financiero es un ejemplo de cómo nuestra Carta Magna ha ido y venido entre una concepción y otra. Cuando la banca era de particulares, luego fue declarada actividad estratégica o lo que es lo mismo, sólo para el gobierno, para después regresar a la posibilidad de que particulares puedan poseer una institución financiera, luego los extranjeros, todo en siete años.
El colmo ha sido el extremo en el que cada gobierno busca el cómo llenarla de derechos y más derechos con escasas obligaciones para los mexicanos y lo que es peor, con nula suficiencia presupuestal, es decir, sin dinero para garantizarlos. Así todos tenemos derecho a una vivienda pero el Estado no tiene los recursos para hacerlo realidad y la economía no es suficientemente desarrollada para que todos tengan casa. Lo mismo en educación, cuando todos tenemos derecho a la educación que además sea de calidad, laica y gratuita; la realidad es que no hay escuelas suficientes, ni inversión en educación y a los maestros no se les paga lo suficiente. La Constitución la hemos convertido en un mazacote de 136 Artículos, llena de todas las ideologías posibles contradictorias entre sí y repleta de buenas intenciones con escasa capacidad para permitir o facilitar el desarrollo económico indispensable para los millones que habitamos en este país.