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Mercado energético ¿Y si la guerra con Irán se prolonga?
Columna Invitada
Si la guerra se prolonga y provoca interrupciones duraderas en el suministro energético, el resultado podría ser un repunte significativo de la inflación
Aunque la reacción inicial de los mercados a la guerra de Irán ha sido relativamente moderada —con subidas del precio del petróleo y ligeras caídas bursátiles— muchos inversionistas consideran que el conflicto será breve y que sus efectos sobre la economía mundial serán limitados.
Sin embargo, los analistas advierten de que la situación podría cambiar significativamente si la guerra se prolonga durante meses. El principal riesgo de un conflicto prolongado se encuentra en el mercado energético.
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Un aumento sostenido de las tensiones podría provocar interrupciones en la producción o el transporte de petróleo y gas, especialmente en el estrecho de Ormuz, por donde transita aproximadamente una quinta parte del suministro mundial de gas natural licuado y una parte muy relevante del petróleo transportado por mar.
Si el tráfico marítimo se viera afectado durante semanas o meses, se produciría una crisis de suministro que podría impulsar el precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril, más de un 30% por encima de los niveles actuales.
El encarecimiento de la energía tendría efectos directos sobre la inflación y el crecimiento económico. Un aumento sostenido del precio del petróleo tiende a trasladarse al conjunto de la economía, elevando el costo de bienes y servicios.
Además, si los precios energéticos alcanzan niveles suficientemente altos, pueden provocar destrucción de demanda y ralentizar la actividad económica. En el peor de los casos, algunos economistas estiman que un petróleo por encima delos 100 dólares podría aumentar la inflación europea en más de dos puntos porcentuales y empujar a varias economías hacia la recesión.
Este escenario también tendría implicaciones importantes para la política monetaria. Antes del conflicto, muchos analistas esperaban que los principales bancos centrales, como la Reserva Federal, iniciarán recortes de tipos de interés durante 2026.
Sin embargo, el riesgo de un nuevo repunte inflacionista derivado del encarecimiento de la energía podría obligar a mantener una política monetaria más restrictiva durante más tiempo. De hecho, los mercados ya han empezado a anticipar que la Reserva Federal podría mostrarse más preocupada por la inflación que hace apenas unas semanas.
Aun así, el impacto económico no sería uniforme en todas las regiones. Estados Unidos podría verse relativamente protegido gracias a su elevada producción interna de petróleo, mientras que Europa sería más vulnerable, especialmente por su dependencia del gas natural para la calefacción y la industria.
En definitiva, la clave para los mercados será la duración del conflicto. Si las tensiones se resuelven rápidamente, el impacto económico probablemente será limitado y los precios de la energía podrían normalizarse. Pero si la guerra se prolonga y provoca interrupciones duraderas en el suministro energético, el resultado podría ser un repunte significativo de la inflación, cambios en la política monetaria y una desaceleración del crecimiento económico mundial.
*editor de Morningstar España