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Capital Humano

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Diarrea, insomnio, taquicardia… ¿Cuál es tu indicador de estrés?

El cuerpo puede reaccionar de distintas formas ante el estrés y no siempre hacemos la conexión. Identificar esas señales, tanto físicas como emocionales, puede ser clave para reconocer cuándo hemos comenzado a normalizarlo.

El cuerpo puede reaccionar de distintas formas ante el estrés y no siempre hacemos la conexión.Foto: Shutterstock

No me di cuenta de que estaba relacionado con estrés hasta pasados varios días. Durante algunas semanas estuve con una diarrea intermitente. Doctor, medicamentos, el miedo de aquella ciclosporiasis que estaba presente en las noticias, pero no se quitaba.

Uno de esos días, al reflexionar sobre lo extraño de la situación, mi mente hizo la conexión, estaba viviendo un momento de mucho estrés en diferentes ámbitos y eso estaba repercutiendo en un síntoma físico que antes no se había relacionado con algo similar.

Tras salir de esa situación, mi cuerpo se normalizó.

“Cuando tenemos estrés nos resulta difícil relajarnos y concentrarnos, y podemos sentirnos ansiosos o irritables. Además, el estrés puede causar dolor de cabeza o de otras partes del cuerpo, malestar gástrico, dificultades para dormir o alteraciones del apetito (comer más o menos de la cuenta)”, destaca la Organización Mundial de la Salud (OMS).

Una encuesta de la American Psychological Association (APA) encontró que 76% de las personas adultas reconoce algún impacto en su salud relacionado con el estrés. El 38% reportó dolores de cabeza; 35%, fatiga, y 32%, cambios en sus hábitos de sueño. Estos síntomas llegan hasta triplicarse entre quienes presentan niveles elevados de estrés.

¿Qué reacción física experimentas que te hace darte cuenta que tienes mucho estrés? Le pregunté a varios colegas. Las respuestas fueron variadas: dolor de cuello y de espalda, malestar estomacal, colitis, taquicardia, problemas para conciliar el sueño e insomnio, espasmos oculares, dermatitis, fueron las más comunes.

Tal como lo señala la OMS, esto confirma que no todos reaccionamos de la misma manera y que los síntomas del estrés varían de una persona a otra. Quizá por eso cada uno termina desarrollando una especie de lenguaje propio con su cuerpo.

La realidad es que el estrés forma parte de la vida, el asunto cambia cuando deja de ser una respuesta ocasional y se convierte en algo crónico, lo que puede contribuir al desarrollo de problemas de salud de largo plazo e incluso permanentes.

Siendo honestos, podemos acostumbrarnos tanto al estrés que incluso dejamos de percibirlo como un problema. Y creo que ahí hay algo sobre lo que vale la pena detenernos.

En la actualidad vivimos pendientes de indicadores para casi todo. Podemos saber cuánto dormimos gracias a un reloj, cuántos pasos caminamos, cuánto tiempo pasamos frente a una pantalla, cuánto falta para entregar un proyecto y cuántos correos tenemos sin responder. Sin embargo, podemos pasar semanas sin evaluar cómo estamos.

Quizá aprender a leer el cuerpo empiece precisamente por reconocer nuestros propios patrones. Recordar que otras veces, cuando las preocupaciones se acumularon, apareció aquel insomnio; que el estómago suele resentir determinadas temporadas; que los hombros llevan días tensos o que últimamente despertamos cansados, aunque hayamos dormido.

Otro riesgo de normalizar el estrés es pensar que sus efectos terminan en ese dolor de espalda, el insomnio o el malestar estomacal. Esto también tiene un impacto en la salud mental. De acuerdo con los datos de APA, el 56% de las personas con niveles elevados de estrés reportó experimentar ansiedad y 57%, depresión o tristeza.

Es decir, mientras el cuerpo manda señales, también pueden estar ocurriendo cambios que alcanzan nuestra mente. Y no siempre hacemos la conexión entre ambas cosas.

Tal vez valga la pena preguntarnos qué tanto conocemos la forma en que reaccionamos cuando estamos bajo mucha presión y qué tan atentos estamos a los cambios que aparecen en esos periodos. Reconocerlos no hará desaparecer aquello que nos genera estrés, pero puede hacer toda la diferencia entre una situación puntual y algo crónico que afecte nuestro bienestar físico y mental.

Periodista. Actualmente es el editor de El Economista online. Entre 2019 y 2023 coordinó Capital Humano en sus versiones en línea e impresa. Tiene una especialización en periodismo de finanzas y negocios, y en periodismo de datos. Conductor de Redacción 458, un videopodcast semanal de información de actualidad, y co-conductor del podcast Coffee Break, sobre temas del mundo del trabajo.

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