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Sostener la ciencia, sostener la vida, el dilema de las madres investigadoras en México
Cuando el sistema las expulsa por no cumplir con una "excelencia" que ignora la biología y los cuidados, el país pierde décadas de inversión pública en conocimiento. Este 10 de mayo, la exigencia de las investigadoras es simple pero radical: que hacer ciencia no signifique renunciar a la vida, y que maternar no sea una sentencia de muerte laboral en la academia.
En el marco del Día de las Madres, la narrativa oficial en México suele centrarse en el festejo y el reconocimiento simbólico. Sin embargo, para más de 91 mil mujeres en el país, la maternidad condiciona su supervivencia en el sistema científico nacional. Un sistema que, según datos recientes, las forma con excelencia pero no logra retenerlas, creando un "embudo de género" que se estrecha conforme aumenta el prestigio y la estabilidad laboral.
De acuerdo con el Colectivo de Investigadoras e Investigadores por la Justicia Académica y Laboral (CIJAL), basándose en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH 2024), la desigualdad no nace en la falta de talento: las mujeres ocupan casi el 50% de las becas de posgrado. El problema real surge al intentar escalar la jerarquía académica, donde la estructura institucional choca frontalmente con la realidad biológica y social de los cuidados.
El embudo de la excelencia
La brecha se vuelve abismal en los niveles más altos del Sistema Nacional de Investigadoras e Investigadores (SNII). Mientras que en el Nivel I la representación femenina es del 41.6%, la cifra cae drásticamente al 26.6% en el nivel de Eméritos. En instituciones como la UNAM, la situación es similar: de las 3 mil 187 personas en el subsistema de investigación científica, apenas el 29% son investigadoras. El resto de la presencia femenina se concentra en plazas técnicas, posiciones históricamente menos reconocidas y con menores salarios.
Esta estructura no es accidental; es el resultado de una carrera de obstáculos donde el tiempo de investigación se ve fragmentado por las responsabilidades del hogar. La Dra. Andrea Sabido Ramos, investigadora con SNII Nivel 1, ilustra esta realidad cotidiana: "Durante mi trabajo experimental, tres veces a la semana solo puedo estar cinco horas en mi laboratorio porque tengo que dejar y recoger a mi hijo de la escuela. Es muy poco tiempo para hacer experimentos, responder correos y apoyar a estudiantes. Además, el calendario de la SEP no coincide muchas veces con el de mi trabajo; esos días, simplemente no puedo avanzar experimentalmente".
"Partirse en dos para sobrevivir"
"Ser madre y académica es, literalmente, partirse en dos", relata en entrevista una investigadora que solicita el anonimato (a quien llamaremos "Elena" ), como doctora en historia, ella encarna la paradoja de la científica mexicana contemporánea: alta calificación frente a una precariedad absoluta. Tras cinco años de posdoctorado —el periodo máximo de gracia que otorga el sistema actual— se encuentra sin contrato y sin adscripción institucional.
Su historia revela una de las trampas más crueles del sistema: las acreditaciones sin relación laboral. "Hay instituciones que te permiten investigar ahí para no perder el SNII, pero sin pagarte un sueldo. Es trabajar gratis por el prestigio, algo insostenible cuando tienes un hijo que mantener".
Esta precariedad se ve agravada por la rigidez de los sistemas de evaluación que penalizan cualquier interrupción. La Dra. Sabido Ramos vivió en carne propia esta exclusión: "Tres años después de haberme convertido en madre, perdí el SNII. Tuvieron que pasar seis años más para que me lo volvieran a otorgar. Nunca dejé la academia, pero para el sistema mi productividad no era 'sostenida', a pesar de contar con estudiantes graduados y otros productos de impacto social".
El choque entre productividad y crianza
El sistema de evaluación actual, centrado en indicadores cuantitativos como artículos en revistas indexadas (papers), citas e índices, ignora sistemáticamente los tiempos de la vida. El pico de productividad coincide con la demanda de cuidados.
Las madres académicas dedican entre 10 y 30 horas semanales adicionales al cuidado, y 6 de cada 10 no cuentan con guardería institucional. "Muchas convocatorias marcan los 40 años como límite. Yo tengo 48. Si te dedicas a maternar, pierdes el ritmo de publicación y, para cuando quieres reinsertarte, el sistema ya no te considera", señala Elena.
La Dra. Sabido Ramos coincide en que la edad se ha convertido en barrera infranqueable. "Recientemente me otorgaron el SNII 1 y pensé que dejaría de vivir de becas continuamente. Sin embargo, ahora es mi edad 'el problema'. Muchas convocatorias discriminan a quienes superan los 37 o 39 años. Esto es insostenible cuando, en promedio, toma 11 años después de la licenciatura completar la formación científica. Es una discriminación estructural que no responde a decisiones individuales".
Hacia una nueva métrica del conocimiento
Para las investigadoras, el problema no es solo la falta de tiempo, sino qué se considera valioso. El trabajo invisible recae sobre las mujeres, pero apenas cuenta en las evaluaciones de "excelencia".
La Dra. Sabido Ramos sugiere una reforma radical en la forma de medir el éxito: "Para las madres científicas, sugiero darle el mismo peso a los artículos de investigación que a las evaluaciones de acompañamiento, artículos de divulgación y actividades de retribución social. Pareciera que esas tareas no son 'productividad' para el SNII, ni suficientes para competir por una plaza definitiva".
Un llamado a la "Presidenta científica"
La llegada de Claudia Sheinbaum a la presidencia en 2024 generó una expectativa particular en este gremio. "Ella es científica y ha pasado por estas evaluaciones. El mensaje para ella es que dé esperanza a las madres desamparadas que ya tenemos la carrera y los doctorados, pero que estamos desamparadas", pide Elena.
Las demandas del colectivo CIJAL y de investigadoras como la Dra. Sabido Ramos son claras para transformar la ciencia en un espacio habitable: Eliminar límites de edad, por ser discriminatorios y no contemplar las trayectorias de vida; paridad real en comités, para evitar plazas "amañadas" y sesgos de género en la selección; revalorización de la productividad, es decir, reconocer el trabajo de tutoría y administración; y flexibilidad y cuidados, con acceso universal a guarderías y evaluaciones que contemplen periodos de crianza como años de productividad "activa".
México no solo está fallando a las madres; está desperdiciando su potencial científico. El 70% de las madres son sostén económico de sus hogares (más de 30 mil son jefas de familia). Cuando el sistema las expulsa por no cumplir con una "excelencia" que ignora la biología y los cuidados, el país pierde décadas de inversión pública en conocimiento.
Este 10 de mayo, la exigencia de las investigadoras es simple pero radical: que hacer ciencia no signifique renunciar a la vida, y que maternar no sea sentencia de muerte laboral en la academia. Sostener la ciencia requiere sostener a quienes la hacen posible.