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Carta abierta ?a Amélie Nothomb
Las razones para ser su compañero ?de borrachera.
Estimada Amélie Nothomb:
Marguerite Yourcenar, en Memorias de Adriano, escribió: El catador de belleza termina por encontrarla en todas partes . Usted, en la primera frase de su más reciente libro, Pétronille dice: La embriaguez no se improvisa . En lo personal, pienso que cualquier artista no puede ser Van Gogh las 24 horas, pues de lo contrario acaba cortándose una oreja.
¿Por qué le escribo esto?
Hace unos días leí su obra mencionada y, desde las primeras páginas, sentí eso que los franceses llaman déjà vu. Me?explico: trata de una historia que los críticos encasillarían como autoficción, en la que la coprotagonista es usted, mientras que la protagonista, Pétronille Fanto, una ficción.
El caso es que usted, escritora?que gusta de las bebidas espirituosas, en especial del champán,?busca, encuentra y pierde a un compañero de borrachera, y yo, también escritor que gusta de las bebidas espirituosas, un todo terreno en eso de ser poseído por los espíritus, desde hace varios años me he descubierto en los dilemas que describe en su libro; tanto así que, por momentos, mientras la leía, me daba la impresión de estar releyendo alguno de mis escritos, publicados o no.
Es por eso que tengo el atrevimiento de escribirle, no para sustituir a su protagonista tanto ella como yo y nuestros demás congéneres, reales o imaginarios, son, como usted bien dice, insustituibles , sino para convertirnos en amigos de embriaguez que, no sobra decirlo, deben ser más ligeros que los de una relación de amantes.
Perdóneme una digresión,?pues al escribir la palabra amantes se me vino a la cabeza un microrrelato que dará cuenta, espero, de que mis intenciones son francas y meramente espirituales.
La amaba tanto y se sintió tan traicionado, que las mariposas en el estómago se convirtieron en gusanos .
Y aunque las crudas podrían ser esos gusanos, le prometo transformarlos en mariposas, ese animal instantáneo inventado?por los chinos , diría Salvador Elizondo, que en algunos casos deja tras de sí un capullo de seda, sin tener que recurrir al espíritu de la noche anterior u otros espíritus que combatan las secuelas de los primeros.
Pero cómo puede usted saber?que yo no soy de esos borrachos pesados que lo mismo lloran y ríen en instantes, que se vanaglorian de lo que no son, que les da por pelear, que emanan vulgaridad y resentimientos, que sólo quieren beber a toda hora y todos los días... Y a mi favor recuerdo que Augusto Monterroso, en Lo demás es silencio, afirmó: Los enanos tienen un sexto sentido que les permite reconocerse a primera vista .
Otro punto por el que nos deberíamos convertir en compañeros de borrachera es lo que usted dice, en la página 118 de la edición mexicana de su libro, acerca de Nathanaëlle: Era una chica cien por ciento fiable para este papel: tras varias copas de champán, a la fuerza acabas revelando secretos. Por definición la confianza es absoluta, y las personas de confianza pueden contarse con los dedos de una mano .
Pese a que no me gusta eso de pueden contarse con los dedos de una mano , ya que se trata de una frase hecha, podemos confiar en nosotros casi a ciegas (véase que utilizo otra frase hecha en plan de compañerismo), pues me imagino que si bien su español no es bueno, mi francés es francamente malo, casi nulo, lo que nos pone a salvaguarda de cualquier posible infidencia.
Lo dicho, Amélie: la invito a que me invite a ser su amigo de embriaguez para dejarnos invadir, de preferencia en París, por el espíritu del champán, que yo, con la presente, la invito a conocer a ciertos espíritus como el del pulque, el de la raicilla, el del mezcal y el del tequila, por hablar de algunas pócimas mágicas de México, aunque también podemos acudir a elíxires extranjeros como el ron, el whisky y el vodka.
Suyo,
MF.