Las Vegas.- "La tecnología no es de naturaleza política", dice Gary Shapiro, presidente de la Asociación de Tecnología de Consumo (CTA) aunque el encuentro estrella que realiza cada año en Las Vegas, el CES, ha servido como un medio para rechazar políticas como SOPA o PIPA, para exigir una reforma migratoria en Estados Unidos, impulsar los acuerdos comerciales internacionales y las políticas que garanticen la neutralidad de la red y la innovación.

Sin embargo, en el 2017 y días antes de que el republicano Donald Trump asuma la presidencia de Estados Unidos, Shapiro asegura en entrevista exclusiva con El Economista: "queremos cooperar con la nueva administración".

Un mensaje conciliatorio similar lo llevó hasta la conferencia magistral de arranque del CES que se celebra del 5 al 8 de enero.

En esta misma semana, Trump ha amenazado a las automotrices General Motors y Toyota con imponerles un impuesto si construyen plantas en México; y Ford Motor Company canceló la construcción de una planta en San Luis Potosí, que habría supuesto una inversión de 1,600 millones de dólares.

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El año pasado, el ahora presidente electo dijo que obligaría a firmas como Apple a llevar la manufactura de sus equipos a Estados Unidos (ahora se hace en China); y anunció sus intenciones de renegociar el Tratado de Libre Comercio con América del Norte (TLCAN) y retirarse del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica (TPP).

"Canadá y México son dos los vecinos más cercanos de Estados Unidos y eso nos posiciona en un lugar privilegiado, porque hay buenas relaciones con ambos países. Cuando pensamos en TLCAN creo que es muy buen tratado, pero es algo viejo y no anticipaba el crecimiento de las tecnologías ni el Internet, y creo que es muy buena idea revisarlo", comentó en entrevista.

"Creo que eso pasará y creo que una vez que Trump sea presidente y comience a gobernar, el enfoque será en cómo vamos a impulsar a Estados Unidos y la manufactura con cambios en leyes tributarias y regulaciones. Y en el otro lado puede presionar a México para mejorar algunos de los derechos de los trabajadores, los ciudadanos y las fábricas", agregó.

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Por los pasillos no se menciona mucho el tema y al ser consultados, se prefiere omitir algún comentario sobre el futuro. Aunque Shapiro parece haber unificado la voz: "La industria tecnológica ha dejado muy en claro que va a apoyar a cualquier presidente de Estados Unidos con objetivos legítimos, y el tener una meta de crear trabajos es bueno para cualquier país así que seguiremos trabajando lo más cerca que podamos enfocados en innovación y tecnología, pero no sólo para Estados Unidos sino de manera global".

La mirada está puesta en el impulso de la industria estadounidense, aunque el líder de la Asociación asegura que se tiene puesta la mirada en el mercado mundial, y con énfasis en los vecinos Canadá y México, aunque reconoció que el sector automotriz es uno de los que más se han visto presionados por Trump a pesar de que aún no llega a la Casa Blanca. Aun así, confía en que las inversiones no desaparecerán de forma inmediata.

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"Espero que podamos volver al TPP en algún punto. Hay muchos planes y veremos lo que el futuro trae, pero espero que las relaciones cercanas con México sigan en pie. Hay mucha inversión en México para la cadena de proveeduría de la industria automotriz y otras industrias, y eso no se irá de la noche a la mañana. Espero que la relaciones sigan presentes", refirió.

¿Qué sigue ahora? Durante su presentación inaugural, Shapiro aseguró que se enfocarán en tres líneas: migración estratégica, desarrollo de infraestructura y una disminución en la regulación. También se enfocarán en el desarrollo de la privacidad y seguridad a la par del desarrollo del mundo hiperconectado y con una mayor masificación de la inteligencia artificial.

julio.sanchez@eleconomista.mx