En México, debido a un mal manejo de la crisis sanitaria por el Covid-19 y a una política económica que se negó a ser contracíclica para atenuar la caída en la actividad económica, el Producto Interno Bruto (PIB) sufrió contracciones históricas durante abril y mayo. A partir de junio se observó una paulatina reactivación en diversos sectores, pero aún está lejos de recuperar los niveles pre-pandemia. Sin embargo, a pesar de los avances, aún no se vislumbra una ruta despejada para la disponibilidad, distribución y aplicación masiva de una vacuna contra el Covid-19, lo que sumado a otros factores podrían marcar el desempeño de 2021.

Factores Internos

Economía mexicana. En el tercer y cuarto trimestre de 2020, el PIB inició la reactivación en un típico patrón de rebote tipo “V”. Aún no se conoce la cifra revisada de la contracción de la economía en 2020, que seguramente rondará el -9%, la más profunda desde 1932. Tres variables clave que sufrieron desplomes históricos en la primera mitad del año son la inversión fija bruta, el consumo privado interno y la producción industrial. Los últimos datos disponibles en esos tres indicadores son congruentes con una reanimación en el sentido de desacelerar las caídas que se venían observando. Así, la inversión fija bruta se contrajo en términos anuales (cifras originales) en -17.4% en agosto; el consumo privado interno se redujo en el mismo mes en -14.2%; y la producción industrial (cifras originales) a septiembre cayó -6.2 por ciento. No obstante, la tendencia-ciclo en los tres indicadores apunta a una moderación por lo que la recuperación se volverá más lenta.

El reto para 2021 es crear las condiciones propicias para contrarrestar esa tendencia y lograr una actividad económica más vigorosa que permita recuperar los millones de empleos cancelados en 2020. Por ahora, la mayoría de los analistas convergen en una estimación del PIB para el año venidero en alrededor de 3.1%, una tasa que, a pesar de mejorar con respecto a este año, continuaría siendo insuficiente para satisfacer las necesidades económicas y sociales del país.

Inversión. El principal desafío para afianzar la recuperación es reactivar la inversión privada. Pero esto, hay que reiterarlo una y otra vez, sólo podrá lograrse si se recupera la confianza y se promueve por parte del gobierno un marco de certidumbre y estado de derecho. En esto, lamentablemente la Cuarta Transformación le ha quedado a deber a los inversionistas prospectivos. Es urgente observar en 2021 un cambio de actitud por parte de las autoridades y en la del presidente López Obrador. El sector privado tiene los medios y la determinación de contribuir al desarrollo de México, pero sin reglas claras que se cumplan en un marco de respeto a la ley no se detonará la inversión que conduce al bienestar. Por ello, este gobierno debe dar un viraje para crear los incentivos que lleven a una auténtica colaboración entre los sectores público y el privado.

La inversión pública tiene fuertes distorsionantes pues el gobierno sigue empeñado en el desarrollo de sus tres proyectos de infraestructura que no son rentables: la refinería de Dos Bocas, el Tren Maya y el aeropuerto de Santa Lucía. Insistir en esos proyectos ineficientes, implica desviar recursos de un uso más rentable desde el punto de vista social. Pero difícilmente veremos alguna modificación al respecto.

Inflación y tipo de cambio. Desde el último trimestre de 2020, la inflación ha estado relativamente controlada. Es de esperarse que cierre el año en alrededor de 3.6 por ciento. Se prevé para 2021 un rango de inflación entre 3.4 y 3.6 por ciento. Por su parte, la evolución del tipo de cambio mostró en las últimas semanas una tendencia de apreciación, derivada, entre otros factores, de los movimientos internacionales del dólar y de condiciones holgadas de liquidez en dólares en el mercado doméstico. Podríamos esperar un nivel del peso respecto al dólar de alrededor de 21.10 para fin de año y en 2021 cercano a 22.10 pesos por dólar. Así que, por ahora, no se esperan sorpresas negativas en los frentes inflacionario y cambiario para el año próximo.

Política monetaria. El Banco de México condujo en 2020 una política monetaria congruente con su objetivo central de control a la inflación. En su última decisión de política monetaria, la Junta de Gobierno decidió, por una votación de 4 a 1, entrar en una pausa de reducciones al mantener la tasa de referencia en 4.25 por ciento. Queda una decisión más en 2020, la del 17 de diciembre. Los analistas están divididos con relación a si existe espacio para una reducción más o no. Para 2021, se prevé que las decisiones de modificar la tasa de interés serán congruentes con el objetivo de fomentar la estabilidad de precios.

Factores Externos

Economía global. El reto en el entorno mundial es superar simultáneamente a la pandemia y la recesión económica. El ciclo económico evoluciona de tal forma que después de la fuerte contracción esperada en 2020 de 4.4%, viene un rebote importante hacia la recuperación. El Fondo Monetario Internacional estima que esa reactivación en 2021 podrá ser del 5.2 por ciento. En Estados Unidos se observará un rebote en el mismo sentido: después de que se estima que la economía cayó 4.3% en 2020 podría expandirse entre 3.1 y 3.3% el año siguiente. La cercana definición del triunfo electoral de Biden deberá aminorar la incertidumbre y volatilidad en los mercados.

Riesgos globales. Se identifican un posible nuevo escalamiento de las tensiones comerciales, elevados niveles de endeudamiento en muchas economías, un agravamiento de los conflictos geopolíticos y sociales en diversas regiones y la posibilidad de que la salida del Reino Unido de la Unión Europea se dé sin un acuerdo comercial. Y desde luego si se logra controlar la pandemia en 2021.

Agenda Biden-México. La presidencia de Biden ofrecerá nuevos desafíos y oportunidades para México. Se prevé que Biden enfatizará temas que con Trump no estaban atendidos: Respeto a derechos humanos, democracia, políticas humanitarias para la migración, cumplimiento del T-MEC en derechos laborales, medio ambiente y energía limpias, así como mayor cooperación en violencia, narcotráfico y problemas fronterizos. Esta agenda bilateral requerirá mayor pericia, activismo y atención por parte de las autoridades mexicanas.

En suma

Iniciaremos 2021 en un contexto de cautela, tanto en lo externo como lo interno. Ante ello, es prioritario contar con incentivos alineados para estimular la inversión privada. La fórmula es muy clara: promover el cumplimiento estricto del estado de derecho, garantizar la seguridad física y económica, cumplir con reglas transparentes e inamovibles y permitir mercados adecuadamente regulados que cumplan con su misión sin excesivo intervencionismo estatal.

El autor es socio consultor de MAAT Asesores SC y vicepresidente, Comité Nacional de Estudios Económicos del IMEF.