Si bien es cierto que la Covid-19 no sabe distinguir diversidades raciales, étnicas, sexuales o de género, la realidad en México refleja que las circunstancias sociales y económicas de las personas sí determinan en gran medida el impacto del virus en sus vidas. Los estudios sociodemográficos han demostrado que, al menos en el país, la mayoría de las víctimas fatales de la Covid-19 son trabajadores, con bajos estudios, sin acceso a la seguridad social, con dificultades para acceder a instituciones de salud y con importantes carencias en el acceso a servicios básicos.

La data obtenida del Subsistema Epidemiológico y Estadístico de Defunciones (SEED) de la Secretaría de Salud permite identificar que aunque las comorbilidades como la obesidad, los problemas cardiovasculares y la diabetes pueden incidir en la gravedad y obstrucción de la enfermedad, hay otros factores que pesan más.

Los hombres que han muerto por complicaciones de la Covid-19 mayoritariamente eran trabajadores asalariados operativos mientras que las mujeres que perdieron la vida a causa de la enfermedad eran en su mayoría amas de casa o trabajadoras del hogar remuneradas. Las similitudes entre estos grupos son claras: en ambos casos representan a la población económica y laboralmente más vulnerable de todo el aparato social.

Otro de los datos importantes que las cifras muestran es que aunque el virus se incuba con mayor fuerza en las grandes ciudades, las regiones rurales no han logrado esquivar a la Covid-19 y de hecho, en comparación proporcional el impacto mortal en algunas de estas comunidades el virus ha resultado más agresivo que en las urbes metropolitanas donde se concentran casi todos los casos.

Una razón fundamental de esta situación es la pobreza en su multidimensionalidad. De acuerdo con cifras del Coneval (Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social), en México hay cerca de 10.3 millones de mexicanos que tienen que recorrer trayectos de más de 3 horas para llegar a la unidad hospitalaria de tercer nivel más cercana y cerca de 7 millones de personas hacen de 31 a 60 minutos sólo para llegar a una unidad de salud de segundo nivel.

Adicionalmente las visualizaciones de la pobreza geoespacial que ofrece el Coneval permiten observar que al menos en seis estados del país, Chiapas, Oaxaca, Puebla, Baja California Sur, Guerrero y Morelos ni siquiera el 25% de la población recibe agua diariamente.

Estos indicadores son importantes porque exponen dos cuestiones esenciales: la población marginada, rural o con situaciones económicas complejas tiene dificultades incluso para acatar las medidas básicas de prevención sanitaria como el lavado de manos, desinfección de objetos o higiene personal. Y en el caso de contagios efectivos o complicaciones de salud tienen claras desventajas para atender la enfermedad, acceder a tratamiento, oxígeno o camas de intubación.

En la segunda parte del análisis, con las cifras del SEED, se observa que cerca del 60% de los mexicanos que han muerto por complicaciones con la Covid-19 mantenían un perfil de educación básica incompleta (ni siquiera la secundaria terminada), sin protección social (el deceso se efectuó en instituciones de la Secretaría de Salud) o se empleaban en las ocupaciones peor pagadas o incluso no remuneradas (trabajadores operativos).

La Covid-19 expuso el alcance de las brechas sociales en el país. A poco más de un año de la llegada de la pandemia a México, se ha visto, por un lado, la desproporcionalidad con la que la afecta no sólo la salud de los mexicanos, sino también cómo pone en riesgo los modestos y lentos avances que se han alcanzado en materia de erradicación de la pobreza.

La Covid-19 mata más a la población en pobreza y al mismo tiempo crea más

Aunque la pandemia ha sido especialmente dura para la población más vulnerable en términos económicos, sociales y sanitarios, al mismo tiempo ha producido que estas estructuras de desigualdad interseccional se amplíen. De acuerdo con los mapas, los registros y las proyecciones de incidencia de pobreza en México producidos por el Coneval, la emergencia sanitaria en México podría generar que 11 millones más de mexicanos se unan a las filas de la pobreza.

La documentación de la evolución del poder adquisitivo de los ingresos de la población mexicana refleja que las alertas del Coneval y de otras organizaciones e instituciones de la sociedad de civil sobre el retroceso de los avances en pobreza están efectivamente ocurriendo: el total de mexicanos que tiene dificultades para acceder a la canasta básica de bienes y servicios ha pasado de 61 a 72 millones.

La relación de la pobreza con la Covid-19 es estrecha y directa; no sólo porque la población que vive en estas condiciones es más vulnerable a contagiarse por las dificultades que tienen para acatar las normas sanitarias o permanecer lejos de las actividades de riesgo. También porque una vez que el virus está dentro de los hogares con mayor nivel de carencias sociales es más complejo atenderlo y vencerlo, adicionalmente, la pandemia también se encuentra reproduciendo el virus de la pobreza; cada vez son más los hogares mexicanos que entran en esta categoría.

ana.garcia@eleconomista.mx