Considerada como la mayor procesadora de petróleo crudo del país, la refinería “Ingeniero Antonio Dovalí Jaime”, ubicada en el municipio de Salina Cruz, Oaxaca, es el principal motor económico de la región, pero también la mayor fuente de contaminación.

Aunque en los últimos meses ha operado a menos de la mitad de su capacidad, su contaminación al aire, suelo y agua son elocuentes y, cuando ocurren incidentes en sus instalaciones, generalmente son espectaculares: los incendios han generado muros de humo de más de 200 metros de altura, los derrames en la laguna matan todo a su paso y esa lluvia negra que allí se ve cuando ocurren explosiones o las emanaciones de humo alcanzan dimensiones fuera de toda proporción, se convierte en el preludio de la muerte de peces en lagunas y la mar.

Esa refinería fue inaugurada el 4 de agosto de 1979 y a unos días de cumplir 41 años de operaciones, se ha convertido en el vecino incómodo para más de 400,000 habitantes de la cuenca atmosférica de Salina Cruz.

Debido a las características de sus procesos, las instalaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex) en ese lugar pueden contribuir con una parte importante de las emisiones totales de contaminantes en la atmosfera tales como dióxido de azufre, óxidos de nitrógeno, partículas con un diámetro aerodinámico inferior a 10 micrómetros (PM10) y PM2.5), entre otros.

Los Instrumentos de Medición de Ozono (IMO) de la NASA, consideran a Salina Cruz como uno de los puntos críticos en materia de emisiones de dióxido de azufre en el mundo.

De acuerdo con el inventario de emisiones a la atmosfera realizado en 2016, la principal fuente de emisión en el municipio de Salina Cruz, Oaxaca son las industrias federales del petróleo y petroquímica, con un alto aporte de dióxido de azufre y partículas menores a 10 y 2.5 micrómetros (PM10 y PM2.5).

De hecho, el “Programa de gestión para mejorar la calidad del aire del estado de Oaxaca (ProAire) 2019-2028” señala que “las emisiones provenientes de esas instalaciones exceden los lineamientos estipulados en la Norma Oficial Mexicana NOM-156-SEMARNAT-2012 y existen antecedentes de fuertes quejas de la población por la exposición a contaminantes del aire bajo ciertas condiciones meteorológicas”.

Información de la Secretaría del Medio Ambiente, Energías y Desarrollo Sustentable del gobierno de Oaxaca refieren que en esa entidad la actividad petrolera genera 96% de dióxido de azufre que se vierte al aire en todo el estado.

Además 3% de óxidos de nitrógeno; 6% de partículas con diámetro aerodinámico inferior a 10 micrómetros (PM10); 4% de partículas con un diámetro aerodinámico inferior a 2.5 micrómetros (PM2.5).

Tan sólo en 2016, la industria de petróleo y petroquímica en el estado emitieron 3,260 toneladas de PM10 al año; 1,992 de PM2.5; 98,950 de dióxido de azufre; 960 de monóxido de Carbono; 4,249 de óxidos de nitrógeno; 970 de compuestos orgánicos volátiles y 81 de amoniaco.

Lo grave es que se trata de un problema que va en crecimiento. Según las proyecciones de ProAire Oaxaca, según las tendencias históricas de consumo de combustibles y las prospectivas del sector energético e industrial del estado, en los próximos 10 años, esos indicadores llegarán a 4,132 toneladas de PM10; 2,526 de PM2.5; 125,951 de dióxido de azufre; 1,150 de monóxido de carbono; 5,264 de óxidos de nitrógeno; 1,188 de compuestos orgánicos volátiles y 100 de amoniaco.

Respiran contaminación, pero no se mide la calidad del aire

Se sabe que la refinaría de Salina Cruz, la mayor productora de las seis que integran el Sistema Nacional de Refinación, aun cuando opera a 39% de su capacidad instalada (junio de 2020), contamina en cantidades industriales. Sin embargo, no hay datos disponibles de la calidad del aire que respiran los xhuncos, salinacruceños o porteños, como se les llama a los habitantes de esa región, a pesar de que Salina Cruz forma parte de la Zona Metropolitana de Tehuantepec.

El gobierno del estado señala que lo que sí se sabe, es que ha sido notable la disminución de emisiones de dióxido de azufre debido a la disminución del consumo de combustóleo en Salina Cruz, pese a que sigue siendo la principal categoría de emisión de ese contaminante.

De acuerdo con autoridades de salud nacionales e internacionales, el dióxido de azufre puede afectar el sistema respiratorio humano y dificultar la capacidad de respiración. Los niños y adultos mayores, así como aquellos que sufren de asma, son particularmente sensibles a esos efectos.

Además, puesto que ese compuesto contribuye a la formación de partículas secundarias, éstas pueden causar problemas de salud adicionales de tipo respiratorio y cardiovascular.

En todo el estado de Oaxaca, en 2016, se registraron 8,296 casos de fallecimientos de causas típicamente asociadas a la contaminación del aire, de las cuales 6,295 fueron cardiovasculares, 1,863 respiratorias y 139 de cáncer de pulmón.

ProAire Oaxaca destaca que una de las causas de la emisión de contaminantes de la refinería es el uso de combustóleo con alto contenido de azufre (4%) en equipos de combustión.

Incluso señala que, una opción viable para combatir las emisiones contaminantes a la atmósfera es remplazar el consumo de combustóleo por gas natural con lo que se logra mejor eficacia de la operación de los quemadores, reducir los costos de mantenimiento y abatir las emisiones de contaminantes a la atmósfera.

En la zona existe un gasoducto de gas natural de 12 pulgadas de diámetro con trayectoria de Jáltipan a Salina Cruz, mismo que está integrado a la refinería para abastecer a los equipos de calentamiento a fuego directo y calderas, sin embargo, según el gobierno del estado, la falta de disponibilidad de gas a través de ese ducto ha sido imposible la sustitución del combustóleo.

Con la 4T la refinería tomó un segundo aire

La refinería de Salina Cruz es la más reciente del país y la única ubicada en el litoral del Pacífico mexicano.

Inicialmente fue diseñada para procesar 330,000 barriles diarios. En la década de los 90 del siglo pasado, alcanzó sus niveles máximos de producción.

Al cierre de 2018 procesaba 165,000 barriles diarios. A junio de 2020 ese indicador se situó en los 99,000 barriles diarios.

Sin embargo, debido a que el gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador ha decidido rehabilitar el Sistema Nacional de Refinación, de la que forma parte, desde el inicio de la actual administración esas instalaciones han sido sometidas a un programa de actualización y mejoramiento.

Según la secretaria de Energía, Rocío Nahle García, hasta la semana pasada, la rehabilitación de todo el complejo lleva un avance de 86 por ciento.

La refinería cuenta con 56 plantas o unidades de proceso. Hasta 2017 operaban en promedio 27 y a partir de ese año se han venido incrementando la capacidad instalada ocupada. En 2018 ya usaba 37 y en 2019 ya eran 50, aunque actualmente operan 41.

De acuerdo con Nahle, en el 2019 fueron realizadas 16 parciales, nueve de rehabilitación general. En lo que va del año se hicieron ya cinco parciales y seis generales y, para el año siguiente, serán 13 parciales.

Según el director general de Pemex, Octavio Romero Oropeza, al inicio de la actual administración en esas instalaciones petroleras se detectaron 13 plantas con rezago en reparaciones, a las cuales se agregaron 10 plantas más en 2019, también con necesidad de ser intervenidas a las que habrá de añadirse una más en el 2021 por calendario de reparaciones, lo que nos da un total de 24 plantas que requieren una reparación mayor.

De ese inventario, cinco plantas fueron reparadas en 2019, para este año están programadas nueve plantas, en 2021 se habrá de intervenir ocho más y finalmente dos en 2022, con lo que se habrá terminado el rezago de reparaciones mayores a plantas de proceso.

Para esa refinería Pemex se tiene asignado para este año un presupuesto de operación de 914 millones de pesos, de los cuales se han comprometido en contratos 563 y de ellos se han pagado 410, con un remanente por ejercer de 351 millones de pesos, es decir, 38 por ciento.

Para su rehabilitación, este año tiene asignado un presupuesto de 3,193 millones, teniéndose ya comprometidos 2,248 y pagados 1,157, es decir, aún se tienen 945 millones por ejercer, lo que equivale al 30% del total.

El objetivo es incrementar la capacidad, para regresar su producción original o lo más cercano a ello de 330,000 barriles diarios.

Son más los beneficios que perjuicios que genera, dice el presidente municipal

Para Juan Carlos Atecas Altamirano, presidente municipal de Salina Cruz, es más el beneficio que los costos de tener como vecina a la refinería.

Expuso que, como cualquier refinería en el mundo, genera un daño al ecosistema, pero son mucho más los beneficios que aporta al municipio, a la región y al país.

Asimismo, dijo que Pemex siempre ha estado dispuesto al mitigar el impacto ecológico que genera.

Destacó que cada quince días genera una derrama económica de más de 15 millones de pesos.

El alcalde informó que en lo que va de su administración se han generado dos derrames y en ambos casos Pemex ha realizado los trabajos de mitigación del daño.

Dijo que en términos económicos es una buena noticia que el gobierno federal haya decidido incrementar la producción de la refinería con su rehabilitación.

La contaminación es una constante, dicen vecinos

En tanto Fredy Méndez Cruz, agente municipal de Boca del Río, Salina Cruz, dijo que los efectos de la contaminación la padecen a diario los habitantes de esta región del país, principalmente cuando los vientos no dispersan los gases que expulsan las chimeneas del complejo.

Todo ese humo baja y genera molestias en ojos, nariz y piel. Por otro lado, la refinería genera constantemente descargas de aguas residuales a la laguna Boca del Río, lo cual genera muchos daños, porque es una zona de pesca.

Recalcó que de los diferentes impactos negativos de la operación de la refinería es la contaminación del aire, que se traduce en enfermedades y, ante eso, Pemex sólo se ha limitado a poner una unidad móvil que una vez al mes llegaba a las colonias para ofrecer servicio médico, la cual incluso se suspendió por la pandemia del Covid-19.

Recalcó que lo que se necesita es que haya un hospital más grande en el que se atiendan las enfermedades crónicas que padece la población derivadas de la contaminación que perciben todos los días.

Asimismo, indicó que cuando hay derrames Pemex paga a pobladores para que hagan la limpieza recuperando el producto vertido, pero hasta ahí y siempre quedan residuos que afectan al ecosistema.

Dijo que tan sólo en los últimos cinco años la pesca de camarón ha caído drásticamente.

Para ilustrar la merma relató que hace 10 años una persona en una lancha de pesca de camarón trabajaba tres a cuatro horas y llenaban un canasto de unos 30 kilos y hoy muchas veces en toda una jornada de un día no lo alcanzan a llenar.

Mencionó que actualmente sólo trabajan en ese lugar alrededor de 60 pescadores, que representan poco más de la mitad de los que laboraban hace 10 años había.

Además de ello, denunció que, desde hace alrededor de un año, una torre que pusieron en la refinería genera un ruido que se prolonga durante varias horas prácticamente todos los días y retumba en las casas.

Incluso comentó que es común que retumben las casas, principalmente de las colonias que rodean o están cercanas a las instalaciones de Pemex.

A su vez el presidente del Consejo de vigilancia del ejido Boca del Río Sergio Ballanes Mejía expuso que hace dos años ocurrió un derrame fuente hidrocarburo hacia la laguna, lo cual generó graves daños en la laguna y en la playa.

El problema es que ese tipo de incidentes son constantes y afecta directamente la población porque es una zona de pesca y en ocasiones se contaminan los productos que la gente consume.

Este es sólo un asomo a la contaminación generada por esa refinería, pues los impactos ambientales de la industria petrolera, particularmente en la parte de refinación tienen que ver no sólo con la contaminación del aire y las descargas a los mantos acuíferos vecinos, sino también con el consumo indiscriminado de agua; contaminación por residuos industriales de alta toxicidad y no biodegradables, sin contar con riesgos de fugas, derrames y explosiones esas que generan incendios y con ellos, luego llega esa lluvia negra como un mal presagio.

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