Ricardo Anaya Cortés, candidato de la alianza electoral Por México al Frente, concluye el trabajo de proselitismo en una situación de franca desventaja incluso en un poco claro segundo lugar en las encuestas que miden la intención del voto.

El fuerte golpeteo del que fue objeto surtió efecto y por ello no logró despegar en las encuestas. Se creó de él una imagen de desconfianza, producto del fuego amigo y el de sus contrincantes, y aunque se quiso colocar en la posición de antisistema, no avanzó.

El discurso de campaña tenía una camisa de fuerza atado de izquierda y derecha.

Llega con imagen de poco confiable

Aunque Ricardo Anaya quiso presentarse como el candidato que sí iba a combatir la corrupción y que incluso sería capaz de encarcelar al presidente Enrique Peña Nieto, a la jornada electoral del 1 de julio, el abanderado de Por México al Frente llega muy debilitado y golpeado al ser señalado del delito de lavado dinero y de corrupto, planteó José Antonio Crespo.

El investigador del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) explicó que el golpeteo contra Anaya Cortés surtió efecto porque no logró despegar en las encuestas que miden la intención del voto y despegarse claramente del tercer sitio que ocupa José Antonio Meade.

En su opinión, los señalamientos contra el candidato del Frente crearon de él una imagen de desconfianza, por la manera en que se hizo de la candidatura del PAN, como alguien sin palabra, porque no fue capaz de cumplir pactos, e incluso de ser artífice de la ruptura interna del panismo que derivó en la salida de Margarita Zavala.

El golpeteo que recibió del PRI y del gobierno y que sigue recibiendo sí sembró la duda de que no es una persona honesta, más allá de la idea de ser alguien adinerado y que gana 400,000 pesos, a la gente no le agrada la idea de tener a alguien tan rico como presidente, quieren alguien más austero”.

Planteó que fue al calor de la campaña cuando Anaya decidió presentarse como el candidato que ofrecía cárcel al presidente Enrique Peña Nieto, en gran medida por los desencuentros que tuvo con el PRI y para diferenciarse de Andrés Manuel López Obrador y su ofrecimiento de amnistía a los delincuentes.

Dijo que, además del golpeteo, Anaya tuvo que enfrentar el fuego amigo, pues la ruptura interna del PAN generó muchas heridas que fueron evidenciadas con críticas de calderonistas y ataques de panistas.

Él pudo crecer más, no sabemos hasta dónde, pero este golpeteo sí sembró dudas sobre honestidad, sí le hizo daño, sí le impidió crecer, y todo eso fue favorable para López Obrador”.

En ese sentido, dijo que el pleito entre el PRI y el PAN estancó a Meade y a Anaya entre el segundo y tercer sitio, muy lejos de Andrés Manuel.

Marchitaron su frescura

A la elección del 1 de julio, Ricardo Anaya llega dañado por los señalamientos de presunto lavado de dinero y un tanto decepcionado porque no logró posicionarse en un claro segundo lugar en la competencia que le permitiera un frente a frente entre él y Andrés Manuel López Obrador, consideró Roy Campos.

Para el presidente de Consulta Mitofsky, a pesar de que no se le ha podido comprobar delito, los videos y declaraciones en contra del candidato de Por México al Frente sí tuvieron un impacto negativo en su campaña.

Está acorralado, esta campaña que tuvo no era la que él quería. Él pensaba que iba a desfondarse José Antonio Meade, que él iba acercarse a López Obrador, que le iba a competir, y que al final iba a hacer algo como lo que hizo Felipe Calderón, ganarle al PRI y luego a López Obrador, pero no fue así, se entretuvo mucho con José Antonio”.

Desde su perspectiva, esos señalamientos en gran medida no le permitieron despegarse del tercer sitio, por lo que no concretará lo que tenía planeado para la última recta de la campaña: un frente a frente con López Obrador.

Para Campos, la principal fortaleza de Anaya Cortés era su juventud, ser un hombre “echado pa’delante”, un estilo distinto de hablar porque no lo hacía como político, pero esas características se fueron desvaneciendo conforme transcurrió la campaña y fueron sustituidas por una imagen de un candidato cansado, con sonrisa forzada y con semblante enojado.

Un ejemplo de ello, compartió, fue que en el primero y en el segundo debate se vio a un Anaya más seguro, con mejor dominio del escenario, mientras que en el tercero no fue así.

Consideró que las encuestas no le sirvieron a Anaya, pues como nunca se despegó de Meade ni se acercó a López Obrador, no realizó un viraje.

Su estrategia no la hizo basada en encuestas sino en hechos reales”.

Otro de los aspectos que, consideró, no abonó a que su candidatura creciera fue que el PAN no llegó unido y muestra de ello es que sus principales adversarios son panistas como Ernesto Cordero, por lo que a unos días de la elección su principal riesgo es que la batalla por el partido inicie antes de la elección.

No tuvo una oferta política clara

El candidato de la alianza Por México al Frente, Ricardo Anaya, reflejó en la campaña por la Presidencia, que mañana concluye, que tenía una camisa de fuerza que le impidió comunicarse con el electorado de manera clara y eficiente, consideró el consultor político Sabino Bastidas.

Desde su perspectiva, Anaya estaba atrapado en las posiciones políticas que representaba. Eso generó que muchas de sus propuestas panistas o de derecha tradicional no podían ser comunicadas con claridad y fuerza porque contrastaban con las posiciones del PRD y Movimiento Ciudadano, que también forman parte del frente que lo postuló como candidato.

Es por ello que “no tuvo una oferta clara” precisamente “porque tuvo un discurso disparejo”.

Por otra parte, llamó la atención al hecho de que, al igual que Meade, tuvo menos eventos y municipios, al final se reflejó en la efectividad de su campaña y podría corroborarse este domingo.

Asimismo, consideró que el pleito que protagonizó con el gobierno federal tuvo una repercusión negativa que se reflejó en general en los medios y con mayor medida en algunos medios afines o cercanos al gobierno.

A eso habría que sumársele el hecho de que su campaña tuvo momentos complicados en redes sociales.

Enfrentarse con el gobierno lo minó

El candidato del PAN, PRD y MC a la Presidencia de la República, Ricardo Anaya Cortés, llega al final de la campaña afectado por un enfrentamiento claro y evidente con el gobierno federal, concretamente con el presidente Enrique Peña Nieto, consideró el comunicólogo Claudio Flores Thomas.

En entrevista, explicó que si bien “tocaron” al candidato las denuncias de estar involucrado en presuntos actos de lavado de dinero al adquirir y vender un terreno en un parque industrial del estado de Querétaro, llegó al final de la contienda como un candidato competitivo por estar en el eje del cambio y en el eje antisistema.

Me parece que sí llega golpeado, erosionado por el fuerte ataque del gobierno federal y de la campaña del candidato del PRI, José Antonio Meade, para tratar de hundirlo”.

El especialista sostuvo que las revelaciones de presuntos actos de corrupción que lo implicaban 15 minutos antes del tercer debate entre candidatos a la Presidencia hablan de una orquestación, de un ataque estratégico importante con miras a minar su credibilidad y a competir por un segundo lugar. Sin embargo, compartió la idea, que han expresado diversos analistas, de que este tipo de ataques en lugar de ayudarle al candidato José Antonio Meade, le ayudaron a Andrés Manuel López Obrador porque fue el candidato de Morena quien ganó más puntos en las encuestas.

Dijo que lo relevante de ese asunto es que hoy ni Ricardo Anaya ni José Antonio Meade tienen posibilidad de activar el voto útil porque la pelea por el segundo lugar desactivó esa oportunidad.

¿Cuál voto útil se va a dar si los dos se están dando hasta con la cubeta y ninguno quiere declinar por el otro?”.

Dijo que en algún momento de la campaña, pareciera que en el equipo de Ricardo Anaya se dieron cuenta de que lo que querían escuchar los ciudadanos en esta campaña eran mensajes antisistema y trataron de reorientar su estrategia de política electoral en ese sentido, e intentaron que Anaya se convirtiera en el verdadero castigador del statu quo; sin embargo, lo hizo demasiado tarde porque cuando lo intentó, esa posición ya la tenía ganada Andrés Manuel López Obrador.

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