Lectura 9:00 min
Crisis de autoridad en Texcapilla, Estado de México, no es un hecho aislado
De enero de 2016 a septiembre de 2023, se registraron al menos cuatro linchamientos o intentos de linchamiento, cada semana. El 64% ocurrieron en Puebla, Estado de México, Ciudad de México e Hidalgo. El Estado de México concentró 21%.

El asesinato de 11 sicarios de la organización criminal La Familia Michoacana, ocurrido el 8 de diciembre pasado en Texcaltitlán, Estado de México, cometido por un grupo de campesinos que se negó a que les aumentaran la cuota de extorsión, no es un hecho aislado.
Si bien, para algunos académicos, lo ocurrido específicamente ese día no fue un linchamiento, sí se trata de una reacción violenta, producto del hartazgo de la comunidad ante la recurrente extorsión por parte de ese grupo de la delincuencia organizada, motivada por la ineficacia del Gobierno para castigar ese tipo de actos delictivos. Y en eso tienen muchos elementos comunes con los linchamientos, que se han incrementado considerablemente durante los últimos años.
Para el profesor - investigador del Departamento de Sociología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Raúl Rodríguez Guillén, estrictamente lo que ocurrió en Texcapilla no fue un linchamiento, porque no fue espontáneo.
En entrevista, el académico, que lleva estudiando estos fenómenos sociales desde hace más de 20 años, explicó que puede haber linchamientos contra delincuentes que cobran derecho de piso, pero solo si estos ocurren sin planeación y sin organización, por mínima que sea.
En ese sentido, detalló, lo que pasó ese viernes en esa comunidad del sur mexiquense fueron ejecuciones extrajudiciales cometidas por personas que realizaban algo que está en una zona intermedia entre lo que se llama vigilantismo y guardias comunitarias, que son acciones parecidas, pero que se distinguen por su grado de organización. Las guardias comunitarias tienen una mejor organización.
Los guardias comunitarios o también conocidas como autodefensas están organizadas, armadas y operan a la luz del día. Su forma de organización es de carácter racional para la defensa.
En tanto, el vigilantismo tiene un menor grado de organización, no operan de manera permanente, sino en un momento determinado, cuando las víctimas reiteradas de algún delito lo consideran inevitablemente necesario.
Según el académico, ese 8 de diciembre, las personas que le quitaron la vida a sus extorsionadores actuaron de común acuerdo y este ocurrió cuando se volvió necesario ante la exigencia de la célula de la Familia Michoacana de aumentarles las cuotas de cobro de piso.
Concretamente les pretendían subir la tarifa del cobro de piso a 10,000 pesos por hectárea cultivada con haba, lo cual los dejaba sin margen de ganancia.
Lo delicado, indicó, es que, en este caso en particular, lo que hoy puede llamarse actos de vigilantismo puede escalar irremediablemente a la conformación de una agrupación de autodefensa. Y eso seguramente va a ocurrir, porque no les va a quedar otra opción, pues han tenido advertencias de que la Familia Michoacana va a regresar al pueblo a vengar a sus 11 compañeros abatidos.
Si para la reunión a la que fueron citados el 8 de diciembre pasado acudieron armados con palos y herramientas de labranza, ahora tendrán que armarse porque están seguros de que los delincuentes van a regresar a intentar cobrar venganza.
Si bien en estos momentos está la presencia de la Guardia Nacional, el Ejército y la policía estatal.
Para el académico, lo que puede desactivar esa situación es que haya una presencia permanente de la fuerza pública en la zona, lo cual es complicado pues tan solo ese estado cuenta con otros 124 municipios.
Tan solo la llamada región de la Tierra Caliente, donde tiene presencia la Familia Michoacana, está conformada por 37 municipios, de los cuales 11 son del Estado de México, 10 de Guerrero y 16 de Michoacán.
Escenarios para Texcapilla
El consultor sobre políticas públicas en materia de seguridad, David Saucedo, expuso que, para el futuro inmediato en Texcapilla, Mexcaltitlán, Estado de México, hay dos escenarios posibles: el primero es que haya un acto de represalia de La familia Michoacana hacia la población por haber asesinado a 11 de sus integrantes.
Esa posibilidad se refuerza con los testimonios de varios vecinos de esa localidad según los cuales, miembros de la delincuencia organizada han establecido retenes en las inmediaciones de la comunidad y andan investigando quiénes habrían incitado a atacarlos, además de que ya se reportan varios vecinos desaparecidos.
Lo delicado es que, si bien mientras se mantenga la presencia de la fuerza pública en la zona seguramente no habrá agresiones, en cuanto policías y militares se vayan, van a entrar a agredir a los habitantes.
El segundo escenario es que actos de resistencia hacia la extorsión puedan repetirse en otras comunidades de la zona.
En ese sentido, el experto recordó que la Familia Michoacana tiene una fuerte presencia en alrededor de 20 de los 125 municipios del Estado de México, donde no solo cometen extorsiones, sino secuestro, robo a transporte de carga, además del narcomenudeo.
Por ello es posible que lo que ocurra es que los habitantes de esa zona se vean obligados a organizarse en grupos de autodefensas, como las que surgieron hace algunos años en Michoacán.
Recordó que inicialmente las autodefensas eran integradas por ganaderos y agricultores michoacanos que se organizaron para hacer frente a la extorsión, principalmente por el cobro de piso.
Incluso, en algún momento el Gobierno los reconoció y les proporcionó armas. Lo negativo fue que, en algunos casos, la actividad de las autodefensas derivó en actos criminales.
Saucedo llamó la atención en que el llamado cobro de piso lo padecen no solo los productores pecuarios, sino transportistas (de pasajeros y carga), farmacias, pollerías, tortillerías, entre otros establecimientos comerciales que expenden productos básicos para la población.
Es un auténtico impuesto de guerra que La Familia Michoacana les cobra a los comerciantes de los territorios que tiene bajo control, expuso.
El consultor explicó que en el Estado de México operan al menos 12 grupos de la delincuencia organizada entre los que destacan el Cartel Jalisco Nueva Generación, el Cartel de Sinaloa y La Familia Michoacana y mafias locales.
La Familia Michoacana tiene mayor presencia en los municipios que hacen frontera con Michoacán y Guerrero.
La extorsión comenzó a hacer un problema serio en el Estado de México desde hace unos 15 años principalmente en la zona de Coacalco.
Recordó que, a raíz de la confrontación con el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), hace alrededor de seis años, la Familia Michoacana se desplazó del territorio michoacano al Estado de México, Morelos y Guerrero.
Para el analista, La Familia Michoacana es un cartel de nivel medio con presencia en varios estados. Trafica droga hacia Estados Unidos, fabrica metanfetaminas, pero una de sus características es que sí es hostil con la población civil, mediante diversas acciones, entre ellas la extorsión directa, mejor conocido como cobro de piso, lo cual es uno de sus principales ingresos, al igual que el narcomenudeo.
En ese sentido, consideró que los hechos ocurridos el pasado 8 de diciembre en esa población se explican por la coincidencia de cuatro factores:
- Precisamente por la expansión de la Familia Michoacana a esa región del Estado de México.
- El abandono de las autoridades de seguridad pública.
- La caída de los precios de productos agrícolas, en este caso concreto el del haba.
- Hay cierto grado de organización en la comunidad.
Cada semana se cometen al menos cuatro linchamientos o intentos de linchamiento
De acuerdo con lo consignado en el artículo “Acerca de los linchamientos (y vigilantismo): reflexiones sobre la violencia”, publicado por Raúl Rodríguez Guillén y Norma Ilse Veloz Ávila, en la edición del primer bimestre de 2023 de la Revista El Cotidiano, de la UAM Azcapotzalco, de 2016 a 2022 se habrían cometido 1,619 linchamientos consumados o intentos de linchamiento en México.
Si se considera lo señalado en el reporte “Galería del horror: atrocidades y eventos de alto impacto. Enero – septiembre 2023”, realizado por la organización Causa en Común, que consigna que en ese lapso se registraron 159 linchamientos o intentos de ello, entonces los números indican que, de 2016 a septiembre de 2023, se habrían cometido 1,778 linchamientos o intentos. Lo que quiere decir que cada semana se registran al menos cuatro.
Las cifras reportadas por Rodríguez Guillén y Veloz Ávila, señalan que entre 2016 y 2022 se consumaron al menos 196 linchamientos, pero se registró la tentativa de 1,423 más.
Llama la atención que 63.86% de los casos se concentraron en Puebla, Estado de México, Ciudad de México e Hidalgo. El Estado de México concentró 20.63%. Se registran 39 linchamientos y 295 tentativas.

En el referido análisis, los académicos del Departamento de Sociología de la UAM – Azcapotzalco definen que los linchamientos constituyen un tipo de acción colectiva (tumultuaria) de carácter acremente violento (fatal), en que los participantes manifiestan un alto grado de indignación moral (irritación compartida) en respuesta punitiva no legal (sin debido proceso judicial) a conductas de individuos (ofensores-víctimas) que atentan contra la vida, integridad, dignidad o patrimonio de miembros del colectivo (víctimas ofensores), y que expresan la crisis de autoridad (pérdida de confianza en los aparatos de procuración y administración de justicia, así como de representación política) debida a la ineficacia en el desempeño de las funciones públicas.
Destacan que detrás de los linchamientos podemos encontrar un claro mensaje de que las cosas no están funcionando como deberían. La violencia que los caracteriza puede servir para llamar la atención pública y dramatizar sus reivindicaciones de justicia. Pero el actuar colectivo violento no es solamente una llamada de atención; es en sí una propuesta de restitución del orden que, de no atenderse, puede transformarse en una propuesta de cambio.

