Desde hace 10 años, el comedor comunitario Fundación Benita Chavarría Flores, ubicado en pleno Centro Histórico de la Ciudad de México, ofrece aproximadamente 800 comidas diarias a personas de bajos recursos; no obstante, ante la contingencia sanitaria por la que pasa nuestro país, el lugar ha tenido que bajar a la mitad su demanda por la falta de recursos y las medidas implementadas para contener la propagación del virus.

Previo a la crisis sanitaria, el comedor ubicado en la calle de República de Uruguay 112 tenía la capacidad de servir hasta 300 raciones al mismo tiempo, por un precio de 11 pesos; ahora, sólo pueden ingresar máximo 50 personas y únicamente pueden ingerir alimentos en el lugar personas de la tercera edad y trabajadores del servicio público, como policías o personal de limpia.

También se pide no entrar con niños, mantener medidas de sana distancia y sanitizar en todo momento las áreas del comedor.

Diana, parte del grupo solidario que administra el comedor, explica que durante las primeras semanas de las medidas de Sana Distancia se redujo de manera considerable el flujo de personas que acudían a comprar comida; aunque, advierte, la demanda se ha elevado en los últimos días debido a que la economía ya comenzó a pegar en los más vulnerables.

Con la propagación del coronavirus, dice, se les invita a las personas a que traigan cubrebocas, pero no todos pueden costearlos. “Hace tres semanas, personal de una instancia de gobierno vino a querer cerrar el edificio, porque supuestamente estaba entrando mucha gente y porque vieron a gente sentada, pero les decimos que no podemos echar a la calle a la gente”, insiste.

Por este hecho, tuvieron que reducir el número de mesas y sillas en todo el comedor.

Sobre qué tanto les podría afectar la contingencia sanitaria, señala que al principio, por unas dos o tres semanas, “estábamos vendiendo por día unas 300 raciones, pero a la fecha comenzaron a subir y subir. Hoy, llevamos 480 y todavía faltan tres horas para cerrar”.

“Ahora ya está subiendo muy rápido la cantidad de personas que vienen. Siento que ya empezó a pegar en la economía, y ahorita por 11 pesos se les están dando tres quesadillas de papa, arroz, sopa, gelatina y un vaso de agua”.

Agrega que la indicación del gobierno es que todo es para llevar, “pero la comida cuesta 11 pesos, y el desechable 3, la gente no tiene dinero para pagarlo”, apunta mientras un hombre mayor la felicita por el mole con pollo que sirvieron la semana pasada gracias a la donación de 40 kilos de pollo por parte de un comerciante.

Ese mismo hombre lleva consigo un par de recipientes llenos de comida, los cuales, explica Diana, son para la cena de él y su hijo en situación de calle. “Juntó poquito para cenar al rato, se comió algo aquí y pagó su desechable para él y su hijo”.

Diana puntualiza que más allá de los 17,000 pesos que reciben al mes por parte del DIF para comprar productos no perecederos, subsisten gracias a las aportaciones que entregan los comerciantes de la zona.

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