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AMLO tiene una aprobación histórica: Francisco Abundis
Un factor importante en la evaluación del presidente López Obrador no sólo es cómo gobierna, sino cómo vive, destaca el especialista Francisco Abundis.

Foto EE: Archivo
En su primer trimestre de gobierno, Andrés Manuel López Obrador registra un nivel de aprobación histórico, ubicado en 86%, planteó Francisco Abundis.
El director de Parametría explicó que la buena evaluación que recibe el presidente de México, quien al iniciar su sexenio tenía una aprobación de 69%, es sorpresiva, porque, dijo, hasta ahora no ha implementado realmente acciones de gobierno, sino más bien se ha enfocado a enviar símbolos de un cambio en la forma de ejercer el poder.
“El referente que tengo de un presidente con estos niveles de aprobación es el caso del expresidente Carlos Salinas, pero para llegar a estos niveles de aprobación le tomó tres años, no tres meses como a López Obrador, por lo que hay una diferencia abismal”, expresó.
Refirió que recibir una tan buena evaluación de sus primeros meses le da una ventaja o incluso una desventaja.
Este capital lo puede canjear por acciones de gobierno, es decir, tomar decisiones y ser respaldado por los ciudadanos, eso en la parte positiva, pero en la otra parte, no deja de crear altas expectativas de su administración.
El encuestador indicó que parte de la aprobación de López Obrador responde a que ha iniciado a tomar medidas en tres rubros que le han mandatado los ciudadanos: economía, seguridad y combate a la corrupción.
En economía, no necesariamente la ha mejorado, pero sí en el aspecto de subsidios; en inseguridad está tomando acciones con lo que es la Guardia Nacional, y en el eje de la corrupción, más que tomar acciones concretas ha denunciado la impunidad. Entonces, en ese sentido, está cumpliendo con su electorado.
Abundis Luna comentó que un factor importante en la aprobación de López Obrador no sólo es cómo gobierna, sino cómo vive.
El mensaje es muy claro, el mensaje es que éste es un presidente todo terreno, igual que tú. Datos, como el que en 15 viajes gastó lo que Peña Nieto en uno, son indicadores concretos, tangibles y para la gente éstos son mensajes claros de que es un presidente muy cercano a buena parte de la población que se para a trabajar muy temprano.
El especialista precisó que las conferencias mañaneras han beneficiado a López Obrador, pues han permitido tener mayor presencia mediática, controlar la agenda pública, pero además transmitir una imagen de un presidente activo y trabajador, a diferencia del gobierno anterior.
Refirió que acciones emprendidas por el gobierno federal como el desabasto de gasolina derivado del combate al robo de hidrocarburos no han mermado su imagen y aprobación como presidente, porque los niveles de afectación son realmente menores.
Baja aprobación impacta en elecciones
El experto en opinión pública afirmó que es fundamental para un presidente gozar de una buena aprobación para el ejercicio de su gobierno, pues en caso contrario, incluso se puede generar una crisis política.
Además, comentó que, en el sexenio anterior, el entonces presidente Enrique Peña Nieto no terminó de dimensionar la importancia que tenían tanto la opinión pública como la aprobación de su gestión, e incluso creyó que podía “corregirle la plana” a los ciudadanos dictando desde Presidencia qué debían pensar y cómo debían calificar su administración.
Planteó que gozar de tan bajos niveles de aprobación podría generar hasta la renuncia de un mandatario.
“Nunca se dio cuenta de lo que te puede crear en la opinión pública, en las redes sociales, en la falta de respeto que le creas a la institución (…) En enero del 2017, en la administración de Peña Nieto hubo una crisis política, al tener 12-15% de aprobación, y con esos niveles de aprobación, la gente renuncia. Por menos de eso, se fue la presidenta de Brasil y han renunciado otros presidentes”.
Enfatizó que la aprobación de un presidente también tiene implicaciones en los resultados electorales. El dato de la aprobación presidencial no es abstracto, es un dato que eventualmente se convierte en un indicador electoral, donde ganas elecciones o no. Parece un elemento abstracto mientras no está la elección.
lidia.arista@eleconomista.mx