Ningún presidente de México había tenido tanta legitimidad y tanto poder para ayudar a la gente de forma poderosa, sistemática y duradera como la tiene el presidente Andrés Manuel López Obrador. Sin embargo, hay una serie de datos objetivos que muestran que, hasta ahora, su desempeño ha quedado por debajo de lo que prometió, planteó Carlos Elizondo Mayer-Serra.

Entrevistado con motivo de la publicación de su libro, “Y mi palabra es la ley. AMLO en Palacio Nacional”, de editorial Debate, el reconocido politólogo explicó que, pese a sus limitados resultados, el mandatario mexicano goza de un nivel de aprobación razonablemente bueno.

En el libro, el autor analiza el peculiar estilo de gobernar del presidente, cómo construyó su mayoría legislativa, lo hecho hasta ahora, su relación con los empresarios, sus políticas económica y energética, su respuesta ante la pandemia de Covid-19, así como el tipo del país que podemos esperar al final del sexenio.

—¿Qué es lo que explica los altos niveles de aceptación que tiene el presidente Andrés Manuel López Obrador con los resultados que ha dado su gobierno y los retos que ha tenido que enfrentar?

—Lo que está detrás es esta tensión muy difícil de entender de un presidente con tan malos resultados objetivos. Hay una serie de datos que muestran que el presidente ha quedado por debajo de lo que nos prometió. Por otro lado, hay un nivel de aprobación razonablemente bueno.

Creo que eso obedece a varios factores. El primero es que tiene una voz muy fuerte y creíble.

Cuando dice que se inauguró el aeropuerto de Santa Lucía, muchos de sus seguidores le creen. Quienes leen El Economista sabrán que simplemente se aterrizó en una pista militar que ya existía, que se había hecho un poco más grande la pista, que hay una estación terminal muy modesta, casi de autobuses y que va en camino una construcción que no sabemos cuándo estará lista, ni mucho menos si podrá funcionar de forma adecuada con el actual aeropuerto capitalino. Pero eso lo sabemos un porcentaje pequeño de la población y una amplia parte de la población le cree al presidente López Obrador.

La segunda razón tiene que ver con una muy exitosa estrategia de reparto de recursos. Los programas sociales son muy conocidos. A la gente le parece muy bueno que reparta ese dinero y un porcentaje nada trivial de la población recibe ese dinero y también es bastante claro que quienes reciben ese recurso suelen tener una mejor opinión del presidente.

Y la tercera, tiene que ver con un rasgo muy particular del presidente, que no sólo tiene una enorme legitimidad electoral, por el tamaño de su triunfo, sino su legitimidad personal y credibilidad. Construyó una narrativa de sí mismo que ha venido sofisticando y que ha sido, en general, bastante consistente.

(López Obrador) es un presidente que mantiene una campaña permanente, sobre todo los fines de semana, con giras permanentes, con enorme cercanía con la gente. Eso también explica cómo se ha ido segmentando la aprobación del presidente.

También tenemos una oposición prácticamente inexistente. Nadie le lleva la contra de una forma que sea clara, que se oiga con fuerza, que tenga resonancia, a diferencia de los tres presidentes previos que tuvieron una oposición muy clara. Los empresarios están asustados porque los instrumentos de sanción que tiene el gobierno, sobre todo el SAT, son muy poderosos y realmente se escucha una sola voz y esa voz llega a buena parte del país.

—¿Para qué quería López Obrador la Presidencia de la República?

—Esa es la gran frustración respecto del presidente López Obrador, para mí, como analista de la presidencia. ¿Por qué? Nunca un presidente había tenido tanta legitimidad y tanto poder. Nunca un presidente había podido ayudar a la gente de una forma poderosa, sistemática, duradera. Nunca nadie hubiera podido hacer un sistema de salud realmente universal, justo y generoso y, cuando vamos viendo los resultados, vemos que el presidente usó el poder para desmantelar algo muy imperfecto que existía —el Seguro Popular y construir algo absolutamente improvisado como es el Insabi.

Parte de lo que analizo en el primer capítulo, es que el presidente tiene un estilo personal de gobernar que puede funcionar muy bien en una campaña, como lo vimos, puede ser incluso exitoso en un gobierno capitalino, como lo vimos, pero para la complejidad del gobierno federal, ir gobernando por intuiciones, sin un debate profundo de las consecuencias, genera este tipo de problemas.

Cuando arrancaron el Insabi, no tenían las reglas de operación del nuevo sistema; es decir, cambiaron la ley rápido porque no quería contrapesos. Echaron andar el nuevo sistema y no se habían puesto, a pensar de quiénes tenían qué derechos, quiénes tenían qué obligaciones, cómo se iba a administrar el nuevo sistema, cómo se iba a financiar, cómo se iban a vincular los gobiernos de los estados que, jurídicamente, son los dueños de los sistemas de salud, etcétera, etcétera y así es un poco por todos lados.

La reforma eléctrica que hoy están planteando es una ocurrencia, seguramente del director de la CFE. Le vendieron la idea al presidente. Va a llevar unos litigios muy onerosos, va a disminuir la inversión en el sector, pone en riesgo la disponibilidad de energía eléctrica en el futuro.

Eso es lo frustrante con el presidente. Tenía la capacidad de hacer un sistema de seguridad nuevo; dijo que iba a sacar al Ejército de las calles, construir una nueva policía no militarizada, etcétera, y vimos todo lo contrario. Así podríamos irnos caso por caso, pero muchos de ellos están analizados en el libro.

—¿Realmente sí sería una hazaña para el presidente lograr las dos terceras partes del Congreso en el proceso electoral en marcha? ¿Qué tan suficiente es la aprobación del presidente para que Morena resulte el gran ganador de las elecciones de 2021?

—Es una pregunta que se harán muchísimos mexicanos y creo que hay una respuesta fácil: Morena va a ganar. La pregunta es cuanto y ahí se vuelve más complicado. Morena es hoy, sin duda, el partido con mayor aprobación y con mayor intención de voto. De eso no hay duda alguna. La pregunta es: ¿qué va a pasar una vez que arranquen las campañas?, ¿qué va a pasar cuando se vayan consolidando las candidaturas, la alianza PRI-PAN-PRD, que se consolide o no la alianza de Morena con el PVEM?

Una vez que tengamos más claro, además si la estrategia de vacunación del presidente cumple con lo que prometió y si no cumple cómo se interpreta políticamente, en fin, hay mucha incertidumbre. Pero para el gobierno y para la oposición es la elección que definirá el rumbo del país no sólo de los próximos años, sino por varias décadas. El escenario más probable es que Morena gane muchas de las gubernaturas, pero no todas. Lo que discuto en el libro son los mecanismos que explican por qué llegamos, a donde llegamos. Algunos de estos escenarios con más detalle, el papel que está teniendo las autoridades electorales. En una democracia, por definición los procesos electorales son inciertos.

—¿En estos momentos en México, más que estar eliminando a la mafia del poder se podría estar construyendo una nueva mafia del poder?

—La llamada 4T se entiende, según el presidente, como la separación entre el poder político y el poder económico. El capítulo cuatro del libro trata precisamente sobre eso y esa relación, gobierno-empresarios es clara en una democracia con una economía de mercados y todos los gobiernos desde la Revolución para acá, han tenido que resolver el dilema de cómo me relaciono con los empresarios y cómo resuelvo el dilema de mantener la autonomía política y al mismo tiempo generar condiciones de crecimiento. Porque si se mata a la gallina de los huevos de oro, pues ya no hay huevos y el presidente López Obrador tiene una estrategia muy personalista al respecto.

No está construyendo instituciones que nos permitan garantizar que no está habiendo otro tipo de corrupción entre el gobierno y otros empresarios. Hay evidencia fragmentada de que está pasando. Hay más asignaciones directas que en el pasado. Tenemos dudas razonables de que podríamos estar justo construyendo un nuevo acuerdo entre cierto grupo de empresarios y el gobierno. También argumento uno de los temas que más preocupan a muchos mexicanos que la mayor prevención en la relación entre el dinero y el poder se da con el crimen organizado.

Hay muchos políticos y muchos empresarios que tienen el apoyo, provienen algunos del crimen organizado y aquí el gobierno ha sido bastante poco proactivo, por decir lo menos y hay serias dudas de cuál va a ser la capacidad que tendrá el gobierno para contener al crimen organizado que hemos visto se ha expandido en algunas zonas del país.

diego.badillo@eleconomista.mx