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A trabajar como chinos

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
¿Es un asunto de ambición? Me parece que la presidenta Claudia Sheinbaum sí hace un intento real por desarrollar el país, incluso en la tecnología propia que urge para no ser digeridos por las potencias mundiales.
Pero lo de ayer 04 de febrero, en el Museo de Antropología me confirmó que le cuesta admitir que no tiene quién le ayude. El único modo de acortar distancia es trabajar como los chinos. Me explico.
En un día, la mandataria debe pasar de lidiar con legisladores de San Quintín ocupados en ‘selfies’, a hablar con el poderoso presidente Donald Trump, urgido de votos rumbo a noviembre. En medio, pasa por miembros de su equipo que se equivocan incluso en la selección de presentaciones durante la “mañanera”.
¿A qué hora va a sacar un proyecto que convierta a México en una “potencia científica” como prometió en el Zócalo hace más de un año? El proyecto Kutsari es quizás el único que refleja lo que puede significar dar ese salto. Hacer semiconductores nacionales para tener centros de datos mexicanos no solo es útil, sino indispensable.
¿Por qué lo digo? Permitan una analogía: ¿qué sentirían si todas las carreteras de cuota en México se las cobrara Estados Unidos? ¿A quién creen que le pagan todo el tránsito de los datos que usan en su teléfono?
Los guardan y vigilan los mismos jefes de empresas que tácitamente juran lealtad cada mes en la Casa Blanca.
Pero en México no hay más que Kutsari. El otro proyecto mencionado con frecuencia es el coche eléctrico Olinia, que sí puede tener un impacto social. ¿Pero alta tecnología?
Ayer 04 de febrero, hubo varios anuncios en el Museo Nacional de Antropología de la Ciudad de México. Entre lo importante, lo de Nafin:
Garantías: Créditos de hasta 20 millones de pesos para sectores prioritarios.
Otros 7 mil millones de pesos para mujeres empresarias, exportadoras y micronegocios.
Y pensé que venía una gran revelación cuando el director de Nafin se refirió al nacimiento de La Impulsora Nacional de Innovación que viene fraguando el gobierno desde hace meses. Pero el anuncio de Roberto Lazzeri refirió los mismos mil 600 millones de pesos de capital de riesgo que ya había anunciado Marcelo Ebrard desde el año pasado. Es dinero para apoyar empresas que crean nuevas medicinas, nuevas formas de hacer banca, nuevos aviones. Pueden ser útiles, pero, caray, no van a llevarnos a ser una potencia científica.
Para los quisquillosos: equivalen a unos 90 millones de dólares. Eso es 0.005294 por ciento del PIB nacional. China invirtió el año pasado en un proyecto similar 138 mil millones de dólares que, también en términos relativos, es mayor: representa 0.7 por ciento de su enorme PIB.
La de Nafin es una cifra incluso menor que la de 729 millones de dólares de inversión privada en “venture capital” en México de 2025, que no es para presumir, tampoco.
Reconozcamos que los hombres de este país hemos sido timoratos. El riesgo, que sí existe, nos da comezón. Los datos más recientes del INEGI revelan que la inversión fija bruta en esta economía todavía muy masculina cayó casi 6% el año pasado.
Ayer 04 de febrero, el presidente del CCE en el Museo de Antropología hablaba de su deseo de que su gremio colabore con las inversiones que motiva el gobierno. ¿De verdad? Show me the money.
¿Qué más pasó ayer ahí mismo? Presentaron un Consejo de Promoción de Inversiones conformado únicamente por mujeres empresarias de cada estado. Bien. Es urgente que alguien motive inversiones en este país. La testosterona se nos ha quedado corta.
Nos hemos quedado cortos de planes ambiciosos y de dinero.

