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Más allá de la semaglutida: los GLP-1 duales llegarán al sector público... ¿alcanzará el presupuesto?

Maribel Ramírez Coronel | Salud y Negocios
A partir de noviembre de 2026, diabetes, hipertensión, obesidad, dislipidemias y enfermedad renal crónica dejarán de atenderse como piezas sueltas y pasarán a manejarse como un solo proceso biológico, y desde el primer nivel de atención. Así lo anunció hace unos días el secretario de Salud, David Kershenobich, llamándolo el Modelo Nacional de Atención Integral del Síndrome Cardio-Renal-Metabólico.
Será un nuevo abordaje por completo de las enfermedades que más matan en México. Pero aparte, el anuncio implica cambios de política pública y presupuestales. En pocas palabras, el Gobierno mexicano incorpora formalmente el enfoque Macarenha (la conexión Metabólica-Adiposa-Cardio-Arterial-Renal-Enterohepática-Neurológica), del cual publicamos aquí en junio) alineándose por completo al consenso GREHTA de mayo pasado que fue alcanzado por 20 sociedades médicas y atestiguado por la doctora Patricia Clark, secretaria del Consejo de Salubridad General (CSG). Si lo logran, será la primera vez que una visión académica integral pase rápidamente a la operación del sistema público.
Los números que justifican el cambio son contundentes. Según la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición (Ensanut), 21.3 millones de mexicanos viven con hipertensión, 14.4 millones con diabetes y 9.2 millones con enfermedad renal crónica. Estas condiciones, que frecuentemente se traslapan, provocan 4 de cada 10 muertes en el país —más de 300 mil al año— y mantienen la esperanza de vida estancada en 75 años desde hace más de dos décadas.
Lo más costoso son las complicaciones y millones de familias las viven: diálisis crónica, amputaciones por pie diabético, insuficiencia cardiaca y hospitalizaciones repetidas. Aparte están los costos ocultos: Pérdida de productividad laboral, discapacidad prematura, gasto de bolsillo de las familias y la carga sobre cuidadores informales generan un impacto económico y social que rara vez se cuantifica en los presupuestos públicos, pero que asfixia a hogares y empresas.
El nuevo modelo abre una ventana real de prevención. Será obligatorio en cada consulta medir peso, talla y presión arterial, y una vez al año, análisis de sangre y orina; la idea es detectar el riesgo antes de que el daño sea irreversible. A ello se suma la incorporación de medicamentos multipropósito: semaglutida (y las próximas generaciones duales y triples de agonistas GLP-1, cuyas evidencias multiorgánicas siguen acumulándose), dapagliflozina, estatinas de alta intensidad y combinaciones fijas de dos o tres antihipertensivos en una sola tableta (amlodipino-valsartán, perindopril-amlodipino o triples con hidroclorotiazida, entre las más utilizadas). La lógica del médico al prescribir en vez de ser “un fármaco por síntoma” será ahora “un tratamiento por proceso biológico”.
La señal al mercado es clara: el sector público elevará de manera estructural la demanda de fármacos innovadores de alto valor terapéutico.
Aquí aparece el primer gran reto: el económico. Estos medicamentos modernos se adquieren predominantemente por compra directa o mecanismos de fuente única, no por licitación competitiva de genéricos. Si el sistema pretende cubrir de manera integral a una proporción significativa de los millones de pacientes que ya viven con el síndrome, el gasto en estas claves puede elevarse en cientos o miles de millones de pesos anuales. El Presupuesto de Egresos de la Federación 2027 tendrá que reflejar esa realidad.
La tendencia ya está documentada por el Instituto Farmacéutico (INEFAM). Enrique Martínez y José Carlos Ferreyra han señalado en reiteradas ocasiones el patrón dual de las compras públicas: alto volumen y competencia de precios en el segmento de genéricos, frente a un creciente peso en valor de los medicamentos innovadores y de patente, que se negocian por adjudicación directa. El nuevo modelo acelera precisamente ese desplazamiento.
El segundo reto es la capacitación. Los médicos de primer contacto dedican menos del 5 % de su formación a estos temas, tradicionalmente territorio de especialistas. Sin una actualización masiva y protocolos claros de referencia, el modelo corre el riesgo de quedarse en el discurso. En el sector privado el desafío es aún más complejo: hoy cada órgano se atiende por separado. Falta ver cómo se integrarán endocrinólogos, cardiólogos, nefrólogos y médicos familiares bajo el mismo enfoque Macarenha.
Nadie debe esperar resultados inmediatos. Revertir décadas de daño clínico, cultural y educativo es una tarea intergeneracional que puede tomar 3 ó 4 quinquenios. Precisamente por eso debe empezar ya. Será importante que haya mediciones de los resultados y se transparenten. El retorno de la inversión no se medirá solo en pesos del PEF, sino en años de vida saludable recuperados; ojalá que menos familias devastadas por la diálisis o la amputación, y un sistema de salud menos asfixiado por las complicaciones.
México tiene la oportunidad de pasar de ser el ejemplo latinoamericano de la epidemia crónica fragmentada a un caso de referencia en atención integral. El anuncio es el primer paso. Los siguientes —presupuesto, abasto continuo y formación médica— definirán si el cambio es real o solo un buen titular.
Roche Diagnóstica México crece aceleradamente
En otro tema, Roche, la farmacéutica de origen suizo, no sólo desarrolla y vende medicamentos; también, tecnología de diagnóstico y soluciones digitales. Poco se conoce, pero su rol en esta área es cada vez más fuerte. Diagnóstica Roche México, que dirige Joao Carapeto, es número 1 en Latam y parte del topten mundial, con el mayor crecimiento de pruebas in vitro para cáncer, diabetes, Covid-19, hepatitis y virus del papiloma humano. En 2025 sus soluciones de diagnóstico cubrieron a 43 millones de personas y registró 13 nuevos productos lanzados al mercado; la meta para 2030 es llegar a 50 millones. En este 2026, esta división de diagnóstico de Roche proyecta inversiones por unos 4,000 millones de pesos en infraestructura tecnológica, centros de excelencia, educación y capacitación, así como en investigación en diagnóstico en México. Tiene proyectos con el Instituto Nacional del Cáncer que utiliza su solución de secuenciación, y con el hospital ISSSTE Zaragoza que utiliza su tecnología de análisis de pruebas sanguíneas para oncología, hematología, pediatría y urología. Entre sus retos está que México sea de los primeros países que reciben lanzamientos innovadores; también, realizar aquí más investigación y desarrollo (I+D). “En su evento TomorrowLab a donde asistieron laboratoristas, biólogos, químicos, bioquímicos y patólogos, la empresa presentó 3 soluciones innovadoras (incluido un software para uso exclusivo en investigación) que llegan al país para agilizar y acercar el diagnóstico en cada etapa del proceso: desde el punto de atención hasta la preparación en el laboratorio y el análisis con software.

