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Crédito para las pymes: la otra oportunidad del T-MEC

Soraya Pérez | Entre números
Una de las paradojas de la economía mexicana es que contamos con un sistema financiero sólido y bien capitalizado, pero el crédito sigue sin llegar con suficiente profundidad a una parte importante de nuestra estructura productiva: los pequeños negocios.
Las micro y pequeñas empresas representan más del 90 por ciento de las entidades económicas en México y contribuyen con más de 70 por ciento del empleo formal, pero la mayoría continúan enfrentando dificultades para acceder a financiamiento formal en condiciones adecuadas. Por eso, la siguiente frontera de la inclusión en México debe ser lograr que más personas pero también más empresas puedan utilizar al sistema financiero para generar ingreso, invertir y crecer.
En ese sentido, hay que reconocer que no todas las instituciones financieras cumplen la misma función. México tiene grandes bancos capaces de financiar proyectos de infraestructura y grandes corporaciones, pero también necesita instituciones especializadas en atender empresas pequeñas, microempresarios, trabajadores independientes y comunidades donde los modelos tradicionales de crédito no siempre funcionan.
Un ejemplo es Finsus, actualmente la SOFIPO número uno en México por activos, cartera y captación, cuya incorporación a la Unión de Instituciones Financieras Mexicanas (UNIFIMEX) fue aprobada esta semana por nuestro Consejo. La institución reporta más de 27 mil millones de pesos en activos y una cartera cercana a 20 mil millones, más de 90% destinada a pequeñas y medianas empresas. Su modelo combina procesos completamente digitales con nuevas herramientas para evaluar la capacidad de pago y ampliar el acceso al financiamiento. Los resultados muestran que inclusión y una adecuada gestión del riesgo pueden avanzar de la mano: la institución reporta resultados positivos y uno de los menores índices de morosidad del sector.
En esa sesión de Consejo tuvimos también la oportunidad de conversar con José Medina Mora, presidente del Consejo Coordinador Empresarial, sobre la integración económica de América del Norte y los retos de la próxima etapa del T-MEC. Pero junto con esta agenda, destacó otra de sus prioridades: impulsar el crecimiento de las pequeñas y medianas empresas mexicanas. Creo que ambas agendas están mucho más vinculadas de lo que parece. El verdadero potencial del T-MEC no debería medirse únicamente por el crecimiento del comercio o la inversión, sino también por nuestra capacidad para incorporar a más PyMEs mexicanas a las cadenas de valor de América del Norte.
Recozcamos que exportar, incorporarse a una cadena productiva o aprovechar las oportunidades del nearshoring resulta imposible si una empresa no tiene acceso a crédito, pagos eficientes y servicios financieros que acompañen su crecimiento. Ahí las instituciones financieras mexicanas que conocen y atienden a este segmento pueden convertirse en un verdadero puente entre la integración comercial y el crecimiento de las PyMEs.
Estoy convencida que la agenda financiera de los próximos años debería perseguir dos objetivos simultáneos: profundizar el financiamiento productivo y mantener los más altos estándares de integridad financiera. No existe contradicción entre ambos. Un sistema financiero más incluyente debe ser también más seguro, tecnológico y capaz de gestionar adecuadamente sus riesgos.
México no necesita solamente más crédito. Necesita mejor crédito y que éste llegue a empresas con capacidad de convertirlo en inversión, empleo y productividad. Si queremos que la integración de América del Norte se traduzca en mayor crecimiento para México, necesitamos también un sistema financiero cuya prioridad sea llevar sus oportunidades a quienes hoy todavía tienen dificultades para financiarlas.

