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Presidenta, ¡ya nos cayó el nuevo ‘recibo’ de luz!

Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas
La electricidad se encarece a una velocidad brutal. Aún no para ustedes, pero la primera ola de un tsunami inflacionario golpea las cuentas de la CFE en donde pocos revisan: las reparaciones, las inversiones, los fierros.
El epicentro del sismo está en Texas, Arizona o California, en donde todos quieren cables, interruptores, generadores y transformadores para conectar nuevos centros de datos que unos celebran y otros detestan.
Es el mismo equipo eléctrico que buscamos los mexicanos de este lado de la frontera.
A la CFE le llegó el ‘recibo’ en junio. Busquen en la página 4 de sus resultados financieros al segundo trimestre de 2026. Junio, vaya. Los reportes consolidados revelan que las reparaciones y mejoras están saliendo carísimas.
El primer síntoma es el flujo de efectivo. En el primer semestre, la CFE destinó 77 mil 219 millones de pesos a la adquisición de plantas, instalaciones y equipos, frente a los 28 mil 888 millones del mismo lapso de 2025. Es un brinco de 167%.
Ya sé que hay más frentes de obra abiertos y que la presidenta Claudia Sheinbaum advirtió desde el inicio de 2026 sobre su interés de invertir más de 700 mil millones de pesos este año en infraestructura eléctrica. El asunto es que cada kilowatt nuevo exige hoy desembolsos notablemente mayores que el año pasado.
Desde los almacenes de la CFE salen datos igual de reveladores: el inventario de refacciones y equipo saltó 25% en apenas seis meses, alcanzando 6 mil 760 millones de pesos.
El dato más revelador está escondido en la Nota 17, bajo el frío título de “Pasivos contractuales de largo plazo”, por casi 2 mil 300 millones de pesos, rubro que en 2025 no existía.
¿De dónde salió ese gasto? Sucede que en junio, la empresa eléctrica estrenó un mecanismo financiero a través del fideicomiso FORTASEN: emitió cartas de crédito por 131.6 millones de dólares con BNP Paribas y BBVA para las centrales de ciclo combinado de Altamira, Salamanca y Mazatlán.
La justificación está incluida en el reporte financiero: son anticipos para “asegurar el suministro de equipos principales” que ni siquiera han sido entregados.
Traduzcamos: los plazos de entrega de turbinas y transformadores pesados a nivel mundial se han estirado a tres o cuatro años; quien no aparta lugar con financiamiento bancario garantizado, simplemente se queda sin máquinas.
Atención: aquí no hay una revelación de malversación o uso indebido de dinero. Es algo más profundo y lejos del control nacional: un cuello de botella en la infraestructura global. El mundo no estaba listo para una demanda tan grande de productos eléctricos.
Es un tema del que he venido platicando aquí y que ya tiene repercusiones claras en México.
Éste es un mercado regional y, solo en el tiempo que acumula Sheinbaum en la Presidencia, la fabricación de equipos eléctricos se encareció 14 por ciento en Estados Unidos, de acuerdo con cifras de la Oficina de Estadísticas Laborales. Durante los últimos cinco años esos costos ya se elevaron 56 por ciento; y preparen dinero, porque la perspectiva no es halagüeña.
Ayer, el Departamento de Energía de Estados Unidos anunció el fin del periodo de comentarios para el borrador de su Estudio Nacional de Necesidades de Transmisión 2026.
Incluye la descripción del paso desde décadas de demanda relativamente estancada hacia una era de “unprecedented, exponential load growth” (crecimiento exponencial de carga sin precedentes), impulsada, entre otros factores, por centros de datos de IA a hiperescala y nuevas fábricas en el país. Ya abordaré el asunto.
Entramos de lleno a una etapa de altísimos gastos en energía. El país debe encontrar actividades que permitan encarar esos costos crecientes.
La única vía es vender también cosas caras, por ejemplo, en la cadena de suministro de nueva tecnología. Fabricar coches es barato y representa una industria disminuida, de cada vez menor valor agregado.
Urge aprender a hacer cosas nuevas. Pero ya.

