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Espejismo trimestral: PIB al alza, inversión fría

Enrique Campos Suárez | La gran depresión
Mañana pinta para ser uno de esos días de fiesta en Palacio Nacional por los datos económicos, con la novedad de que en esta ocasión podrían no tener que recurrir al imperio de los “otros datos”. A primera hora de este viernes 30 de octubre, el Inegi publicará la estimación oportuna del Producto Interno Bruto (PIB) del tercer trimestre de este 2026 y todo apunta a que las cifras podrían arrojar una agradable sorpresa para los datos estadísticos: un crecimiento que habría sido mejor al estimado.
Aunque el consenso de los analistas esperaba que la economía avanzara a paso lento el pasado trimestre (con un crecimiento estimado de apenas entre 1.1 y 1.4%), los datos recientes del Inegi apuntan a que el ritmo real fue mucho mayor, impulsado por sorpresas positivas en la actividad económica de agosto y septiembre. Esto implica que el PIB podría mostrar un brinco trimestral cercano a 1.0% -y una tasa anual superior a 3.0%-, superando claramente las previsiones más prudentes del mercado.
Sin embargo, antes de descorchar las botellas en la mañanera, vale la pena ver lo que sucede en la economía real. Este aparente repunte descansa en un brinco en el dinamismo del consumo y los servicios. Al contrastar este dinamismo con las entretelas del mercado laboral y la formación de capital, la narrativa triunfalista se viene abajo.
Y es que el empleo formal no acompaña este optimismo coyuntural. Los registros laborales del IMSS muestran una clara ralentización en la creación de puestos de trabajo permanentes, desacoplándose del dato que mañana publica el Inegi. Incluso las encuestas del propio instituto estadístico dejan ver que la aparente resistencia del mercado de trabajo se sostiene en un aumento de la subocupación y en un refugio constante dentro de la informalidad.
Más preocupante aún es que este consumo, que sería el motor del dato de mañana, no necesita de la inversión para brillar en el corto plazo; le basta el impulso de las transferencias públicas, las remesas y el crédito para mover la caja registradora y los indicadores macroeconómicos. Sin embargo, el consumo sin inversión es tan breve como un fuego artificial.
A pesar de los incrementos recientes, la Formación Bruta de Capital Fijo sigue sin encontrar un piso firme que le pueda dar forma a ese crecimiento necesario a mediano y largo plazos. Fueron muchos años de bombardeo a la confianza empresarial que llevaron a una cautela de los capitales ante un entorno condicionado por la incertidumbre jurídica, las cambiantes reglas del juego normativo y la falta de seguridad, en todo su abanico. Eso mantiene en pausa los grandes proyectos productivos.
Una economía sana no puede sostenerse a base de sorpresas estadísticas sujetas con alfileres. La lección que nos deja el tercer trimestre, y la buena cifra esperada para mañana, es que un buen dato del PIB no es sinónimo de fortaleza si el empleo formal pierde espacio y si la inversión privada se mantiene retraída por prudencia. Hay que celebrar el número, pero no hay que confundir la ilusión del dato estadístico con la realidad de la calle.
El PIB podría mostrar un brinco trimestral cercano a 1.0% -y una tasa anual superior a 3.0%-, superando claramente las previsiones más prudentes del mercado.

