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Opinión

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Y en la reunión de seguridad de alto nivel…

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En estos días se llevó a cabo la reunión de diálogo de alto nivel en materia de seguridad (DANS) entre México y Estados Unidos. Si bien es cierto que tanto el canciller Marcelo Ebrard -la parte visible de la delegación por parte de México-, hizo una buena intervención, aludiendo a una cooperación mutua para contener el problema tanto del tráfico de armas por parte de Estados Unidos hacia México, detención del flujo migratorio, y la contención  del tráfico de drogas por parte de México a Estados Unidos, donde incluso recordó los esfuerzos llevados a cabo por este gobierno, donde se llevó a cabo la captura de “algunos objetivos prioritarios” como acciones exitosas, la cosa no pasó de ahí.

Tanto por parte de la comitiva de los Estados Unidos conformada por el secretario de Estado Antony Blinken, el secretario de Seguridad Nacional, Alejandro Mayorgas y el fiscal general Merrick Garland, como por la de México, la reunión no dejó de ser una muestra pública de buenos deseos, en la cual históricamente se ha prometido colabores y apoyos conjuntos, sin llegar a verdaderos resultados medibles y cuantificables que se puedan catalogar de exitosos.

Y es que por más que el Gobierno mexicano, trate de decir que la cosa va mejor de nuestro lado, la realidad de todos los días que oscila entre 80 y 100 muertos, las desapariciones, las confrontaciones entre grupos de la delincuencia organizada y la ingobernabilidad de facto en algunos municipios, es imposible de negar. Nadie discute que la reunión de alto nivel entre ambas partes estuvo llena de buenas intenciones, como tradicionalmente han sido las anteriores. A todos nos queda claro que los problemas prioritarios entre ambos países son la migración, el tráfico de armas y el tráfico de sustancias ilegales, pero la cooperación y acuerdos conjuntos, que se han planteado desde hace muchos años, se quedan en eso.

Las armas pasan, los decomisos no están a la altura de los trasiegos y la migración continúa fortaleciendo a los grupos criminales en algunos estados. La cosa es clara, la responsabilidad corre por ambos lados de la frontera, de ahí que las peticiones sean genuinas, pero la cotidianidad muestra todo lo contrario. ¿Cómo justificar la presencia de fuerzas federales hasta el año 2028 si fuéramos por buen camino en temas de contención de la violencia? ¿Cómo explicar que, en lugares como Totolapan, Guerrero, o en Chenalhó, Chiapas, sólo por citar los eventos de esta semana, no se haya podido detener a ningún culpable, después de una masacre de más de 20 personas? ¿Y el desplazamiento forzado de una comunidad por la delincuencia? Esta es nuestra cotidianidad.

Estamos hablando de territorios con despliegues de fuerzas federales, que hasta la fecha no han dado resultados palpables para disminuir y contener los niveles de violencia del día a día. Repito, nadie discute que las reuniones de alto nivel entre ambos países sean importantes, pero, ¿qué hacer para que las buenas intenciones lleguen a la realidad de los ciudadanos de ambos lados de la frontera? 

Los años pasan y las promesas de coordinación interinstitucional y mesas de trabajo, pareciera ser que se alejan de la realidad… A cada país le toca hacer lo propio, a cada frontera lo suyo, no le demos tanta vuelta a algo que es evidente. ¿Queremos contener la criminalidad o solo gestionarla? Lo duro de esto, es que a diario pierde la vida gente inocente de ambos lados, y a veces esta desastrosa realidad, en el discurso se percibe -más de 100 mil muertes por fentanilo en Estados Unidos y cientos de muertes mensuales del lado mexicano-, pero la emergencia de verdaderas estrategias para transformar la realidad, aún no parece llegar... ¿Qué es lo que nos falta?

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