“Esto no es un país, es una fosa común con himno nacional”, es una frase que se lee en una de las pancartas de los manifestantes, contra la brutalidad policial en Colombia,  y que tristemente ilustra mucho de la difícil situación por la que atraviesa el país.

La gota que derramó el vaso, ha sido la muerte de Javier Ordoñez, un abogado de 43 años que murió a manos de la policía, pero lo que ha llenado el vaso, ha sido la acumulación de un hartazgo producido, por las promesas fallidas de justicia social, que ya no puede esperar más. 

Por lo que a la muerte de Ordoñez, habrá que sumarle la indignación provocada por el  nuevo incremento de la violencia sobre sectores afectados por el conflicto armado, la violación de los derechos de los ciudadanos, la débil implementación del proceso de paz con la guerrilla, la desigualdad social, y el incremento en los casos de corrupción.

La muerte de Ordoñez, fue grabada en un video que generó una avalancha de  ira en el país sudamericano. En el se muestra como dos policías lo detienen de una manera violenta por violar la cuarentena, lo presionan contra el piso, y le dan una y otra vez descargas eléctricas.

A pesar de esto, los forenses encontraron nueve fracturas craneales y golpes en el pómulo, el cuello, los hombros y el tórax que desembocaron en su muerte. La golpiza le fue dada dentro de un Centro de Atención Inmediata (CAI).

El hecho desató protestas en varios puntos del país y, hasta el momento, al menos 20 personas han muerto y cerca de 400 se reportan heridas, después de enfrentamientos con las autoridades colombianas, la mayoría en Bogotá. 

Mientras que según Carlos Holmes Trujillo, el Ministro de Defensa, 60 instalaciones policiales resultaron dañadas. También 91 vehículos, incluidos 77 autobuses de transporte público, así como cinco bancos y tres establecimientos comerciales.

La capital arde y parece que todos son culpables, menos los que disparan. Porque hay videos que muestran que los cuerpos encargados de mitigar la violencia respondieron con más violencia, y mientras el número de muertos y heridos aumenta, la población tiene la sensación de que los hechos quedarán en la impunidad. 

Como todo lo demás.

Según datos del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz), han ocurrido 55 masacres en Colombia en lo que va del 2020, la CEPAL calcula que la pobreza extrema pasará del 10.9% al 14.3% también en este año, el 24.9% de la población no tiene empleo, y el Ministro de Hacienda, Alberto Casquillo, ha declarado que derivado de la parálisis que desencadenó la pandemia y la caída de los precios del petróleo, el PIB se contraerá en 5.5 por ciento.

A lo que habrá que sumarle los escándalos de corrupción que rodean a un presidente que no ha logrado zafarse, de lo sombra del Uribismo, y que hoy por hoy, parece jefe de campaña de Gustavo Petro, rumbo al 2022.

Puesto que con su falta de tacto con la realidad, al declarar que “la policía tuvo una actitud gallarda” y que hay que tener “confianza en las instituciones”, le está entregado el país a la izquierda que tanto repudia.

Pudiendo esto último, tener cambios significativos en una región, que se reacomoda ideológicamente, hacia ese lado.

Mientras tanto, parece que en “la fosa común con himno nacional”, se entierra algo más que cadáveres. 

El último en salir apague la luz.

Twitter: @HenaroStephanie 

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Stephanie Henaro

Profesora de Geopolítica

El último en salir apague la luz

Analista y comentarista mexicana. Estudió la licenciatura en relaciones internacionales en el Tecnológico de Monterrey CCM y en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences-Po). Cuenta con una especialidad en política exterior rusa por el MGIMO de Moscú y una maestría en Geopolítica, Territorio y Seguridad en la Universidad de King’s College London en Inglaterra.