Las campañas electorales se nutren de la naturaleza de las teorías de conspiración, pero en el gobierno de Donald Trump su ecosistema político es una teoría conspiratoria.

The Washington Post ha contabilizado más de 20,000 mentiras en poco menos de cuatro años.

El involucramiento del hospital militar Walter Reed en la atención del presidente Trump durante el fin de semana reduce la probabilidad de un montaje, lo que es innegable es la manipulación en el manejo de la información sobre su verdadero estado de salud amenazado por el Covid-19.

Mark Meadows, jefe de gabinete de Trump, supo que tenía la atención de los principales medios de comunicación de Estados Unidos y del mundo el pasado sábado por la mañana. Unos minutos antes, el vacío de información producido de manera estratégica por parte del médico personal del presidente sembraría la duda sobre el estado de su salud.

Sean Conley eludió los cuestionamientos que varios periodistas le plantearon sobre el estado de salud del inquilino de la Casa Blanca. Su respuesta era necesaria para incluirla en la información que los mercados financieros demandaban, y sobre todo, para generar certidumbre en la gobernabilidad a corto plazo en Estados Unidos.

¿Cuál es la temperatura del presidente? ¿Ha recibido oxígeno? Las respuestas del doctor Sean Conley planteaban un escenario distinto. El presidente se encuentra “muy bien”, los médicos están “extremadamente contentos” con su condición y, finalmente, la estancia en el hospital respondía a una “medida de precaución”.

Desde el anonimato de “una fuente familiarizada con la salud del presidente”, se planteaba a un grupo de periodistas una versión alternativa a la esbozada por Sean Conley. “Los signos vitales del presidente durante las últimas 24 horas fueron muy preocupantes, y las próximas 48 horas serán críticas en términos de su atención. Todavía no estamos en un camino claro hacia una recuperación total”.

“Evidentemente Meadows era la fuente”, publicó Tim Alberta de Politico.com. “Era el único funcionario de la Casa Blanca en el hospital Walter Reed, y la única persona que podía haber informado de una manera rápida a los periodistas que se encontraban en el hospital”, complementa Alberta.

¿Quién es Mark Meadows? En enero de 2015, después de un intento fallido por parte de los extremistas del Tea Party en desplazar de la presidencia de la cámara de Representantes al republicano John Bohener, ocurrió una escena insólita.

Mark Meadows no había votado en contra de Boehner, pero sí había participado en la conspiración. Asustado por posibles represalias, el congresista novato de Carolina del Norte buscó una audiencia con Bohener.

“Estaba sentado en un sillón frente a mí. En un momento deja el sillón, se arrodilla y junta las manos junto a su pecho”, comenta Bohener a Alberta. “Señor presidente, ¿podría perdonarme?” (Politico.com, 3 de octubre). La escena también la presenció Mike Sommers, uno de los directores que trabajaban con Bohener, y la califica como “el comportamiento más extraño que nunca había visto en el Congreso”.

Meadows votó en contra de la reelección de Bohener al frente de la cámara de Representantes en 2015. “Me lo imaginé como una persona esquizofrénica cuando recibí una carta (de Meadows) en la que me decía que mi trabajo como orador de la cámara había sido admirable”, comenta Bohener.

Los enemigos de Mike Meadows lo describen como un “sociópata político, un perfil cuyo encanto y afabilidad esconden una capacidad para el engaño porque carece de emociones”, escribe Tim Alberta.

¿Por qué Mike Meadows fue designado por Trump para manejar un estrategia de comunicación internacional como es el contagio de Covid-19 por parte del presidente?

¿De qué manera Donald Trump desea aprovechar su enfermedad para escalar en las encuestas?

La enfermedad produce compasión, pero Trump es un virus.

faustopretelin@eleconomista.mx

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.