La posibilidad de la salida de López Obrador mediante la votación de revocación de mandato (RM) es una farsa bufa que inventó el presidente y que es un retroceso a nuestro proceso democrático. Una inconveniente salida por una puerta falsa. Pero vayamos por partes.

Una hipótesis indicaba que para la consolidación de la 4T y poder designar al candidato de Morena para darle continuidad al proyecto, AMLO precisaba mantener la mayoría calificada en la Cámara de Diputados, fortalecer a Sheinbaum ganando cuando menos 12 alcaldías en la Ciudad de México, y luego ganar el no en la votación de RM. Pero como sabemos el plan se descarriló para sorpresa del presidente: Morena perdió la mayoría calificada, fue apaleada en las alcaldías de la CDMX, y el mortal desplome de la Línea 12 minaron la capacidad de maniobra de López Obrador para apuntalar a sus posibles candidatos para 2024. La RM trae consigo complicaciones como por ejemplo que su organización por el INE es compleja y cara. Legalmente no hay freno para que AMLO durante todos estos meses haga una campaña abierta y muy activa.

Conviene repasar las reglas para el proceso de RM: entre el 1 de noviembre y el 15 de diciembre próximos, uno o varios partidos deberán solicitar al INE formalmente que lleve a cabo la votación de RM, debiendo acompañar la solicitud con cuando menos el 3% de firmas del padrón vigente, poco más de 2.8 millones. Ya en sí validar en tan poco tiempo tantas firmas es una tarea colosal. Luego, si se concede el proceso, éste se llevaría a cabo en marzo de 2022. Para que la votación sea válida, deberá votar cuando menos el 40% del padrón, es decir, cerca de 37.6 millones de personas.

Entonces el sí o el no para la RM ganaría por mayoría simple. Supongamos que en ese escenario ganara el sí. López Obrador se iría, y el Congreso en pleno, por mayoría simple, designaría al presidente sustituto para finalizar el sexenio. Sería un terreno no recorrido desde 1932 (con el presidente sustituto Abelardo L. Rodriguez). Sería previsible la influencia de AMLO para esa designación además de que seguiría gobernando tras la cortina manejando a un títere. Se debilita la institución presidencial y la democracia pierde, sin duda, en ese escenario.

Pudiera darse el caso de que votaran menos del 40%, en cuyo caso, si gana el sí, el presidente no saldría, pero quedaría muy debilitado. Quizá a ese escenario le apuesta la oposición. ¿Qué le conviene a López Obrador? Evitar el riesgo y que desde un inicio no se juntara el 3% de las firmas. Con ello, podría echarle en cara a la oposición que tuvieron la oportunidad de deshacerse de él, pero no la aprovecharon. Además, diría que es una muestra de que el “pueblo” considera innecesario votar la RM porque está convencido de que la 4T tiene que continuar.

Sea como sea, la RM es otro distractor para los siguientes meses. Lo que es un hecho es que la sucesión a la vieja usanza priísta se le ha complicado a AMLO. Tiene que buscar más fichas en su entorno para la candidatura, quizá algún colaborador que tenga escondido en el despacho presidencial. La cuenta regresiva de su ocaso natural está avanzando...

Twitter: @frubli

Federico Rubli Kaiser

Economista

Revista IMEF

Economista egresado del ITAM. Cuenta con Maestría y estudios de doctorado en teoría y política monetaria, y finanzas y comercio internacionales. Columnista de El Economista. Ha sido asesor de la Junta de Gobierno del Banxico, Director de Vinculación Institucional, Director de Relaciones Externas y Coordinador de la Oficina del Gobernador, Gerente de Relaciones Externas, Gerente de Análisis Macrofinanciero, Subgerente de Análisis Macroeconómico, Subgerente de Economía Internacional y Analista.

Lee más de este autor