Como única medida para enfrentar el cierre de la economía, el Estado mexicano a través del Banco de México y la CNBV permitieron que la contabilidad de los bancos comerciales se modificara para abrir la posibilidad de que los clientes pudieran suspender seis meses el pago de sus amortizaciones sin penalización. Esta medida estrictamente contable no quebrantó créditos hipotecarios o empresariales. Entre tanto, los bancos no tuvieron que generar reservas, pero sí disminuyeron sus flujos y bajaron sus utilidades. Durante los últimos 20 años se hizo un notable esfuerzo para construir un sistema bancario suficientemente sólido a través de una estricta regulación y supervisión, incluso superior a los países desarrollados, a la par que se acumuló una fuerte capitalización por encima de los estándares internacionales. En estos años también se aplicó una política monetaria muy restrictiva; la tasa de interés llegó a 8 por ciento.

En estos momentos de gravedad económica, es la política monetaria la única que está en posibilidades de implementar medidas contracíclicas para disminuir el efecto adverso del largo confinamiento y la falta de certidumbre. Como se mencionó, mediante modificaciones contables, algo de inyección de liquidez y baja en la tasa de interés, el país ha impedido que, hasta ahora, la situación contamine al sistema financiero. Sin embargo, está llegando la hora. Al cumplirse el plazo de seis meses de las reestructuras de marzo, ya con menos imaginación, las autoridades financieras y la ABM propusieron ideas para volver a reestructurar créditos. Los bancos podrán condonar capital, ampliar los plazos o bajar la tasa de interés. No obstante, la economía no está bien, falta recuperar los empleos perdidos, muchas empresas cerraron o no están en condiciones de hacer frente a sus créditos en las condiciones de inicio de año. Con las personas físicas sucede lo mismo, o disminuyeron su sueldo o perdieron el trabajo. Es inevitable que la situación alcance al sistema financiero.

Es necesario una nueva ola de reestructuras a fondo, para ello se requiere empatía y solidaridad de todos. Cuesta trabajo pensar que los bancos vayan a querer condonar parte del capital de los créditos. En las tasas puede que ocurra lo mismo; por lo que quedará la ampliación del plazo y quizá tomar propiedades como dación en pago, antes de que las cosas empeoren. Estas posibilidades ponen en riesgo los bienes y empresas de cientos de personas, como paso previo para observar quebrantos en el balance de los bancos. Ojalá el golpe al sistema sea lo menos costoso posible, ya conocemos la historia de cuando las crisis llegan a los bancos.

@DrCarlosAlber10

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.