Conforme se acercan las elecciones, cada vez se vuelve más difícil platicar con alguien que piensa distinto. Tanto en reuniones como en redes sociales, las posturas se han radicalizado y los comentarios viscerales y descalificaciones han sustituido a los intercambios de ideas. En una primera mirada parece que los “otros” se han vuelto intolerantes y emocionales. Pero seguramente lo mismo piensa algún “otro” de nosotros. Siendo honestos, ¿qué tan abiertos estamos a escuchar a los que quieren votar por una opción diferente a la nuestra? ¿Por qué nos cuesta trabajo escuchar con una mente abierta y, más aún, por qué ni mirando datos duros nos permitimos cambiar de opinión?

Una teoría que ayuda a entender esta dificultad es el “sesgo de confirmación”. Este sesgo cognitivo describe lo selectivos que somos al escuchar diferentes puntos de vista. Por un lado, estamos mucho más dispuestos a escuchar, creer y recordar aquello que confirma lo que pensamos, y por el otro, tendemos a dudar, rechazar o ignorar aquello que se opone a nuestra forma de pensar. Ésta no es una reacción consciente, es emocional y sucede de forma automática en nuestro cerebro. Varios estudios han demostrado que al escuchar una postura que amenaza nuestra cosmovisión, el cerebro responde fisiológicamente activando las mismas partes que cuando detecta peligro. Es decir, al escuchar argumentos en contra del candidato que apoyamos, nuestro cerebro nos pone a la defensiva, al igual que si hubiéramos visto a un alacrán en nuestra almohada. En este estado emocional-defensivo difícilmente podemos tener discusiones plurales e incluyentes.

¿Cómo encontrar puntos medios, lugares de coincidencia? Es difícil cuando no estamos de acuerdo ni en los datos duros. Al discutir con un “otro”, sentimos que lo que necesitamos es un juez. Un intermediario imparcial, que pueda validar los hechos y que eso pueda resolver las disputas. La iniciativa #Verificado2018 me parece una magnífica herramienta para este fin. Como explican en Verificado.mx, es un proyecto que se dedica a verificar noticias falsas, promesas irrealizables y críticas sin fundamento con el apoyo de casi 60 medios (incluyendo El Economista), organizaciones de la sociedad civil y universidades. Uno pensaría que, al presentar hechos comprobados, sería más fácil entender que a veces nuestro candidato no ha sido honesto y el adversario sí, y que ello ayudaría a matizar actitudes.

Creo que el trabajo de #Verificado2018 es fundamental. Pero no creo que ayude a este fin precisamente por el sesgo de confirmación. Sospecho que la gente que lo consulta elige leer las verificaciones que confirman su postura e ignora o pone en tela de juicio las que se oponen a ella. Hay una resistencia a cambiar de opinión aun teniendo hechos enfrente. Es más, este sesgo puede generar un efecto contraproducente. A medida que cada quién favorece la información que confirma su punto de vista, su postura se va rigidizando. Cada trinchera ideológica se va volviendo más profunda, polarizando las opiniones aún mas.

De cualquier manera, el propósito de #Verificado2018 es combatir las noticias falsas y no evitar la polarización del electorado. En ese sentido, para mí la contribución más valiosa de #Verificado2018 es detectar a los generadores de fake news. El verdadero combate a este enorme mal está en la prevención. Es casi imposible anular el efecto que ya tuvo en nosotros una noticia que nos impactó. Aunque luego nos digan que es falsa, ya movió nuestra percepción a nivel emocional. Esto lo saben bien los bots y las granjas de trolls, que se la pasan esparciendo noticias falsas para influir, sin importar que luego sus contenidos sean desmentidos. Sería útil que se difundieran más las listas de generadores de fake news para que la mayor parte de la gente los dejara de seguir.

#Verificado2018 está haciendo su chamba. ¿Nosotros, los ciudadanos, estamos haciendo la nuestra? Al estar conscientes del sesgo de confirmación podemos esforzarnos por actuar diferente. Pensemos bien antes de propagar lo que pueden ser fake news o información que no sabemos de dónde proviene. Y cuando el “otro” nos active una reacción visceral, recordemos que nuestra actitud defensiva es una reacción fisiológica. Respiremos profundo sabiendo que no pasa nada si seguimos intercambiando ideas, el “otro” no es un alacrán en nuestra almohada.