Boris Johnson recabó millones de likes durante la campaña de odio contra la Unión Europea.

El odio es fruto envenenado del miedo. Lo sabe Boris. De ahí su admiración por Steve Bannon, el guionista de Trump que utilizó a The Economist como anatema descargable en iTunes.

De la aplicación Make America Great Again Trump logró millones de descargas en las mentes de una demografía incrédula de la clase política y abierta a creer en fórmulas de fantasía: la bandera como terapia de quiebra; el himno como oración para lograr el milagro de pagar la tarjeta de crédito, lo mismo Harrods que El Palacio de Hierro; la economía cerrada contra los principios racionales de David Ricardo (ventaja comparativa).

Boris forma parte de la primera generación Brexit. A diferencia de Cameron y May, el nuevo primer ministro está convencido de que la mentira es la ruta más corta hacia la popularidad. Cameron y May hicieron campaña en contra del Brexit con la boca chiquita. Boris encontró en el odio hacia la Unión Europa su estrategia para mudarse al 10 de Downing Street.

De esta manera, Boris vuela como kamikaze para llevar a su país a un Brexit sin acuerdo; poco le importan los reportes del Banco de Inglaterra. El divorcio sin anestesia tendrá un costo de 100,000 millones de euros para el Reino Unido acompañado de una caída de 8% de su PIB a lo largo de 10 años.

Desde el referéndum, la libra esterlina ha perdido alrededor de 15% de su valor, por la pérdida de atractivo del Reino Unido para los inversionistas internacionales. Ahora se cambia por 1.12 euros y 1.27 dólares.

El “cueste lo que cueste” de Boris es la versión del “haiaga sido como haiga sido” de Calderón. “El Brexit fue una decisión fundamental del pueblo británico y hay que respetarla, con o sin acuerdo. No hay peros que valgan”, dijo Boris en su discurso inaugural.

Boris es un actor. “Su popularidad hay que entenderla por su capacidad para representar a un querido estereotipo de la sociedad británica: el personaje de clase alta, educado en sus mejores instituciones, pero que en lugar de mostrarse altivo, deambula con un estudiado desaliño, utilizando sus años de debates dialécticos en Oxford para lanzar continuas frases ingeniosas que desarman a su audiencia”, escriben Amparo Polo y Roberto Casado en el diario español Expansión.

Si Berlusconi despertaba entre los italianos una extraña seducción (objeto de aspiración entre un segmento de la población, quizá por poseer los tres poderes: económico, político y mediático; rey de las orgifiestas), Boris ha fabricado una popularidad para ser consumida en los tabloides sensacionalistas.

Escribió en el Telegraph (no es sensacionalista pero sí proclive al Brexit), mejor conocido como el “Torygraph” por sus vínculos con el Partido Conservador. Muchos de sus lectores son jubilados con creencias conservadoras, lo mismo en política como en temas sociales. Al promover el Brexit, The Telegraph optó por tratar con terciopelo a Nigel Farage dejando el papel secundario a Theresa May.

La mayoría de los afiliados del Partido Conservador leen The Telegraph o The Daily Mail.

Si Trump esconde su ignorancia a través del odio, Boris esconde su inteligencia detrás de una máscara populista. Ambos participaron en programas de televisión. En Have I Got News for You, Boris realizaba sátiras. Así logró permear su imagen entre la audiencia de la telebasura. Como Trump y Berlusconi.

La política se ha convertido en un producto para ser consumido en las redes sociales. Político que no polariza, político que navega sobre el océano del fracaso. Boris divierte y divide. Condimentos necesarios y suficientes para haber llegado a Downing Street en esta era, la oclocracia digital.

La estrategia

El miércoles, Boris hizo un discurso nada conciliador con la Unión Europea. El evadir el salto de la fantasía (de la campaña) a la realidad (de gobierno) revela un secreto: convocará a elecciones. Sólo así su país evitará un Brexit sin anestesia, es decir, sin acuerdo. De lo contrario, el 31 de octubre la economía británica sufrirá.

La oposición, para Boris, tiene cara de caramelo. Sabe que los laboristas no pasan por un buen momento. Jeremy Corbyn, el ambiguo, sobrevivió gracias a la ambigüedad de May. Ahora, no. Boris le ganaría con facilidad ante unas eventuales elecciones.

Boris está armando el primer gobierno-Brexit. Sajid Javid (Tesoro), Priti Patel (Interior), Dominic Raab (Exteriores) y Stephen Barclay (Brexit), eurófobos. Todos con discursos de odio hacia la Unión Europea. Esta es la tarjeta de presentación que le ha entregado a Michel Branier, el negociador europeo sobre el Brexit.

Llega Boris en plena canícula europea. El equipo Trump está creciendo. Su influencia ya se siente en México a través de rasgos xenofóbicos de una parte de la sociedad y de la complicidad del gobierno de López Obrador y Marcelo Ebrard. Bienvenido, Boris.

@faustopretelin

Fausto Pretelin

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.