La desigualdad es lo más normal. Ningún humano es idéntico a otro, ni física ni intelectualmente, ni en posición social o económica. El problema surge cuando los privilegiados vemos como algo normal la pobreza, la miseria y la desigualdad. Tan normal que ya no las percibimos, vemos pero no miramos, no nos damos cuenta de que existen.

El fenómeno no es nuevo entre nosotros, hay testimonios de agudas diferencias desde la época del mundo indígena hasta estos días, pueden escribirse muchos volúmenes con las evidencias. Lo interesante es advertir las características que hoy tiene el fenómeno y darnos cuenta también de que en pocas décadas adquiere dimensiones impresionantes.

Recuerdo que saludé con la mano al ex Presidente Ávila Camacho y contestó con la suya y una sonrisa, iba sentado en la parte trasera de un Cadillac 1941 negro siete asientos, el auto salía de la avenida Sonora para tomar Insurgentes. En este tiempo, en avenida Reforma, amables vendedores ofrecían a los automovilistas gusanos de maguey, algodones y palanquetas, únicos ambulantes por aquel entonces. Los cuicos ordenaban el tránsito desde unos taburetes colocados en el centro del cruce de las calles. Casas y coches eran modestos, lo mismo que los viajes a los hoteles de lujo de la época; hoy serían de tercera Veracruz, Puebla, Tehuacán, Acapulco, Fortín de las Flores, San José Purúa, Cuernavaca, Taxco...

Si se hace un esfuerzo para abrir los ojos percibiremos nuestra realidad pelona: la ostentación es insultante, palacetes, yates, carrazos; guaruriza para cuidar a los ricachones de medio pelo; condominios playeros; harta lana se gana aquí y se gasta fuera; qué quiere usted, es la globalización. Los que antes aceptaban de buen grado vivir pared de por medio junto a un pobre ocupan ahora barrios exclusivos, lo más lejos posible de los rumbos polvorientos dejados de la mano de Dios... Y del gobierno.

Todo favorece la parcelación de la sociedad mexicana, especialmente la publicidad, aquí los blanquitos de la telenovela, allá los pobres ignorados. Divididos en estancos, esto es, incomunicados entre sí. ¿Vamos todos hacia un batidillo como el michoacano?

¿Soluciones? La responsabilidad social de los que todo tienen. Estaremos mucho mejor si hay igualdad de oportunidades educativas, o sea, que cada quien tenga ocasión de desarrollar sus capacidades. Conciencia y educación, la única mezcla de pegamento que puede apretar el entramado social, peligrosamente ya bastante desmadejado.

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