En menos de cuatro meses se han encontrado en Jalisco tres grandes fosas clandestinas con al menos 108 cuerpos enterrados clandestinamente. Se trata no solamente de hallazgos macabros, sino sumamente preocupantes.

El 19 de febrero se encontró una fosa clandestina en el municipio de Tlajomulco, cerca de Cajititlán, donde estaban enterrados al menos al menos 17 cuerpos.

Estos entierros clandestinos se suman a las narcofosas encontradas en La Barca y en Zapopan. El 9 de noviembre, mientras se buscaba a tres policías federales extraviados, se dio con la narcofosa más grande hasta ahora encontrada en Jalisco; hasta mediados de diciembre se extrajeron 67 cuerpos, a los que se sumaron otros siete a mediados de enero de este año. En total 74 cuerpos asesinados (muchos mutilados) se encontraron en La Barca, la segunda narcofosa más grande encontrada en el país.

Casi un mes después del hallazgo en La Barca, en Zapopan, cerca del poblado de Tesistán, empezó la excavación de varias fosas donde al final se encontraron 17 cuerpos. En las tres narcofosas, según las autoridades de Jalisco, se presume que los responsables de los levantones, asesinatos y enterramientos clandestinos son células del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG).

El hallazgo de estas narcofosas obliga a encontrar una explicación seria sobre una maquinaria de muerte operada por una o varias organizaciones del crimen organizado que tienen asiento en Jalisco, y de los nexos que necesariamente deben tener con autoridades locales y federales para que una cadena de múltiples asesinatos (con secuestros y levantones previos), terminen con el enterramiento clandestino de decenas de cuerpos en múltiples territorios de la entidad.

A la vez, el hallazgo de estas tres narcofosas obliga a revisar el discurso y la narrativa sobre la supuesta tranquilidad y paz que imperaba en Jalisco, según repitieron a lo largo del sexenio el gobernador Emilio González Márquez, su secretario de Gobierno Fernando Guzmán; y su secretario de Seguridad, Luis Carlos Nájera Gutiérrez de Velasco, mantenido como Fiscal General en el gobierno actual del priista Aristóteles Sandoval Díaz.

Las tres narcofosas con 108 cuerpos asesinados obliga a reconsiderar a Jalisco en el mapa de la violencia que hay en el país. Todo indica que Jalisco también ha sido una plaza fuertemente disputada por las empresas capitalistas que se dedican al crimen organizado, pero que se maquillaron y ocultaron cifras y hechos para dar apariencia de paz y tranquilidad.

Un dato en este sentido es contundente: la Procuraduría General de Justicia del Estado que encabezaba el panista Tomás Coronado Olmos, no cumplió con más de 40 mil órdenes de aprehensión, según denunció el actual fiscal central Rafael Castellanos (Conciencia Pública, 11 mayo 2013). Además muchas de esas órdenes de aprehensión se archivaron de modo inexplicable, según contó un alto funcionario del actual gobierno.

Pareciera que se permitió o se hizo de la vista gorda para que el crimen organizado desapareciera, matara y enterrara a sus anchas, sin que se admitiera y denunciara el alto nivel de violencia que estaba ocurriendo en la entidad. Es un asunto sumamente grave que debe ser esclarecido.

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