En los últimos meses se han venido haciendo fuertes críticas al gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador por su falta de apoyos a la economía, afectada seriamente por el freno iniciando 2019 y que se profundizó con la pandemia del Covid. En un ciclo económico tan bajo como al que asistimos desde hace dos años, se requiere de todo el arsenal de política económica con que cuenta el Estado. Así, por el lado monetario, el Banco de México ha inyectado miles de millones de pesos al mercado, ha venido bajando el costo del dinero y ha promovido que los bancos flexibilicen su contabilidad para permitir reestructuras de los créditos. Lo anterior está siendo insuficiente y no asegura que el sistema financiero pueda llegar a presentar una severa crisis de cartera vencida en detrimento de los ahorradores y del capital del país. Esta situación se hace más evidente cuando observamos que luego de dos meses de recuperación económica (junio y julio), agosto no presentó buenos números, a lo que se suma la falta de estímulos fiscales vía devolución rápida de impuestos o diferimiento de su pago, sobre todo a las pymes y profesionistas.

Pero antes de estas circunstancias de coyuntura, aprendimos lo que hoy puede ser una mala costumbre: las compras a “meses” son la única opción para comprar en México. Esta realidad representa un arma de dos filos. Por un lado, ha apoyado el consumo de millones de personas que, en caso de no contar con los meses sin intereses, no hubieran tenido oportunidad de adquirir diversos bienes y servicios. Empero, por el otro lado, ha dejado toda la responsabilidad del consumo y el fortalecimiento del mercado interno a los consumidores y bancos. Lo anterior ha eximido de la responsabilidad de mejorar el mercado interno a las grandes cadenas departamentales como Walmart o Sanborns, Liverpool, Palacio de Hierro y el resto de las cadenas de tiendas afiliadas a la ANTAD. Lo mismo ha ocurrido con las marcas y distribuidores que lejos de buscar mejorar sus precios los han venido aumentando año con año. Al no verse en la necesidad de mejorar sus precios porque la venta se las resuelven los consumidores y bancos, no han encontrado el suficiente incentivo para aportar más a la economía. Todo el beneficio ha sido para las tiendas y marcas y toda la responsabilidad y riesgo se ha concentrado en los consumidores y bancos.

Las compras a “meses” deben replantearse en México para que éstas sean un complemento y no la única vía existente. La sociedad mexicana debe avanzar hacia una cultura empresarial más agresiva y solidaria con el país. La reactivación económica y el crecimiento es responsabilidad de todos, no nada más de los bancos y compradores. Todos debemos exigir que, en lugar de ofrecernos meses sin intereses, marcas y tiendas ofrezcan verdaderos descuentos en las mercancías, desplacen fuertemente inventarios y sacrifiquen una parte de sus ganancias en beneficio de todos. Es increíble que en este momento tan difícil se aprecie que, luego del encierro por el Covid, vaya uno a las tiendas y los propios vendedores le digan al consumidor que no hay descuentos, por el contrario, los precios subieron y que sólo hay, claro: compras a meses.

@DrCarlosAlber10

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaría de Hacienda, en Washington, DC y en la Presidencia de la República. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas.

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