La política es la ciencia de los equilibrios. El secretario de Relaciones Exteriores Marcelo Ebrard articuló una estrategia con la que le quita gramaje vitamínico al polémico viaje del presidente López Obrador a Washington y se lo transfiere al virtual candidato demócrata Joe Biden.

El pasado lunes se cumplió el primer aniversario del ataque de odio en contra de población latina en El Paso, Texas, en el que Patrick Wood Crusius asesinó a 23 personas, nueve de ellas de nacionalidad mexicana.

Sin pudor alguno y horas antes del atentado, el joven de 21 años decidió esparcir odio en las redes sociales en contra de sus potenciales víctimas que, por azar, se encontraban ese sábado 3 de agosto en la tienda WalMart del centro comercial Cielo Vista. “Si podemos deshacernos de suficientes personas, nuestra forma de vida puede ser más sostenible”. Wood Crusius no quería dejar a la libre interpretación los perfiles étnicos de sus víctimas. Se refirió a ellas como la “invasión hispana de Texas”. Su fraseo no es ajeno a los códigos lingüísticos de odio que utiliza el presidente Donald Trump.

El secretario Ebrad organizó un evento virtual para recordar a las víctimas. Su eje discursivo fue la lucha contra el supremacismo. “No podemos permitir que esa doctrina y sus allegados puedan transitar tranquilamente”. No hay mejor publicista en Estados Unidos que el habitante de la Casa Blanca. Trump ha promocionado el supremacismo sin pudor alguno. “Si no hay una respuesta contundente y permanente de nuestra parte ante las expresiones supremacistas y de odio, nuestras comunidades estarán en riesgo, no sólo en Estados Unidos, también en otras regiones del mundo”, comentó Marcelo Ebrard.

En temporada electoral el lenguaje político sólo se comprende conjugando el verbo competir. Bajo este entorno Marcelo Ebrard articuló muy bien su estrategia porque su mensaje hizo más olas en la campaña de Joe Biden que en la opinión publicada en México. Es claro que Ebrard coordinó su mensaje con el demócrata.

El mismo lunes, Biden subió un video a sus redes sociales sobre el atentado en contra de los latinos. En Twitter, lo acompañó con el siguiente mensaje: “Hace un año un supremacista blanco, armado con un rifle semiautomático atacó a gente en El Paso. Pensó que con su odio hacia los latinos y los inmigrantes iba a demostrar superioridad sobre la cultura y la vitalidad de la comunidad. Él estaba equivocado”.  El video de Biden dura tres minutos y medio. Con sus primeras palabras recuerda que los habitantes de El Paso mantienen permanente interacción con los de Ciudad Juárez. Por momentos, el mensaje de Biden es idéntico al de Ebrard: “Este es un momento para invocar el propósito de lo que sentimos hace un año (...) un momento para comprometerse con la batalla contra el supremacismo blanco, el odio y la violencia armada. No será fácil, pero es una batalla que debemos ganar”.

Hace un año el secretario Marcelo Ebrard calificó como “ataque terrorista” lo ocurrido en El Paso, y empujó a la agenda bilateral el tema del traciego de armas estadounidenses hacia México. Este lunes, Biden dijo: “Tenemos que desaparecer estas armas de guerra de nuestras comunidades y responsabilizar a los fabricantes que provocan mucho daño”. Finalmente, Biden colocó a Trump como blanco de su mensaje: “Nosotros como americanos debemos hacer lo que nuestro actual presidente no puede hacer, tenemos que permanecer juntos, permanecer juntos contra el odio y levantarnos por lo que nuestra nación cree”.

La concatenación de los mensajes de Ebrard y Biden es perfecta, y la sincronización, más. No existen las casualidades en política.

El trabajo de Marcelo Ebrard y Roberto Velasco, subsecretario de facto, es fino e inteligente porque no generó ruido en México. La estrategia fue leída en Estados Unidos en clave electoral, y particularmente en la campaña de Biden. El uso de los códigos diplomáticos tienen la virtud de que no se ven, pero sí se sienten.

Fausto Pretelin Muñoz de Cote

Consultor, académico, editor

Globali... ¿qué?

Fue profesor investigador en el departamento de Estudios Internacionales del ITAM, publicó el libro Referéndum Twitter y fue editor y colaborador en diversos periódicos como 24 Horas, El Universal, Milenio. Ha publicado en revistas como Foreign Affairs, Le Monde Diplomatique, Life&Style, Chilango y Revuelta. Actualmente es editor y columnista en El Economista.