En fechas recientes, al justificar el relevo de Carlos Urzúa como secretario de Hacienda, el presidente López Obrador minimizó el hecho al señalar que Benito Juárez había tenido más de 30 titulares de Hacienda en sus casi 15 años al frente del Ejecutivo federal. El dato fue casi exacto: el Ministerio de Hacienda de Juárez contó con 29 titulares.

Para singular número de relevos, Juárez utilizó a 17 colaboradores. De ellos, ocho funcionarios repitieron un par de veces y tres de ellos —Matías Romero, Guillermo Prieto y Juan A. Zambrano— fungieron tres veces como tal. Del resto, cuatro de ellos sirvieron otras carteras, de los que destaca Melchor Ocampo, quien fuera titular de diversos ministerios hasta en siete ocasiones y un par más como encargado del despacho.

Cabe destacar que 12 ministros de Hacienda no duraron en sus cargos más de un mes, ocupando uno de ellos la oficina sólo dos días. Únicamente tres secretarios duraron más de un año en funciones, siendo José María Iglesias el de mayor permanencia (tres años 11 meses).

El panorama no fue muy distinto en las otras siete carteras del gabinete juarista. Don Benito realizó, en total, 107 nombramientos de ministros, de los que destacan los mencionados 29 casos en Hacienda, 24 en el Ministerio de Relaciones Exteriores, 24 en el Ministerio de Gobernación y 16 en el Ministerio de Guerra y Marina. Para este centenar de enroques, Juárez ocupó a 42 colaboradores, de los cuales cerca de la mitad fueron ministros más de una vez.

El promedio de permanencia en las otras carteras fue similar a lo sucedido en Hacienda. Ignacio Mejía, como ministro de Guerra y Marina, fue el colaborador de mayor duración del 25 de agosto de 1865 al 18 de julio de 1872, al morir el ilustre oaxaqueño.

La centena de movimientos en el gabinete se explican por la duración de la Presidencia juarista (de enero de 1858 a julio de 1872) y por el itinerante andar de la silla presidencial por Guanajuato, Guadalajara, Veracruz, San Luis Potosí, Monterrey, Saltillo, Chihuahua, Paso del Norte, Durango, Zacatecas, Querétaro y el Distrito Federal (incluidos dos destierros en Estados Unidos), todo ello provocado por la Guerra de Reforma, la Intervención Francesa y la Restauración de la República, que culminó con el fusilamiento de Maximiliano de Habsburgo.

El que Juárez sea el alter ego de López Obrador es un arma de dos filos. Por supuesto que destacaron en el benemérito su vocación de consolidar una república liberal y laica, la conformación de instituciones civiles, su austeridad, el acompañamiento de mentes brillantes y su innegable inteligencia.

Sin embargo, el zapoteco tuvo un déficit terrible en su sometimiento a Estados Unidos y en su acomplejado desprecio a los indígenas, a las baja californias y al voto electoral, pues no debe olvidarse que prolongó su mandato presidencial en dos ocasiones, una por el torcido conteo del tiempo en que no pudo ejercer el poder y otra por un simple decreto. Juárez se dijo creyente de las leyes, pero siempre se sintió por encima de ellas. ¿Con qué Juárez se identificará finalmente López Obrador?

@erevillamx

Eduardo Revilla

Profesor Derecho Fiscal ITAM

Recursos Públicos

Abogado por la Escuela Libre de Derecho. Socio de Revilla y Álvarez Alcalá, S.C. Fue Director General de Asuntos Fiscales Internacionales de la SHCP y representó a la dependencia en foros y organismos internacionales. Actualmente es profesor de Derecho Fiscal en el ITAM. Es miembro de la International Fiscal