Todas las empresas y negocios quieren tu dinero. De eso viven. Por eso crean no sólo productos y servicios: también crean necesidades que antes no teníamos. Nos tientan y utilizan distintas técnicas de psicología (como las que mencionamos en las dos últimas columnas), mercadológicas y publicitarias que tocan nuestros más profundos sentimientos y nos hacen sentir que debemos tener, para pertenecer. O que no queremos perdernos de una “gran oportunidad”.

Todos los días recibimos una gran cantidad de mensajes por todos lados, especialmente en redes sociales. Las empresas rastrean nuestra actividad, saben qué sitios navegamos y qué términos hemos buscado, muchas veces sin nuestro permiso (aprendamos a cuidar nuestra privacidad). Usan técnicas de big data para correlacionar datos que no tienen aparentemente nada que ver, para darse cuenta de cuáles son nuestros hábitos de consumo. Por eso nos aparecen anuncios “relacionados a nuestros intereses” en todos lados y mensajes, que bien dirigidos, nos terminan por enganchar.

Recuerda: todos quieren tu dinero, que lo gastes en los productos y servicios que ellos te ofrecen. Ahora bien, siempre he dicho que manejar correctamente las finanzas personales no se trata de no gastar, pero sí se trata de dirigir tu dinero a las cosas que son más importantes para ti, tus prioridades. Por eso es tan importante tenerlas claras.

Yo no creo que la prioridad de una persona sea vivir endeudado y sin embargo tanta gente vive de esa manera por caer en ciertas trampas del dinero que les brindan un satisfactor de corto plazo, pero que a la vez les hacen perder el foco en lo que es importante.

¿Cuáles son esas trampas del dinero que debes evitar?

1. La más obvia es comprar a meses sin intereses cosas que deberías pagar de contado. Por ejemplo, no pongas a meses el súper de la semana, o la cena en un restaurante, ropa o boletos de un concierto.

Hacer esto implica comprometer parte de tu ingreso futuro por una comida que ya digeriste o por un espectáculo que ya disfrutaste. ¿Realmente quieres seguir pagando eso durante el próximo año? Vas a tener entonces menos dinero disponible para otras cosas y te vas a sentir más apretado.

De hecho, creo que es importante evitar los meses sin intereses y en general el crédito al consumo, porque cuando lo usamos, estamos gastando dinero que aún no hemos ganado. Es decir, estamos viviendo por detrás y no por delante. Es muchísimo menos estresante primero ahorrar y planear, después comprar, particularmente cuando se trata de un gasto grande.

¿Quiero cambiar de celular el próximo año? Lo voy “pagando” desde ahorita y cuando llega el momento, lo pago de contado. No me estreso. Y si surge alguna otra situación o algo que sea más importante, en lugar de tener un compromiso que me quita flexibilidad, tengo dinero ahorrado que podría redirigir hacia eso, en caso necesario. Tengo opciones y eso es algo que no tiene precio.

La gente no lo entiende, porque está muy acostumbrada a vivir con crédito y no tener ningún excedente. Cambiar el paradigma nos hace ver un panorama muchísimo más amplio, nos da tranquilidad y nos abre posibilidades. Yo acabo de cambiar de celular después de cuatro años, no por falta de recursos, sino porque preferí reasignar parte de lo que tenía ahorrado a cosas que eran más importantes. Pero seguí ahorrando y ahora que tuve la oportunidad de hacerlo, lo hice sin culpa alguna y sin tener que comprometerme con una deuda.

Hay muchas otras trampas financieras diseñadas de manera muy creativa para quitarnos nuestro dinero. Algunas de manera legítima y muchas otras fraudulentas (en algunos casos una línea demasiado fina entre las dos). Seguiremos hablando de ellas en las siguientes entregas.

(Primera de cuatro partes)

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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