Después de años con decepcionantes tasas de crecimiento en la productividad, la pandemia del Covid-19 ha sacudido algo. Encuestas a ejecutivos de negocios muestran que la mayoría reporta mayores inversiones en tecnología. El peligro ahora es que la aceleración de la automatización y la digitalización en la era posterior a la pandemia impida el crecimiento de los ingresos laborales y el consumo.

BERKELEY – Ahora que se están distribuyendo vacunas contra el Covid-19 y que políticas fiscales y monetarias favorables están alimentando la demanda agregada, la economía de Estados Unidos está lista para regresar a su nivel de producción pre-pandemia más avanzado este año. La recuperación del mercado laboral, en cambio, será mucho más lenta y estará distribuida de manera desigual. Esto hará que el empleo probablemente no regrese a su pico pre-pandemia hasta 2024.

Si el crecimiento de la producción excede el crecimiento del empleo en los próximos años, la productividad aumentará (al menos temporariamente). El pronóstico más reciente de la Oficina de Presupuesto del Congreso predice un crecimiento de la productividad de la fuerza laboral del 1.5% por año para el período 2021-25, por encima de un promedio del 1.2% por año entre 2008 y 2020.

En respuesta a la pandemia, muchas empresas –especialmente las grandes- han hecho avances significativos en cuanto a impulsar la productividad a través de la automatización, la digitalización y la reorganización de las operaciones, incluido un cambio rápido al trabajo desde casa, para impulsar la eficiencia y la resiliencia.

En una encuesta que realizó McKinsey & Company en diciembre de 2020 entre ejecutivos de negocios en Norteamérica y seis países europeos que representan alrededor del 40% del PIB global, el 51% de los participantes dijo haber aumentado su inversión en nuevas tecnologías en el 2020, mientras que el 75% dijo que planeaba hacerlo en algún omento entre  el 2020 y el 2024.

Por el contrario, apenas el 55% reportó mayores inversiones en 2014-2019. Asimismo, una encuesta del 2020 realizada por el Foro Económico Mundial (WEF) determinó que el 80% de las empresas planea aumentar la digitalización de sus operaciones y expandir su uso de trabajo a distancia, mientras que el 50% piensa acelerar la automatización de tareas de producción.

En términos más generales, una investigación reciente del Instituto Global McKinsey (MGI) identifica oportunidades para un crecimiento incremental de la productividad en una amplia variedad de sectores que representan alrededor del 60% de la economía no agrícola. Estos incluyen la atención médica (telemedicina), la construcción (gemelos digitales y construcción modular fuera del sitio), comercio minorista (comercio electrónico y automatización de depósitos), banca (pagos digitales y trabajo a distancia híbrido), manufactura (robots, canales digitales y autos conectados) y hasta la muy afectada industria del turismo (un trabajo más ágil).

Si se concreta todo este potencial, el crecimiento de la productividad laboral anual en Estados Unidos y varias economías europeas podría aumentar en alrededor de un punto porcentual entre 2019 y 2024. Pero alcanzar una mejora tan contundente del lado de la oferta requiere que los cambios que impulsan la productividad se propaguen de las empresas grandes donde han estado concentrados a las pequeñas y medianas empresas.

Muchas de estas pequeñas y medianas empresas hasta el momento no han podido o no han querido aumentar su inversión en automatizar o digitalizar sus cadenas de suministro, sus operaciones y sus modelos de distribución. Y sin esta inversión, la brecha de productividad entre las grandes empresas “superestrellas” y una larga lista de competidores rezagados aumentará, reduciendo las alzas de productividad a nivel de la economía en general y exacerbando las tendencias post-2008 hacia una mayor desigualdad en materia de desempeño económico entre empresas y regiones y una mayor concentración de mercado.

Igual de importante es la trayectoria para la demanda agregada, que dependerá de lo que suceda con el crecimiento del empleo y de los ingresos. La explicación más convincente para el crecimiento desalentador de la productividad en la década posterior a la crisis financiera global de 2007-2009 fue un consumo y una demanda de inversión crónicamente débiles. Mientras que la aceleración durante la pandemia de la automatización y la digitalización pueden impulsar la productividad del lado de la oferta, podría tener un efecto perjudicial en la demanda, al entorpecer el crecimiento del ingreso laboral y del consumo –en general, un factor determinante importante de crecimiento económico.

Durante el próximo año, el crecimiento del consumo probablemente será fuerte, debido a la liberación, posterior a la pandemia, de la demanda contenida y a enormes inyecciones de estímulos fiscales. Pero, con el tiempo, los efectos de las medidas de productividad centradas en la eficiencia y de una digitalización acelerada podrían amortiguar el crecimiento del empleo y de los ingresos, hacer que se profundice la polarización dentro de los mercados laborales y eliminar los empleos medianamente calificados, restringiendo así el crecimiento del consumo entre quienes tienen la mayor propensión a gastar.

Los efectos de largo plazo podrían ser sustanciales. Alrededor del 60% del potencial de productividad identificado en el informe más reciente del MGI refleja recortes en costos laborales y otros destinados a impulsar la eficiencia. La encuesta de Foro Económico Mundial determinó que el 43% de las empresas encuestadas anticipan reducciones netas en su fuerza laboral como consecuencia de la automatización y la digitalización aceleradas por la pandemia. En un informe relacionado, el MGI estima que un 5% adicional de trabajadores (ocho millones) podrían ser desplazados por la automatización/digitalización en 2030, además del 22% de trabajadores que se calcula que ya eran vulnerables antes de la pandemia.

En Estados Unidos y otras economías industrializadas, el mayor impacto negativo de la pandemia en los empleos y los ingresos ha sido en los servicios alimenticios, el comercio minorista, la hotelería, la atención al cliente y el apoyo de oficina. Muchos de estos empleos de bajos salarios podrían desaparecer por completo si las reducciones inducidas por la pandemia del tiempo que se pasa en la oficina y de los viajes de negocios reducen la demanda de múltiples servicios como limpieza de oficinas, seguridad y mantenimiento, transporte y servicios de restaurantes y hotelería. Antes de la pandemia, estas ocupaciones representaban uno de cada cuatro empleos en Estados Unidos y un porcentaje creciente de empleo para trabajadores sin una educación post-secundaria.

Una inversión débil plantea otro riesgo del lado de la demanda para un potencial crecimiento de la productividad. Las tasas de inversión de las empresas en general ya experimentaban una caída de larga data antes de la pandemia (de ahí la desaceleración de la productividad post-2008) y la inversión desde entonces se ha contraído aún más, debido a una merma de la inversión no residencial privada con respecto a su pico de 2019. Dicho esto, la caída de la inversión durante la recesión causada por el COVID-19 no ha sido tan grande como la de la crisis financiera de 2007-09.

Para concretar el potencial de un mayor crecimiento de la productividad, las autoridades fiscales y monetarias deberían moldear las políticas de recuperación con dos objetivos amplios en mente: fomentar un crecimiento fuerte e inclusivo del ingreso y del consumo, e impulsar la inversión pública y privada en capital físico (infraestructura y vivienda asequible), capital humano (educación y capacitación) y conocimiento (investigación y desarrollo).

Dada la escasez significativa de infraestructura pública producto de décadas de desinversión, el plan de infraestructura de la administración Biden podrían atraer inversión privada, impulsando una inversión general en el corto plazo y aumentando el crecimiento potencial de la productividad de la economía en el largo plazo.

Laura Tyson, ex presidenta del Consejo de Asesores Económicos del Presidente de Estados Unidos, es profesora de la Escuela de Graduados de la Escuela de Negocios de Haas y presidenta de la Junta de Fideicomisarios del Centro Blum en la Universidad de California, Berkeley.

Jan Mischke es socio del McKinsey Global Institute.

Copyright: Project Syndicate, 2020

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