La educación terciaria es un requisito fundamental para las industrias dedicadas a la innovación y que a su vez, impulsan la economía global del conocimiento.

La innovación a partir de la educación terciaria es una de las herramientas primordiales del poder blando del siglo XXI para la política exterior de México.

El poder inteligente, de acuerdo con su acuñador Joseph Nye, crea una efectiva política exterior, ya que tanto el poder blando como el poder duro trabajan en conjunto. Gracias al impulso y evolución que la educación terciaria brinda al poder económico debido a su componente de innovación, el país se vería fortalecido.

Este poder inteligente, también brindaría una imagen renovada tanto para el modelo educativo con el que nos relacionamos, en particular con Centroamérica, como en el modelo económico que exportamos al exterior, que se enfocaría ahora en innovación y no como lo hacemos actualmente, a partir principalmente, de cadenas de producción.

Actualmente, México coordina una cooperación técnica con Centroamérica, a través de la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo, Amexcid. Esta cooperación es tan vasta que tiene varias vertientes reflejadas, tanto en su arista bilateral como con en mecanismos regionales como el Proyecto Mesoamérica, y finalmente, a través de iniciativas de cooperación triangular en asociación con otros países cooperantes, el sector privado y la sociedad civil. Sin embargo, este esfuerzo puede verse fortalecido si se incluye no sólo la cooperación técnica, sino también el desarrollo tecnológico de la región, con ayuda de Asociaciones Público Privadas (APP), para incrementar tanto la infraestructura regional de fibra óptica como las redes regionales de Investigación y Educación. De tal manera, la cooperación con Centroamérica incursionaría en un nuevo modelo regional de cooperación educativa completamente en línea y enfocado principalmente en educación terciaria con miras a la innovación —para impulsar de manera renovada la economía regional.

Si México desea salir victorioso y fortalecido frente al Covid-19, se recomienda tener una renovada estrategia económica y de política exterior que ayude a adaptar la educación terciaria del país en tiempos de coronavirus.

Una de las recomendaciones más recurrentes alrededor del mundo ha sido remplazar la educación presencial por educación en línea. Sin embargo, la falta de conectividad en todo el país, donde sólo 52.9% de los hogares reportaron tener acceso a Internet, de acuerdo con el último dato disponible de la OCDE , hace que la adaptación natural de educación presencial a educación en línea incremente aún más la desigualdad económica y social entre los hogares que tienen acceso a Internet y los hogares que no lo tienen en tiempos de Covid-19. Por lo tanto, es un momento crítico para asegurar que el acceso al Internet sea universal.

¿Cuáles son las razones por las que algunos países e instituciones han logrado adaptar la educación terciaria de mejor manera en tiempos de Covid-19?

De acuerdo con el Banco Mundial, algunas de estas razones son la inversión en conectividad digital a lo largo de las décadas. Esta inversión incluye, tanto infraestructura en fibra óptica como fomentar colaboraciones conocidas como Redes de Investigación Nacional y Educación (RINE). Las RINE han sido mediadores entre la educación superior y el mercado. Además, han ayudado a incrementar servicios ofrecidos más allá de la conectividad tales como software gratuito, bibliotecas digitales y servicios en la nube.

Sería interesante ver al actual gobierno enfrentar el desafío del Covid-19, a partir de un gasto de gobierno eficiente en acceso a Internet y fibra óptica, que lleven a nuestro país a renovar su modelo educativo, económico y de política exterior.

sharonhuitron@gwmail.gwu.edu