Uno de los temas más populares pero menos entendidos del campo de la tecnología es la inteligencia artificial. Usualmente este término evoca pensamientos de máquinas autónomas capaces de tomar decisiones por sí solas basadas en la información preprogramada que posee y su interacción con el medio ambiente. Cómo no pensar de esta forma cuando el referente más cercano sobre este tema que posee la gran parte de la población son películas o series de televisión.

Sin embargo, la realidad es un poco distinta a lo imaginado en las películas de Steven Spielberg o las protagonizadas por Will Smith. La llamada inteligencia artificial se encuentra a décadas de lograr alcanzar las posibilidades que hasta el momento son parte de la ficción. Aún no tenemos que preocuparnos por que se respeten las leyes de la robótica ideadas por Asimov o que el efecto de singularidad nos lleve a una distopía donde las máquinas se rebelen en contra de la raza humana.

El sentido de tranquilidad que puede ofrecer saber que las posibilidades a corto o mediano plazo de una guerra contra seres computarizados sean mínimas no implica que el impacto de la innovación tecnológica no alcance a millones de personas. Por ejemplo, la creciente digitalización de los procesos internos de las empresas tiene como consecuencia un incremento en el uso de robots autónomos para remplazar a los seres humanos en labores que van desde manufactura hasta logística.

La consecuencia inmediata es el proceso de ajuste que debe experimentar la economía para crear nuevas posiciones de trabajo que sirvan para remplazar las que ahora están siendo ejecutadas por máquinas. Según las investigaciones de académicos como Acemoglu y Restrepo, esta transición será lenta y dolorosa pues todas aquellas personas que queden desempleadas deberán aprender nuevas destrezas que les permitan evolucionar como parte de la fuerza laboral.

Mientras esto sucede se observará un incremento en el desempleo que según los académicos Wisskirchen, Thibault Biacabe y Bormann tendrá un mayor impacto en los empleados de trabajos que requieren pocas destrezas. Esto podría dar pie a que incremente en la migración tanto doméstica como internacional con las consecuentes asperezas que esto puede llegar a causar entre los representantes de gobierno de las zonas afectadas. Desafortunadamente las proyecciones de estos expertos indican que en países desarrollados el impacto de la sustitución de seres humanos por máquinas puede llegar a representar hasta 40% de los empleos que requieren bajas destrezas. Este número puede llegar a 70% en mercados en desarrollo.

Como tranquilidad para quienes puedan alarmarse quedan las palabras de otro académico, Petropoulos, quien recuerda que el proceso de renovación es cíclico y los avances tecnológicos siempre han causado que algunos empleos se vuelvan obsoletos mientras que aparecen otros con alta demanda para personas con nuevas destrezas. Es de esperar que las nuevas oportunidades laborales que surjan en las próximas décadas estén relacionadas de alguna forma u otra con la tecnología.

Esta casi inminente posibilidad es la que en estos momentos está causando temor a especialistas en política pública que reconocen que en sus países no hay suficiente oferta de personas con el conocimiento suficiente para ocupar puestos de este nuevo mundo digitalizado. El problema es peor en mercados emergentes pues aquellos expertos que se formen localmente pueden ser tentados por los altos salarios y otros beneficios que podrían adquirir de aceptar un empleo en algún mercado desarrollado.

Por último, existe un mito sobre la inteligencia artificial que ha sido mayormente esparcido por las obras de ficción: la eventual objetividad de la inteligencia artificial. Es como si se olvidase que la información que recibe la inteligencia artificial que es basada en el comportamiento humano también incluye acciones incitadas por prejuicios y odios. ¿Cómo puede haber neutralidad en este escenario?

*José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC.

José F. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.