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Opinión

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Índices de violencia

La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha establecido que el indicador internacional para medir los niveles de violencia en una sociedad es la relación que se establece entre el número de asesinados de manera dolosa e intencional por cada 100,000 habitantes. La estadística refiere un problema de seguridad, pero también de salud pública.

El índice de violencia en México es de 11.6 homicidios por 100,000 habitantes que, contra lo que se pueda pensar, en buena medida por la publicidad del gobierno federal, se encuentra entre los más bajos de América Latina, de acuerdo con los datos de la Organización de la Naciones Unidas (ONU).

La exitosa Brasil de Lula tiene 25 por 100,000 habitantes, el doble de México, la transformada Colombia de Uribe 38 por 100,000 y en Honduras, El Salvador y Guatemala ocurren 61, 52 y 48 homicidios por 100,000 habitantes, respectivamente. El caso más grave es el de la socialista Venezuela de Chávez con 75 por 100,000 habitantes.

En Estados Unidos y Canadá, los socios del TLCAN, el índice es de 5.2 y 1.7 homicidios por 100,000 habitantes, respectivamente. Los asesinatos dolosos en México son un poco más de la mitad de los que suceden en el vecino del norte de acuerdo con la ONU.

Los índices de violencia en algunas ciudades de México, no en el país, se comparan con los indicadores de otros países del área. Es el caso de Culiacán con 69 homicidios por 100,000 habitantes y Chihuahua con 63 por 100,000 habitantes. Indicadores que también se asemejan a los de otras ciudades latinoamericanas.

El caso más grave es el índice de Ciudad Juárez, donde en el 2010 existen 191 homicidios por 100,000 habitantes de acuerdo con el Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública. En América Latina esta ciudad mexicana sólo es superada por Caracas, que tiene una tasa de 200 asesinatos por 100,000 habitantes.

Al final de los años 70, el índice de violencia en México era de 30 por cada 100,000 habitantes. De ahí empezó a bajar para llegar en el 2005 a sólo ocho por 100,000, el más bajo en la historia moderna del país, en el 2006 creció a 10 y en el 2009 a 11.6 por 100,000 habitantes.

México está en América del Norte, pero comparte buena parte de sus características con el resto de los países de América Latina. Por desgracia, una de ellas es la violencia. Nunca hay que minimizarla, pero sí ubicarla en contexto. El problema es grave y hay que combatirlo, pero México no es la excepción del área.

Hay que ser conscientes de esta realidad para no errar en el diagnóstico.

Estamos en Latinoamérica y no en Escandinavia. Urge, pues, adoptar la estrategia que garantice volver a la tendencia de reducir la violencia como había venido sucediendo en los últimos 40 años, que se quiebra en este gobierno.

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