Rocketman no es Bohemian Rhapsody, ni viceversa. A simple vista estas son dos de las películas musicales con mayor éxito en años recientes. La cinta sobre Freddie Mercury y Queen, recaudó más de 900 millones de dólares en la taquilla internacional, mientras que la cinta sobre Elton John ha recaudado más de 130 millones de dólares. 

Éstas biopics musicales han utilizado la música de estos artistas para contar las vicisitudes y el costo del éxito al que las estrellas pop del siglo pasado se han enfrentado en sus vidas. En una nota significativamente menor, The Dirt, sobre Mötley Crüe también trató de subirse a esta ola pero con más pena que gloria. Todas estas cintas son versiones endulzadas de las historias de sus protagonistas, adaptadas para provocarnos un poco de asombro por su estrafalario estilo de vida, y, con suerte volver a vendernos una compilación de grandes éxitos o la banda sonora con el mismo jugo de hits. 

Bohemian Rhapsody resultó ser una mala, pero entretenida película, donde se salva por un par de escenas memorables y su excelsa reconstrucción del concierto del Live Aid. Aunque las actuaciones de Rami Malek –que le valieron un Oscar por hacer playback– y compañía no son malas, la película siempre cae en esas escenas innecesarias sobre artistas incomprendidos, que viven aislados por el éxito en una mansión llena de objetos rotos. 

Taron Egerton, reinterpreta las composiciones de Bernie Taupin y Elton John –él sí canta en la película– y recibe la ayuda de Giles Martin en la producción y arreglos. Rocketman desde el principio sabe que es un musical y no tiene problemas con mezclar la fantasía con la mitología de Elton John. Las escenas de conciertos son recreadas con elementos surrealistas que le permiten crear un universo aparte. 

Una de las curiosidades que unen a éstas biopics es la aparición de John Reid. Reid fue representante de Elton John y posteriormente de Queen y ambas películas lo retratan como el malévolo y posesivo mánager que explotaba a sus artistas. En sus versiones cinematográficas Reid es interpretado por Richard Madden y por Aidan Gillen, quienes ganaron notoriedad por sus actuaciones como Robb Stark y Littlefinger en la telenovela de dragones de HBO, Game of Thrones

El gran problema con las biopics musicales es que siempre terminan en esos lugares comunes; en aquellas escenas hedonísticas donde el exceso ha consumido al genio de nuestros héroes musicales y éstos se recomponen mentalmente para ahí crear aquella épica composición. En la industria del cine estadounidense son un gran pretexto para que los actores puedan, tal vez, ganar un premio con sus actuaciones y para mostrar sus dotes como músicos.   

Aceptémoslo, esta ola de biopics musicales no nos darán para mucho y es necesario que se intenten contar historias musicales de otra manera. Richard Curtis y Danny Boyle exploran en Yesterday, qué pasaría si hubiera un mundo donde la música del cuarteto de Liverpool se borrara de nuestro inconsciente colectivo. La premisa suena divertidísima y un experimento que sólo Curtis y Boyle pueden contar cinematográficamente. 

Idealmente estas biopics musicales deberían de servir para que volviéramos a redescubrir el vasto catálogo musical que éstos artistas nos han dejado. Podríamos hacer una revisión a la evolución de las letras de Taupin y la música de Elton desde su primer álbum hasta la majestuosidad de Goodbye Yellow Brick Road y sus barrocas composiciones. Bohemian Rhapsody pudo abrirnos las puertas a que trataramos las obsesiones de la astrofísica de Brian May con sus canciones del A Night at the Opera, pero la película decidió seguir exprimiendo los éxitos. 

Una cosa es cierta, cuando vamos a ver estas películas al cine es lo mismo que ir a un concierto, queremos ver a nuestro artista favorito interpretar los éxitos, emocionarnos y cantar aquel estribillo… “Rocket man burning out his fuse up here alone / And I think it's gonna be a long long time…”

@tonebecerril

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Antonio Becerril

Coordinador de operaciones de El Economista en línea