La ley podría aplicarse sobre mexicanos radicados en México, si el Legislativo de Estados Unidos diera luz verde a esa nueva forma de atacar la piratería.

Es Hollywood contra Silicon Valley. El desenlace puede afectar la forma en que el mundo se relaciona con la Internet. No es una exageración: los proyectos de ley SOPA y PIPA tienen efectos extraterritoriales. Podría aplicarse sobre ciudadanos mexicanos, radicados en México, si el Legislativo de Estados Unidos diera luz verde a esta nueva forma de definir y combatir la piratería.

Se criminaliza la difusión de contenidos que son sospechosos de violar los derechos de autor. El problema es que las propias empresas propietarias de esos derechos se convertirían en acusador, juez y ejecutor de la sentencia. SOPA y PIPA permitirían a alguien en Estados Unidos acusar a alguien, que radique en cualquier parte del mundo, de estar dedicado a robar una propiedad de Estados Unidos .

La iniciativa le daría derecho a una autoridad judicial estadounidense a ordenar el bloqueo de un sitio. También podría prohibir a una empresa de publicidad que efectuara pagos a un sitio que esté acusado de infringir las leyes de derechos de autor. Propone mundo de blancos y negros, donde no hay lugar para matices ni para la gama de grises. Paradójicamente, no habría juicios públicos como los que salen en las películas de Hollywood, sino procedimientos judiciales más parecidos a los del régimen soviético.

Un aspecto de la ley SOPA que ha llamado la atención de los opositores es el uso de la expresión any source of public web content . Esto incluye sitios como Cuevana, pero también se refiere a los difusores de contenidos más importantes del mundo: gente como usted y sus amigos.

La ley obliga a empresas como Facebook, Twitter y Wikipedia a tomar medidas para garantizar que sus usuarios no los utilicen para difundir contenidos piratas. Para cumplir con la ley, los sitios estarían obligados a espiar a sus usuarios, o sea a usted y sus amigos. La gran revolución de Internet es que convirtió a cualquier usuario de la red en un difusor potencial masivo de contenidos.

SOPA y PIPA no van contra usted en lo particular, pero podrían afectar la vida de todos nosotros (en nuestro papel de usuarios de Internet) en su afán de proteger los derechos de empresas que producen música, cine, libros o revistas. Se trata de limitar nuestra capacidad de intercambiar contenidos con nuestros amigos.

Estar en contra de SOPA y PIPA no es estar en favor de la piratería en la red. El 2012 no puede resolverse con medidas que nos remiten al 1984 de George Orwell. Donde se necesita una cirugía con láser, aparece un médico que quiere usar navaja de barbero del siglo XVIII.

La protesta del miércoles 18 parece que tendrá el efecto de parar la propuesta en los términos en que viene.

Lo mejor de SOPA es que ha generado una ola de interés (y repudio) contra un intento burdo de controlar la red y sus usuarios desde Estados Unidos. Las nubes negras siguen porque los promotores de la iniciativa buscan que legislaciones muy restrictivas pasen en otros países.

El senador Luis Alberto Villarreal ha propuesto que la Cofetel, PGR y Relaciones Exteriores realicen un informe sobre las repercusiones que tendría para México una iniciativa como SOPA.

Tiene mucha razón. Aprovechando el viaje, sería muy sano que se evaluara con lupa la iniciativa sobre estos temas que presentó el senador Federico Döring en esta Legislatura. No vaya a ser que en Estados Unidos se detenga un disparate, mientras en México siga avanzando su primo hermano.

lmgonzalez@eleconomista.com.mx