¿Por qué siempre tenemos que volver a discutir lo ya discutido? ¿Por qué, como en el siglo XIX, seguimos desperdiciando talento y energía en discusiones ridículas sobre conservadores y liberales? ¿Por qué tras treinta años de trabajar en la consolidación de instituciones que estén por encima de la voluntad del autócrata volvemos a ponernos a sus pies?

A principios de los años cincuenta del siglo pasado, Alemania, Japón y Corea estaban destruidas, devastadas; y México, por su parte, vivía en paz y con seguridad, y se industrializaba rápidamente. Hoy, Alemania, Japón y Corea son de los países más avanzados y exitosos del mundo, con un altísimo nivel de vida, paz y seguridad. Nosotros, en cambio, vivimos en un país donde los asesinatos exceden, con mucho, los de un país en guerra; donde la pobreza crece en millones cada año; donde la educación está a cargo de analfabetas y la policía de delincuentes. Recuerdo a Vargas Llosa: ¿cuándo se jodió México?

Se jodió desde que el individuo se convirtió en masa, en carne de mitin político, en manifestación de fuerza de personajes sin escrúpulos que los usan aprovechando su hambre y su ausencia de futuro. Se jodió desde que permitimos que los peores tomaran el poder. Con ingenuidad votamos, pensando que los que vendrán no serán de la misma calaña que los que están. No nos engañaron ni nos engañan. Nosotros hemos aceptado el engaño como destino. Nos mienten descaradamente todos los días y aún así los defendemos. Somos el esclavo que ve el mundo con los ojos del amo. Circula en las redes: ningún hombre promete tanto como el que sabe que no va a cumplir. Él, ellos, lo saben. Nosotros también y los dejamos hacerlo una y otra vez.

¿Por qué debemos creer que el suministro de energía será mejor si se lo confiamos enteramente a ellos? A ellos, que no han trabajado nunca en su vida; que se han enriquecido saqueando al erario público; que no saben ni administrar una miscelánea. Porque no debemos engañarnos: el Estado no existe; es una abstracción por medio de la cual los peores de la sociedad se apropian del control de nuestro destino. Cuando alguien le diga que quiere salvarlo puede tener la certeza de que sólo busca estafarlo. Nadie salva a nadie que no se salve por sí mismo. Cuando le digan que la Comisión Federal de Electricidad (CFE) va a suministrarnos energía barata y limpia piense en los rostros de todos esos políticos y burócratas ineptos y corruptos con los que para desgracia suya ha tenido que tratar.

Cuando le digan en el radio que la electricidad era suya y van a devolvérsela, pregúntese honestamente si alguna vez la electricidad fue suya; si no la ha tenido que pagar muy cara y siempre con el producto de su esfuerzo. No quieren que el servicio eléctrico sea mejor y más barato, quieren medrar con la operación de la CFE, darle contratos a sus cuates, poder ser ineficientes e ineptos sin que nadie les compita o los cuestione. Total, si se pierde dinero no es de ellos, sino de nosotros que lo subsidiaremos con impuestos.

Energía barata y limpia hace que las empresas del país puedan ser competitivas y sustentables en el mercado global; la energía cara y contaminante sólo es una herramienta más para que los políticos extorsionen a los empresarios, ya sean dueños de una planta automotriz, de una lavandería o de una pequeña miscelánea. Lo que buscan es extorsionar y someter al que se queje.

La diferencia entre un mercado eléctrico y un monopolio estatal es que cualquiera puede participar del primero y sólo las camarillas corruptas del Bartlett en turno podrán hacerlo en el segundo, y, siempre, con un interés personal distinto al de generar energía.

@gsoriag

Gerardo Soria

Presidente del IDET

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Abogado especialista en sectores regulados. Presidente del Instituto del Derecho de las Telecomunicaciones (IDET). Doctorando en letras modernas en la UIA.

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