Kraftwerk nunca se definió como una banda o un conjunto musical en el sentido tradicional de la palabra, nunca se identificó con la idea de la estrella de rock. “Es un concepto. Lo llamamos ‘Die Menschmaschine’, que significa ‘la máquina humana’. No somos una banda. Yo soy yo. Ralf es Ralf. Y Kraftwerk es un vehículo para nuestras ideas”. Así definió Florian Schneider a Kraftwerk en una entrevista concedida a la Rolling Stone en 1975. Schneider fue una de las mentes maestras detrás de los robots, esos hombres máquina que cantaban sobre autopistas alemanas, amor cibernético, radioactividad, el Tour de France o los sistemas ferroviarios europeos. 

Su muerte, confirmada esta semana por sus representantes, llegó con la misma secrecía que ha rodeado a la agrupación alemana y a sus integrantes a lo largo de su historia de medio siglo. La música creada por Florian Schneider, Ralf Hütter, Karl Bartos y Wolfgang Flür desde principios de 1970 sigue sonando al futuro. Al igual que otras bandas del momento que terminaron encasilladas en la etiqueta de Krautrock, los miembros de Kraftwerk buscaban crear nueva música que no estuviera basada en las estructuras del rock y del pop anglosajón, y no tenían ninguna intención de sonar a los Rolling Stones ni a los Beatles.

Florian Schneider-Elseben y Ralf Hütter comenzaron a hacer música en una Alemania que tenía que centrar su mirada en el futuro y que buscaba dejar la carga de la Segunda Guerra Mundial. “Después de la guerra”, contó Ralf Hütter a Lester Bangs, “el entretenimiento alemán fue destruido. Los alemanes fueron robados de su cultura y se les impostó una cabeza americanizada. Creo que somos la primera generación después de la guerra en sacudirnos esto, y saber dónde sentir la música estadounidense y dónde sentirnos a nosotros mismos. Somos el primer grupo alemán en grabar en nuestro propio idioma, en utilizar nuestros antecedentes electrónicos y crear una identidad centroeuropea para nosotros mismos”.

Las enseñanzas de Karlheinz Stockhausen, uno de los compositores más prominentes de la música electrónica avant garde del siglo XX, en la escuela de arte de Dusseldorf, los inspiró a crear los estudios Kling Klang, donde Schneider y Hütter manipulaban perillas, construían instrumentos y poco a poco construyeron una iconografía fuera de este mundo. La experimentación que realizaron con un arsenal de sintetizadores como el Minimoog, el ARP Odyssey, el EMS Synthi AKS y hasta el vocoder que les ayudó a crear atmósferas industrializadas, inspiradas por los sonidos de la tecnología y la sociedad industrializada moderna. “Nuestro estudio está en medio de una refinería petrolera. Hay fuego y humo alrededor y cuando sales del estudio escuchas este silbido a tu alrededor”, aseguraba Schneider.

Consciente o inconscientemente cualquier artista que ha conectado un sintetizador, utilizado un sampleo o ha manipulado electrónicamente algún sonido en los últimos cincuenta años tiene una deuda artística con Kraftwerk.

Además de la música, la banda ayudó a la transformación de los espectáculos multimedia, con el uso de proyecciones, los robots en el escenario que se fusionaban con los músicos, y su incorporación de la vanguardia tecnológica. Todo esto logró materializar y proyectar su visión utópica del futuro. Sus espectáculos en 3D que los llevaron por todo el mundo y hasta los rincones del Museo de Arte de Nueva York demostraron que Kraftwerk siempre buscó explorar nuevos horizontes en la música y la cultura.

David Bowie no hubiera creado “Station to Station” ni “V2-Schneider” sin los experimentos sonoros de Florian Schneider. No existiría “Planet Rock” de Afrika Bambaataa sin “Trans-Europe Express”. Tampoco existiría “Blue Monday” de New Order sin “Uranium”. La música de Kraftwerk ha sido sampleada por Coldplay, Jay-Z, UB40, Ladytron, LCD Soundsystem, DJ Shadow, Daft Punk, Miley Cyrus, Stereolab y otros miles de artistas de todo el planeta. La música popular de los recientes cincuenta años estará marcada por un antes y un después de Kraftwerk, y a Florian Schneider siempre lo recordaremos por aquellas canciones sobre carreteras, robots, luces de neón y esas posibilidades sonoras que Kraftwerk exploró.

 

 

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Antonio Becerril

Coordinador de operaciones de El Economista en línea