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Opinión

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¡Es nuclear Jacobo, nuuuucleaaaar!

Seguro también lo recuerda: la reportera de Televisa Erika Vextler –un 18 de enero de 1991, según relatan los que tienen mejor memoria que yo le anunciaba a Jacobo Zabludovsky, en el noticiero 24 horas, la llegada de un ataque nuclear. Es nuclear Jacobo, nuuucleaaaar!

Fue tal impacto, que la anécdota se sigue recordando y rastreando en vano –detalles de la periodista así como de esta transmisión, están desaparecidos de los archivos de Televisa y de todo sitio web como ejemplo del pánico-curiosidad-morbo-rating mediático que desata la desinformación.

Hoy parece estar sucediendo lo mismo. Hace unas horas, escuché a un niño de menos de 10 años preguntarle a su papá si ya tenían listo el refugio para protegerse de la radiación que viene de Japón. Inevitablemente, recordé cómo un día después de ver a Erika Vextler, le preguntamos a la maestra si tendríamos que usar trajes espaciales para protegernos.

Cierto. Nada tiene que ver una cosa con la otra. La supuesta alarma nuclear de Erika Vextler se refería al conflicto armado en el Golfo Pérsico. Hoy, se habla de explosiones en plantas nucleares en Japón a consecuencia del terremoto de 9 grados, y de los riegos que implican apostarle a la energía nuclear.

Se dice que hace 20 años, la reportera de 24 horas montó un refugio en el baño de su casa y se disfrazó para hacer el enlace. Hoy ocurre algo similar: ya abundan los sitios web fraudulentos que aseguran vender refugios ante una posible explosión nuclear y supuestas pastillas de yodo, que prometen proteger la piel ante la radiación.

Y qué decir de los cada vez más mensajes de correo electrónico que se están propagando con consejos de cómo sobrevivir al Apocalipsis Nuclear (¡Cuidado!, Si le llegan estos mensajes y le solita accesar a un link, no lo haga. Seguramente le llevará a un sitio falso que le robará datos personales o le infectará su computadora con virus).

Y si es usuario de Twitter, seguro ya estará a estas alturas saturado de los tweets sensacionalistas, y claro, del doble juego de muchos medios que han hecho de este tema, la mejor de sus coberturas.

Aclaro. La alarma nuclear sí es grave y sí nos remite, inevitablemente, a catástrofes como la de Chernobyl. No es un tema menor: hay 443 plantas de energía nuclear en todo el mundo, entre ellos, México; y la dependencia que tenemos a lo que producen es cada vez mayor: 14% de la electricidad que se consume a mundial viene de ahí.

Esta semana he platicado con cuatro expertos sobre el tema y me queda claro que, como ha sucedido ya en otros casos, lo mejor es estar informado.

Hay quienes consideran que la palabra nuclear por sí sola ha desatado la psicosis, pero que no hay razón de alarma: convivimos todos los días con la radiación en infinidad de cosas sin mayores consecuencias: los hornos microondas y los rayos X, por ejemplo. Por supuesto, ni los refugios ni las supuestas pastillas de yodo son la solución.

Otros, un poco más cautos, hacen una sola recomendación: no le crea a un solo medio (las Erikas Vextler aún abundan), si le alarma el tema, busque todas las referencias posibles.

No vamos a comprar refugio porque no tenemos donde ponerlo . Fue la respuesta tajante que le dio el padre al niño de 10 años nada más sabio.

Ya lo dijera el columnista Ignacio Camacho: Nuestro alarmismo retrata una desenfocada parcialidad egoísta .

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