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Opinión

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El paro en la UAM

En el paro de la UAM es visible el carácter minoritario del movimiento parista, su vinculación con fuerzas externas y su naturaleza violenta detrás de un lenguaje aparentemente conciliador.

La Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) entró en paro indefinido. Maquiavélicamente, las instalaciones de la Rectoría General fueron devueltas por los paristas, con la finalidad de que los pagos de los salarios no se interrumpieran. De haber ocurrido así, posiblemente se habría inducido que la mayoría desorganizada en esa institución universitaria se organizara y entrara en actividad para forzar el levantamiento del paro. Pero ese maquiavelismo político no oculta el carácter minoritario del movimiento, el cual es evidente a pesar del nombre inventado para el mismo de Asamblea General Universitaria (AGM). Ya el sociólogo Max Weber había afirmado: una minoría organizada puede prevalecer sobre una mayoría desorganizada.

En sus orígenes, el caso de la UAM fue singular. Se trataba de crear una universidad pública diferente a la UNAM, sin su centralidad ni politización. Pero esas aspiraciones resultaron quizás excesivamente optimistas. Pronto la UAM fue penetrada y desde adentro se impuso un modelo muy parecido al de la UNAM. Con todo, el sucumbimiento no resultó total y mucho se salvó convirtiendo a la UAM dentro de las limitaciones del caso en una institución funcional.

El problema es que las amenazas siguieron vivas como agazapadas en espera de alguna oportunidad para embestir. Los motivos son siempre lo de menos, lo importante es aprovechar alguna coyuntura favorable. Seguramente no por casualidad, esa coyuntura coincidió con los bloqueos perpetrados por la CNTE en contra de la reforma educativa. En ese marco, tres características es posible distinguir con claridad en el paro que tiene cerrada a la UAM. En primer lugar su carácter minoritario; en segundo, la evidente vinculación de los paristas con movimientos externos, y tercero, el uso de una retórica aparentemente democrática para disfrazar un movimiento claramente impositivo y también violento.

La llamada AGM le pide al Colegio Académico de la UAM algo que confirma la infiltración de los paristas por fuerzas externas: la emisión de un comunicado en favor de la anulación de la reforma educativa . También se exige a ese órgano otra cosa para la cual carece de facultades: la solicitud al Congreso de la Unión de un aumento del presupuesto institucional para los siguientes ejercicios. Y lo más importante es destacar que detrás del lenguaje aparentemente conciliatorio, todo es una amenaza abierta en contra de la autonomía de la UAM en favor de un asambleísmo trasnochado y disfuncional.

bdonatello@eleconomista.com.mx

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