El criterio básico de la sostenibilidad es mantener las actividades productivas lo menos dependientes de recursos no renovables y conservar al máximo los recursos naturales. Ello nos lleva a buscar modelos en los cuales se puedan reciclar los nutrientes aprovechándolos de la manera más eficiente posible. La optimización debe realizarse dentro de cada sistema o subsistema productivo para luego buscar complementos a niveles regionales o escalarlos a otros niveles más amplios. Por ejemplo, un sistema complejo de policultivo integrado puede tener un alto grado de reciclaje de nutrientes, minimizando la necesidad de aportes externos. No obstante, éste puede buscar fuera del sistema los componentes nutricionales complementarios que necesita. Para optimizar el reciclaje, la palabra clave es diversidad, ya sea en la ocupación del espacio o en la sucesión temporal.

La productividad primaria de los ecosistemas naturales constituye la base de la oferta de recursos y una de las principales condiciones para la planificación del uso sustentable de la tierra. Por esta razón, la combinación interactiva de dos o más especies en el mismo espacio puede ser una alternativa más racional para su aprovechamiento en los casos en que su alta productividad primaria depende de su complejidad estructural y diversidad biótica, como sucede en el trópico húmedo, donde se están estableciendo plantaciones de café, cacao, cítricos, plátano y hule, entre otros, y que en combinación interactiva con otras especies o animales, además de contribuir con mayores servicios ambientales, mejora la productividad de los sistemas.

En este sentido se debe prestar atención a la biodiversidad y en especial a los recursos, suelo, agua, y la cobertura vegetal (bosque), que son los factores que en un plazo menor determinan la capacidad productiva en determinados espacios.

Para esto es importante incorporar tecnologías que permitan mantener y recuperar suelos degradados, desarrollar sistemas agropecuarios, forestales y pesqueros en un contexto que conserve ecosistemas y su biodiversidad, sin perder con ello de vista las nuevas tecnologías que hacen un uso eficiente de los recursos naturales, e incluyendo las tradicionales que se derivan de un acervo ancestral de conocimientos empíricos, cuya valía ecológica, práctica y económica, se está reconociendo cada vez con mayor fuerza, razón por la cual, se están fortaleciendo procesos para su identificación y rescate.

En la siguiente entrega, comentaré precisamente acerca de las tecnologías para un desarrollo sostenible, entre ellas, la agroforestería, que promueve como entidad de fomento originada en el Banco de México, FIRA, a través de sus Centros de Desarrollo Tecnológico en Michoacán, Guanajuato, Morelos, Yucatán y San Luis Potosí, especialmente.

*Gabriel Montiel Aguirre está adscrito a la Subdirección de Pesca, Forestal y Medio Ambiente en FIRA.

“La opinión aquí expresada es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA”