Ya he hablado de esto desde varias perspectivas, pero es tan importante que quiero hacerlo de nuevo, desde un ángulo diferente. Dos de los conceptos más importantes acerca del dinero son:

1. No es ilimitado, y por el contrario, es escaso. El dinero se acaba. Por eso es tan importante administrarlo bien. Eso implica que no es posible hacer todo al mismo tiempo, sino por el contrario, tenemos que decidir cómo necesitamos gastarlo, lo cual necesariamente implica hacer un ejercicio de prioridades. ¿Qué es más importante? ¿Qué es lo que no puede faltar? ¿Qué estamos dispuesto a dejar de hacer para lograr una meta?

2. Cada decisión que tomamos implica un costo de oportunidad. Tomar una decisión implica dejar de tomar otra. Por ejemplo: si tenemos 100 pesos para gastar hoy a la hora de la comida, podemos ir a comer unos tacos y un refresco, o bien, quizá tomar un café y un pastel. Pero no podemos hacer las dos. De la misma manera, elegir una de esas opciones automáticamente implica no hacer la otra.

¿Por qué son tan importantes ambos conceptos y entenderlos en toda su extensión? Porque todo el tiempo, en cada momento, estamos tomando decisiones de dinero. A lo mejor se nos antoja una torta a media mañana: al comprarla estamos tomando una decisión de dinero. Podría parecer algo pequeño, sin consecuencias, pero también implica que ese dinero ya no lo podemos utilizar en otras cosas.

Muchas veces me he encontrado que la gente que dice que no puede ahorrar porque no le alcanza, en realidad sí podría hacerlo si fuera consciente de esas decisiones. Es muy fácil: si en lugar de comprar una torta guardaras ese dinero en una alcancía, el efecto sería el mismo (excepto —quizá— que nos quedaríamos con hambre hasta la hora del almuerzo).

Ese dinero ya se fue, ya no se puede ocupar en otras cosas. Se fue a la torta o se fue para construir un colchón en caso de emergencias: en ambos casos ya no podemos contar con él.

Si decidimos comprar la torta, un posible costo de oportunidad es que no podremos contar con dinero en caso de emergencias. Antes de tomar esa decisión, debemos tener muy claro qué es más importante para nosotros, si la torta o el fondo para emergencias. Así de sencillo, pero también así de complicado.

Por eso es tan importante la herramienta del presupuesto, que a mí me gusta describir más bien como un plan de gastos, porque es eso: es sentarnos a decidir cómo vamos a gastar la totalidad de nuestro dinero desde el momento en que lo recibimos. En ese momento, no antes.

Si hoy nos pagan 5,000 pesos en nuestro trabajo, hoy mismo decidimos en qué los vamos a utilizar. ¿Por qué es tan importante tomarnos este momento? Porque podemos ver la fotografía completa: cuáles son nuestros compromisos (si tenemos deudas), qué cosas tenemos que pagar (por ejemplo la luz, el celular), qué cosas son importantes para el futuro (por ejemplo, nuestras metas, como el retiro o la educación de nuestros hijos) y cuánto nos quedaría para gasto discrecional, por ejemplo para diversiones y demás.

Si no hacemos eso, perdemos perspectiva y usamos el dinero para gastarlo “en lo que viene”. Si se nos antoja la torta, la compramos sin pensar cómo eso puede afectar todo lo demás y causarnos un desequilibrio. Por eso tanta gente siente que no le alcanza al final del mes.

Opte por un presupuesto flexible

Ahora bien, ya lo he dicho también pero vale la pena reforzar este concepto: un presupuesto —o plan de gastos— jamás está escrito en piedra. Al contrario, es una herramienta para tomar decisiones proactivas con nuestro dinero— es decir, que se va adaptando con cada nueva necesidad.

A lo mejor teníamos presupuestado 500 pesos para pagar el gas, pero la cuenta nos llegó en 700. ¿Qué tenemos que hacer en ese momento? Simplemente no podemos dejar de pagar los 700 del recibo, entonces tenemos que voltear a nuestro plan de gastos y ver de dónde van a salir esos 200 pesos extras.

A lo mejor tendremos que decidir quedarnos el próximo fin de semana en casa y ver una película en la televisión, en lugar de salir al cine. O a lo mejor la escoba vieja que pensábamos cambiar todavía nos puede aguantar hasta el siguiente mes.

¿De dónde debemos sacar? Siempre de lo que es menos importante para nosotros, porque nuevamente las decisiones que debemos tomar deben estar de acuerdo con nuestras prioridades.

Esto nos hace sentir bien y satisfechos no sólo porque estamos manejando bien nuestro dinero, sino también porque lo estamos utilizando para lograr aquello que es verdaderamente importante para nosotros.

Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com