La adicción, no en la vida pública pero sí en la esfera íntima de las personas, está lejos de provocar risas sino muchos sufrimientos para el adicto y para la familia

El alcoholismo es una enfermedad, en algunos casos descrita como una psicopatía, que no sólo se reduce a eso: es un hecho social total y como tal tiene implicaciones sociales fuertes.

El fallecimiento de José José impactó sin duda en la sociedad mexicana que creció y cantó sus canciones en momentos trascendentales de la vida de muchas personas. Así como fue famoso por ser una de las voces privilegiadas de nuestro país, fue también famoso por ser una de las primeras figuras públicas en reconocer sus problemas de adicción en una época donde las estrellas no estaban bajo el escrutinio de las redes sociales, y la fabricación del mito de estrella estaba directamente dada por quienes manejaban su carrera. De esta manera, resulta totalmente trascendental que en reiteradas ocasiones y siendo testimonio físico de los estragos que las adicciones causan, él haya sido de las primeras figuras públicas no sólo en reconocerla, sino en advertir que la adicción destruye el entorno de las personas.

El alcoholismo y los usos del alcohol dentro de un enfoque sociológico siempre han sido objetos de debate. Se sabe que existe un factor hereditario en las adicciones, pero que este factor no se manifiesta si el ambiente no lo dispone. Por otro lado, la ambigüedad de los usos del alcohol y su aceptación social son tema de constante discusión. El alcohol en ciertos contextos significa fiesta, celebración o, incluso, un elemento parte del savoir vivre para los aficionados a vinos y destilados.

El límite entre un uso del alcohol que está socialmente aceptado y hasta ensalzado y el uso del alcohol donde se padecen los estragos físicos y sociales de la adicción es muy difuso. Los memes sobre el uso del alcohol o sobre el mismo alcoholismo de José José provocan gracia y risa cuando son compartidos socialmente. La adicción, no en la vida pública pero en la esfera íntima de las personas, está lejos de provocar risas, sino muchos sufrimientos para el adicto y para la familia, como lo fue el caso del fallecido cantante.

De esta forma es como transita el alcoholismo: un tabú que, cuando trasciende hacia la vida pública, es tomado por el lado irrisorio. Cuando el alcoholismo se vive dentro de la esfera más íntima y privada, provoca todas las situaciones indeseables de desintegración del tejido social alrededor del adicto. La delgada línea entre beber alcohol y alcoholismo se traduce siempre en el contexto social: “si hay comida y bebida, sólo es beber; si sólo hay alcohol, es alcoholismo”, “si se toma solo o acompañado”, “si lo necesitas para divertirte, para no enojarte, para no estresarte, es alcoholismo”, “si se toman más de equis copas de alcohol al día”. Estas clasificaciones y definiciones han sido normadas sin duda a partir de la sociedad. Aunque clínicamente existen parámetros para definir a un alcohólico, la realidad es que cuando el uso de alcohol es socialmente aceptado o rechazado es cuando se define el impacto que esto genera en el adicto.

Generaciones de científicos se han dedicado a desenmarañar los factores biológicos y sociales que predisponen al alcoholismo y en algo coinciden: esta enfermedad con componentes hereditarios se manifiesta sin duda por los factores sociales y psicológicos del adicto. Todo esto nos permite reflexionar sobre la laxitud de los usos del alcohol y el significado que cada uno de nosotros le damos.

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