Según la OIT (Organización Internacional del Trabajo), en promedio, el 50% de los trabajadores en América Latina se encuentran en la informalidad, pero Honduras y Guatemala tienen tasas superiores al 70 por ciento y su labor representa hasta el 50% del PIB. Si a esto sumamos que la evasión fiscal alcanza el 6.3% del PIB, según la Cepal (la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas), es imposible que los Estados puedan construir un estado de bienestar que pueda hacer frente a situaciones como la pandemia del Covid-19 o dar educación y sanidad a todos sus ciudadanos.

Solucionar esta situación no se consigue de un día para otro. Hay que diseñar políticas públicas que modifiquen estas tendencias dando pasos pequeños pero firmes. Una crisis como la actual puede ayudarnos a avanzar de manera más rápida. Hay que implementar políticas públicas que aumenten el impacto positivo en la sociedad y reviertan la espiral negativa.

Y para ello es imprescindible que los países creen un registro de identidad con todos sus ciudadanos mayores de edad que sirva de mecanismo de control y servicio.

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El objetivo no es cobrar impuestos directos a todos los ciudadanos que se encuentran por debajo del umbral de renta, pero sí dar seguimiento a sus actividades. Esto, aterrizado en el día a día, ¿qué significa? Un monitoreo de las actividades formales e informales a través de constituir un registro que funcione como llave de acceso a los servicios del Estado, como la atención sanitaria. El registro no tiene porqué ser exhaustivo en un primer momento.

Este sencillo paso nos abrirá la brecha de la investigación para dar seguimiento a la economía informal. ¿Esa persona de dónde saca sus recursos para sobrevivir? ¿Trabaja por cuenta ajena y su empleador no cumple la normativa laboral? Lo mismo sucedería para el acceso a subvenciones y subsidios, para recibirlos será necesario estar registrado. De esta manera el Estado puede empezar a destapar gran parte de su economía informal. Pero no sólo eso, es el primer paso para avanzar hacia una bancarización y digitalización del mercado monetario (algo que tanto interesa a los países por el costo de la impresión de la moneda y la imposibilidad de rastreo entre otros).

En el caso del registro de población no es necesario implantarlo con medidas coercitivas (durante los primeros años de implantación), los propios ciudadanos nos daremos de alta con tal de recibir los servicios de calidad que nos brinda el Estado. Sí, tienen que ser de calidad. Si para recibir atención médica de calidad para uno o nuestros descendientes tan sólo es necesario estar dado de alta, estoy más que convencido que sólo una pequeña cantidad de ciudadanos se negará a ese registro.

Parece que sólo hablamos del perfil socioeconómico con menos recursos, pero dirijamos nuestra atención a las rentas más altas. Este registro también será llave de acceso a cualquier tipo de trámites gubernamental o deducciones en sus declaraciones anuales, es decir, les permitirá generar más riqueza y tener seguridad de la que ya tienen.

En México hay más de 125 millones de personas de las cuales sólo están cotizando en el Seguro Social el 16 por ciento. Es imposible mantener no sólo un sistema de salud, sino un Estado con una tasa tan baja de contribuyentes. En la misma situación, pero por otros motivos, se encuentra Colombia, con una tasa de informalidad laboral del 48%, cifra que podría reducirse de manera rápida si se creara un registro de identidad y políticas públicas asociadas que den mayores beneficios a la sociedad.

Estamos en un punto de quiebre de la humanidad. El Covid-19 ha obligado a tener registros que antes no teníamos y construir en plena emergencia mejores servicios sanitarios, así como atención a la ciudadanía. El estado de bienestar ha reiterado ser indispensable. Si toda crisis es una oportunidad, hoy los países latinoamericanos debemos crear un registro de identidad con todos los ciudadanos mayores de edad para aprovecharla.

* Alejandro Cubí es Director de Desarrollo de Negocio e Internacional en Tirant lo Blanch.

Twitter: @Alejandro_Cubi

Alejandro Cubí

Director de Desarrollo de Negocio e Internacional en Tirant lo Blanch

Columna invitada

Periodista de formación, casi abogado por correlación y emprendedor por devoción. Español de nacimiento y mexicano por elección. Devorador de información, fotógrafo amateur, chef y ciclista urbano es apasionado de las TICs, la aeronáutica y los viajes. Director Internacional y de Expansión de Tirant lo Blanch.