El Insabi, el Instituto de Salud para el Bienestar, no estaba en el plan original del equipo de expertos en salud de la 4T. Era otro el proyecto de quienes participaron en las sesiones de transición una vez ganadas las elecciones.

De hecho, de aquel equipo inicial hoy prácticamente todos ya se fueron. Desde la doctora Asa Cristina Laurell (cuya Subsecretaría fue desaparecida y permitió ampliar lo que hoy es la supersubsecretaría encabezada por Hugo López-Gatell), la extitular del Seguro Popular, Ivonne Cisneros (quien buscó la diputación plurinominal por Veracruz), el Dr. Víctor Borja que de ser director médico del IMSS pasó al Insabi pero también terminó renunciando, e incluso el expanista Germán Martínez -quien fue de los últimos que se integró al equipo convocado por el presidente López Obrador-. Otro de los que se sumó al final fue curiosamente López-Gatell quien es el único que se mantiene, junto con Ramiro López Elizalde, actual director médico del ISSSTE.

Todos ellos fueron el equipo inicial de salud de la 4T, cada uno con una visión  muy distinta del rumbo a seguir en el sistema nacional de salud. 

Fue tal la división del equipo que no lograron armar una estrategia completa, pero la idea que sí le quedó muy clara al presidente fue la desaparición del Seguro Popular y de ahí se agarró. AMLO decidió por su cuenta lanzar el hoy nada célebre Insabi.

Así que el Insabi nació como una idea presidencial pero sin pies ni cabeza, ni estrategia alguna que lo sostuviera. Se tuvieron que acomodar en ley ideas desestructuradas y por ello el galimatías que quedó.

Se puede entender entonces que hayan transcurrido las cosas como sucedieron.

Si recordamos, en el anuncio a inicios de abril del 2019 al presentar el Plan Nacional de Salud del sexenio, AMLO medio dibujó ideas no bien conectadas pero ambiciosas: que buscaría integrar a los sistemas, que basificaría a 87,000 profesionales de salud, que reclutaría a médicos para zonas rurales, que invertiría 40,000 millones de pesos para superar la inequidad y mucha inversión en infraestructura. Luego supimos que dichos recursos se tomarían del exFondo de Protección contra Gastos Catastróficos, y a la fecha no hay reportes transparentes de hacia dónde se han destinado.

Respecto al abasto de medicamentos vale recordar lo que dijo ese día el nombrado titular del Insabi, Juan Ferrer, recién llegado de Tabasco: “El objetivo es hacer llegar insumos a los puntos y entidades donde hay demanda en cada establecimiento de salud, las 32 entidades federativas trabajarán en coordinación con la Secretaría de Salud y habrá 4 zonas de suministro para que no vuelvan a faltar medicamentos”. A casi dos años y medio de eso, el resultado del Insabi en este aspecto ha sido desastroso en todos los sentidos.

Se espera hacia adelante que el presidente siga dando peso al IMSS Bienestar, al cual de hecho se le han seguido pasando hospitales. Pero la real fuerza hospitalaria que está en las 32 entidades es enorme y se supone que pasarán al Insabi.

De hecho los estados más avanzados en esta transferencia de servicios de salud al Insabi son Oaxaca, Chiapas y Guerrero, pero hay muchos pasos previos a la cesión, tales como legalizar la propiedad porque hay muchos modelos de propiedad (municipal, estatal, social e incluso privada en algunos casos) y es todo un reto homogenizarlo.

Pero el mayor obstáculo es la deuda de los estados que debe resolverse antes de culminar la cesión de sus sistemas estatales al Insabi.

maribel.coronel@eleconomista.mx

Maribel Ramírez Coronel

Periodista en temas de economía y salud

Salud y Negocios

Comunicadora especializada en salud pública y en industria de la salud. Cursando la maestria en Administración en Sistemas de Salud en FCA de la UNAM.

Fundadora en 2004 de www.Plenilunia.com, concepto sobre salud femenina. Me apasiona investigar y reportar sobre salud, innovación, la industria relacionada a la ciencia, y encontrarle el enfoque de negocios con objetividad a cada tema.

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