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Opinión

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Chicontepec

Petróleos Mexicanos (Pemex) ataca ahora un proyecto de producción petrolera entre los estados de Veracruz y Puebla, es el denominado Proyecto Chicontepec. Este proyecto representa alrededor de 40% de la reserva total de hidrocarburos del país, algo así como 18,000 millones de crudo equivalente.

El objetivo del proyecto es producir entre 550,000 y 700,000 barriles diarios en el 2017. ¿Qué significa ésto? El estimado enero-junio del 2009 de Cantarell -nuestra estrella- fue de 730,000 barriles. Entonces Chicontepec en su pico representará lo que Cantarell en su declive.

Hay que añadir que, además, Chicontepec se caracteriza por la baja cantidad de crudo por pozo, la baja presión que tienen y la baja permeabilidad.Una menor permeabilidad indica que sacar el petróleo se parecerá más a sacar agua de una piedra pomex que de una cubeta.

Las características mencionadas llevan a que se tenga que perforar más pozos, que duren menos y la producción será más cara.

¿Por qué invertir en un proyecto así? Porque es lo que nos queda. El final del petróleo no está cerca. Lo que es no sólo inminente, sino cada vez mayor parte del presente, es el final del petróleo barato. Barato como lo ha sido Cantarell.

Quienes cuestionan ahora la prudencia de Pemex de explotar Chicontepec lo hacen comparando un futuro necesariamente más complejo en logística y tecnología con yacimientos más nobles del pasado.

Son nostálgicos selectivos. Critican ahora la decisión de afrontar Chicontepec como en el pasado criticaron inyectar nitrógeno en Cantarell -proyecto exitoso sin duda. En retrospectiva, todos tenemos visión 20-20.

La rentabilidad será menor. Pero el fundamento de la política energética es garantizar el suministro, y ante la dramática caída de la producción actual.

La incertidumbre en la prospección de nuevos recursos de hidrocarburos es inevitable, y ante ella la obligación de Pemex -como único ente habilitado por ley para la extracción de petróleo- es hacer lo necesario para mantener la plataforma de producción en los niveles que la política energética le indique.

Si esto conlleva invertir en proyectos cuya rentabilidad hubiera sido desdeñada en el pasado, es asunto del pasado mismo. El paradigma actual obliga a redefinir lo esperable de Pemex hacia delante.

El reto en un campo como éste es más propicio para una empresa de talla menor a Pemex. O más bien a muchas empresas menores, que simultáneamente perforaran e hicieran producir los más de 16,000 pozos que se necesitarán.

Cómo hacer para que Pemex sea al mismo tiempo un gigante que carga sobre sus espaldas al país, y ágil para hacer producir un campo que parece más una operación de menudeo, es una paradoja a resolver todavía.

Probablemente, ante un escenario de autonomía -aunque lo sea nominal aún- se preferirá comprar una empresa que tenga la tecnología y agilidad organizativa para el desafío. Después de todo, así lo hacen las grandes compañías. No necesariamente desarrollan absolutamente todas sus habilidades internamente, a veces las compran y de ahí las asimilan.

Chicontepec es la muestra de lo que será el futuro de la producción de hidrocarburos en tierra en muchos sentidos. Criticarlo comparándolo con un pasado más halagüeño es ignorar que el futuro será irremediablemente más complejo.

Siempre ha sido más fácil criticar al matador en turno desde los tendidos. Pero la realidad de la producción petrolera se construirá con acciones y no con opiniones. Chicontepec es complicado, pero inevitable.?

*Presidente de la Fundación México Necesita Ingenieros

eandrade@eleconomista.com.mx

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