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Opinión

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¿Un concierto en el Autódromo al precio de Coachella?

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Jonathan Ruiz Torre | Parteaguas

Jonathan Ruiz Torre

¿Qué está pasando? Parecía el refugio de consuelo para una generación que no puede comprarse coche ni casa.

Para calmar la ansiedad están las “experiencias”: cafés, restaurantes, antros y conciertos. Ahí depositan su dinero muchos veinteañeros, animados por la idea de que solo se vive una vez: “YOLO”.

Pero, una vez más, la macroeconomía ofrece la espalda: tarifas que se disparan al punto de hacer comparables los precios de Coachella, en California, con los del festival de música electrónica EDC, en el Autódromo Hermanos Rodríguez.

Los adolescentes de mi casa asistían a ese festival hace 10 años con lo que sacaban de sus domingos. Los pubertos de hoy tendrán que lavar coches, o hacer otra cosa, para completar.

Ticketmaster ofrecía ayer entradas a partir de 8,630 pesos. Los precios registrados en abril para Coachella —donde tocaron Sabrina Carpenter, Foster the People y Justin Bieber— empezaban en 549 dólares. Pesos más, pesos menos, es cosa similar.

Y el asunto no es EDC. Es que asistir a un espectáculo, en México y en el mundo, se ha vuelto caro.

¿Ya tienen boleto para el Mundial? La final tiene boletos oficiales que van de 2,030 a más de 6,300 dólares. Vaya, empiezan en más de 30,000 pesos por un asiento en el que se supone es el deporte más popular.

En el mercado de reventa, cuatro asientos llegaron a cotizarse en 2.3 millones de dólares. Gianni Infantino, presidente de la FIFA, salió a decir el 6 de mayo que esos precios no reflejan el costo real; que son especulación del mercado secundario. Cierto. Pero el mercado secundario existe porque el mercado primario lo permite, lo tolera y a veces lo alimenta.

El entretenimiento masivo se está convirtiendo en un bien de lujo. No en el sentido aspiracional de la palabra, sino en el sentido excluyente. Quien no puede pagar más de 5,000 pesos por una noche de música no es que elija no ir. Es que ya no está en la conversación.

Antes, un concierto era una experiencia compartida. Hoy es una señal de estatus. El que fue al Corona Capital lo pone en sus historias. El que no fue también lo pone, pero con otro tono.

Van cifras oficiales, registradas por el Inegi en México: el precio de los boletos para cines, teatros y conciertos aumentó 22 por ciento en un año contado hasta abril, de acuerdo con la institución.

Es un alza ridícula. La inflación general no alcanzó 4.5 por ciento.

Estos precios responden, en primera instancia, a la demanda, por supuesto. Tras años de confinamiento, hubo un “boom” de personas dispuestas a pagar más por experiencias en vivo únicas. Muchos fans pagan fortunas por ver a sus artistas favoritos.

De acuerdo, pero la pandemia fue en 2020. ¿Cuándo acabará la ola?

Hay otro asunto que subyace: los músicos reciben pagos ridículamente bajos de plataformas como Spotify, Prime, YouTube y Apple, que se adueñaron del mercado de reproducción y capturaron la renta de la creatividad.

Por eso, tal vez, Brian Johnson, a sus casi 80 años, tiene que seguir brincando entre ciudades para cantar apropiadamente Highway to Hell junto con el resto de AC/DC, a fin de pagar las cuentas en casa, donde quizá preferiría echarse en una mecedora frente a un whisky y una chimenea.

Hablando de fuego, me parece que el sistema del cual formamos parte todos sigue arrojando combustible al calor de una generación nacida en este siglo, que en el caso de México es la más grande de la historia.

Una economía estancada por gobiernos ineficientes que ofrecen pocas oportunidades; redes sociales que empujan al consumo, y empresas que asumen pocos riesgos y postergan inversiones. No parece una fórmula para solucionar el entuerto.

Una minoría de los más jóvenes adquiere habilidades que le permitirán cobrar lo necesario para afrontar gastos y crear patrimonio.

Del otro lado está una mayoría que pedirá boleto, pero no va a alcanzar.

Para eso no bastan las becas ni las pensiones. Urge generar prosperidad.

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Jonathan Ruiz Torre

Comunicólogo por la UANL, con estudios sobre Mercados de Petróleo, Gas y Energía en la Universidad de Houston. Fue reportero y editor de información de Negocios en Milenio, El Norte y en Reforma, en donde fundó la columna institucional Capitanes. Fue Director General de Información Económica en El Financiero y fundador de la revista Bloomberg Businessweek México. Como Director General de Proyectos Especiales de El Financiero encabezó los esfuerzos de contenidos digitales de la organización. Desde 2014 escribe su columna Parteaguas, dedicada a negocios disruptivos y tecnológicos, que tiene réplica en un podcast: Parteaguas Diario y en redes sociales @parteaguasclub.

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