Los gravísimos problemas que debe afrontar en los próximos días la premier británica, Theresa May, a consecuencia del controvertido acuerdo sobre el Brexit suscrito con Bruselas, nos colocan de nuevo frente a uno de los aspectos sobre liderazgo: el de los egoísmos en política.

No es sólo May quien se ve, quien se ha visto, en una delicadísima situación por su mala cabeza, por su desmesurado ego y por ese egoísmo personal, que lleva a anteponer sus propios intereses a los de su partido, y por supuesto a los de sus votantes y a los del conjunto de ciudadanos británicos y europeos.

Premio Nobel a la idiotez política

La historia de Davis Cameron es conocida, y su gravísimo error de convocar en el 2014 un referendo sobre la independencia de Escocia del que nadie salió triunfante, pero que estuvo a punto de originar un cataclismo. El tsunami en realidad era el propio Cameron en sí mismo porque, no contento con la primera estupidez, cometió una segunda aún peor. Convocar otra consulta acerca de la salida del Reino Unido de la UE. Aquello se lo llevó por delante y puso en disposición de gobernar una política, rocosa, resistente e igual de egoísta. El resultado es el punto en el que nos encontramos.

Renzi: sagaz devorado por sus egos

En mi amada Italia hubo, no pueden haberlo olvidado tan pronto, un presidente llamado Matteo Renzi (ahora sufren a otro Matteo aún peor) que con la excusa de atacar los populismos con otro de Estado aún mayor quiso buscar en realidad un reforzamiento brutal de su propio liderazgo convocando... ¡otro referendo! Más ego y más egoísmo en cantidades superlativas. En aquel caso, se trató de que los italianos opinaran sobre la reforma de la Constitución. Un complejo asunto, repleto de aspectos técnicos que la mayoría de los ciudadanos de a pie no estaban cualificados para calibrar en sus trazos más finos, y que acabó por reducir el discurso sociopolítico de la Italia de aquel momento a un maniqueo sí o no que se llevó por delante a su impulsor. Renzi fue fulminado y su derrota constituyó el fracaso de lo que los votantes percibieron como un proyecto personalista y egoísta, carente por completo de alma.

El final de la cuenta atrás para May

Tras la desgracia que ha supuesto todo el proceso del Brexit, May debe ahora enfrentarse a todos. En primer lugar, al Parlamento británico, dentro del cual necesita cosechar al menos una mayoría simple de entre los 650 diputados de la Cámara de los Comunes que está lejos de tener garantizada.

Pero, sobre todo, May deberá hacer frente a su propio partido, en el seno del cual la contestación contra ella es cada vez mayor.

La única baza que puede ahora intentar jugar la torpe premier es la de conquistar a la ciudadanía.

El egoísmo ha llevado a los ciudadanos a tener cada vez en menos consideración a la clase política, a aborrecerla. Frenemos esta tendencia.